Ormuz: por qué Irán difícilmente cerrará el Estrecho

Pese a las amenazas recurrentes, el cierre del Estrecho de Ormuz por parte de Irán resulta poco probable. La dependencia petrolera iraní y los intereses de grandes compradores como China e India actúan como principales frenos.


​​Publicado en el digital El Debate (4/Mar/2026)

Pese a todos los escenarios que se proyectaban asumiendo el cumplimiento de la agenda 2030, la demanda mundial de crudo de petróleo no sólo no ha disminuido sino que continúa creciendo. Con datos cerrados para 2025, la demanda diaria de petróleo fue, en promedio, de 104 millones de barriles por día. La oferta fue superior y alcanzó los 106,2 millones de barriles diarios.

La razón de la sobreoferta estuvo en un aumento de la demanda de petróleo para llenar los almacenamientos por temor al impacto de los conflictos geopolíticos en el suministro. China, con un 47 % de la demanda para almacenamiento, fue el principal demandante mundial por este motivo y es también el primer actor que hace del cierre prolongado del Estrecho de Ormuz un suceso poco probable.

China y el almacenamiento estratégico

En la repetición muy escalada de los ataques de Israel y EE.UU. a Irán que tuvieron su primer episodio reciente en junio, la amenaza del cierre del canal vuelve a esgrimirse por lo que ha sobrevivido de la clase dirigente iraní. Cada día del primer trimestre de 2025 pasaron por el estrecho de Ormuz 20,1 millones de barriles de petróleo según la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA por sus siglas en inglés). Esta cifra supone el 20 % del tráfico mundial de petróleo aunque el dato no es del todo fiable al no computar con precisión el comercio que realiza la flota fantasma rusa que tiene Malasia como principal destino.

La probabilidad de que Irán bloquee el tránsito marítimo a través de los aproximadamente 50 kilómetros de amplitud del Estrecho es muy baja por dos razones. La primera porque no puede prescindir de los ingresos del petróleo. La segunda, más importante aún, porque el destino principal del crudo de petróleo que sale del Estrecho llega principalmente a China, que recibe de media unos 4,65 millones de barriles al día. Es decir, tras el propio Irán, el segundo damnificado por el cierre del Estrecho es su más importante socio tecnológico, clave para su desarrollo militar bajo control de los guardianes de la revolución. Probablemente India sería el tercer damnificado y su relación con Irán, si bien no tan estrecha como la de China, no es de hostilidad. China e India son los garantes de la apertura del Estrecho.

Alternativas parciales al paso marítimo

Añádase a lo anterior que el este y el oeste de Arabia Saudí están conectados por un oleoducto de 1.201 kilómetros. Esto permite una alternativa capaz de ofrecer una salida más directa del petróleo al canal de Suez. Sin embargo, como señala Guillermo del Palacio a partir de datos de la EIA, su capacidad es de tan solo 5 millones de barriles al día, una cuarta parte de los que transitan por el estrecho. Un problema a considerar es que el oleoducto no suele funcionar al tope de su capacidad.

En cambio, sí es posible sumar otra infraestructura que ayudaría a salvar el posible bloqueo del Estrecho y que fue desarrollada en 2019 por la empresa petrolera nacional de Arabia Saudí, Aramco. Se trata de un gasoducto paralelo al oleoducto mencionado que fue reconvertido para el transporte de crudo de petróleo y que cruza el país horizontalmente. Finalmente, el propio Guillermo del Palacio señala que los Emiratos Árabes Unidos disponen de una tubería con capacidad para enviar 1,8 millones de barriles al día desde los campos petrolíferos de Fujaira al golfo de Omán.

Escalada militar y escenario interno iraní

La intervención militar de EE.UU. en Venezuela, entre otros hechos, permite aventurar que en el peor de los escenarios consistente en un cierre total del Estrecho de Ormuz, la oferta de petróleo bloqueada por Irán sería suplida por productores alternativos sin provocar un disparo del precio del barril.

Los actos de guerra se prevén largos y de escalada difícil de perimetrar pero la clave está ahora en el músculo de la oposición al régimen de la República Islámica. Una oposición dividida, con manifestaciones en las calles tras el asesinato del líder Alí Khamenei que han sido obscenamente sobredimensionadas por los medios de comunicación occidentales.

El despliegue de agentes de información israelíes en Irán ha permitido, con su señalización, descabezar al líder supremo y a los principales dirigentes de la Guardia de la Revolución bajo cuyo control está el programa de lanzamiento de misiles y el programa nuclear, origen de todo el conflicto. Ahora hay que ver cómo se dirime el pulso entre los líderes supervivientes y la oposición difusa. Sea como fuere, la batalla estará más en los misiles y drones que en el cierre del Estrecho de Ormuz.