Adamuz, dos trenes y dos tragedias: 1936/2026
El deterioro del AVE y la tragedia anunciada
En enero pasado ocurrió un desgraciado y trágico accidente de tren cerca de la población cordobesa de Adamuz. El resultado fue de 46 muertos y decenas de heridos. Se ha escrito mucho y, especialmente, se ha debatido en todo tipo de tertulias sobre el origen de esa catástrofe que, evidentemente, pudo haberse evitado si se hubieran tomado las medidas oportunas que, según todas las fuentes, aconsejaban un mantenimiento intensivo de las vías y una renovación completa del trayecto del AVE entre Madrid y Andalucía.
El pasado 27 de mayo recuerdo que nuestro tren de alta velocidad, en el que viajábamos procedentes de Málaga a Madrid (AVE 02553), tuvo que pararse en esa zona, cerca de Adamuz, durante más de 40 minutos por un problema no comunicado oficialmente y que, según creo recordar, el interventor atribuyó a los "ordenadores".
Después de lo recientemente ocurrido, ni a nuestro hijo, que usa regularmente esa línea por razones de trabajo para venir a Madrid, ni a nosotros, que vamos frecuentemente a visitarle a Málaga, se nos ocurre ahora usar el AVE. Ya en esas fechas, la tripulación avisaba de que los retrasos e incomodidades —asientos reservados correctamente con antelación colocados en sentido contrario a la marcha del tren, falta de limpieza en los lavabos de un tren recién salido de Atocha…— irían en aumento. Acertaban de pleno.
El resultado de ese abandono ha sido, además, manifiestamente trágico y doloroso. ¡Qué diferencia con el funcionamiento eficaz del AVE de hace solo seis años! Habrá, pues, que depurar responsabilidades administrativas, políticas y de otro tipo, que lógicamente se derivan de este fenómeno. No se puede jugar a la ruleta rusa con usuarios de un transporte público a más de 300 km/h.
Los trenes de la muerte de 1936
Repasando la historia de los primeros días de nuestra Guerra Civil, es curioso cómo los conocidos «trenes de la muerte», es decir, la primera gran masacre de civiles de derechas (226 civiles), se produjeron con los viajeros presos forzosos en dos trenes de ciudadanos procedentes, en gran parte, de esa localidad cordobesa: Adamuz (unos 70).
Eran trenes venidos de la "cárcel" de Jaén —usando su catedral— que incluso hicieron parada en Adamuz para localizar a más derechistas y fascistas peligrosos. Fueron incluso colocados carteles acusadores en los laterales de los vagones y un diputado jienense socialista, desde la radio local, arengaba: «Haced con ellos lo que debéis…».
A finales de agosto de 1936, el convoy que tenía como destino la prisión de Alcalá de Henares, al llegar al apeadero de Santa Catalina (Vallecas), vio cómo las fuerzas de escolta de la Guardia Civil se retiraban y las milicias del Frente Popular, previamente calentadas y en su mayoría pertenecientes al sindicato ferroviario, tomaban el mando y las armas.
Salvo un pequeño grupo, el resto de prisioneros laicos fueron ametrallados y fusilados, incluido monseñor Basulto —obispo de Jaén—, su hermana, el vicario y José María Acuña, sacerdote de Bailén. Fueron también posteriormente expoliados y despojados de todas sus pertenencias. «Llevaban millones escondidos», gritaban los milicianos.
El casi desconocido texto de investigación del historiador Santiago Mata, El tren de la muerte —con prólogo de Stanley G. Payne (La Esfera de los Libros, 2011)—, basado en centenares de documentos de la Causa General y testimonios personales, explica exhaustivamente aquella absurda y feroz matanza.
La violencia ideológica y la identificación del enemigo
Resulta curioso cómo, en las posteriores y numerosas declaraciones de los testigos supervivientes de aquellos trágicos sucesos del tren, están muy presentes las formas no verbales de identificación de los culpables y malvados representantes o posibles dirigentes de derechas.
Esencialmente, eran candidatos a la muerte los poseedores de «artefactos o señales de vestuario»: gafas, zapatos, pijamas… También la fisiognómica. Todo ello nos recuerda la misma actitud en la llamada Revolución Cultural maoísta de China (1966), de los guardias rojos. Las caras de intelectuales eran un pasaporte a la tortura y al asesinato.
A los prisioneros del «tren de la muerte» se les negaba incluso el agua: «No hay agua para los fascistas, solo petróleo».
Memoria histórica, revancha y revisión del pasado
Santiago Mata escribió este texto a raíz de la nefasta Ley de Memoria de 2008, de la comisión creada al efecto, de la actuación de Baltasar Garzón, de la famosa lista Sinde… y explica también el tenso ambiente existente en los primeros días del Alzamiento.
La Revolución explotó el evidente malestar social de la época. Buenos y malos. Pero la Ley de Memoria ha despertado un revanchismo de los perdedores de la guerra y también, en el otro lado, ha logrado un cierto sentimiento de culpa. Ni, por supuesto, todo fue idílico en la República, ni la derecha era intrínsecamente perversa.
Este suceso provocó una gran indignación entre el cuerpo diplomático español. La matanza, unos días antes, de presos falangistas —Ruiz de Alda, triunviro de FE y uno de los héroes del Plus Ultra— y de destacados dirigentes de derechas en la Cárcel Modelo de Madrid fueron otros hechos indignantes que acabarían con el ya escaso prestigio del Gobierno republicano.
La Iglesia, es evidente, tenía desde hacía muchos siglos una merecida gran influencia sociocultural en toda España. En 1954, Franco, con el Concordato, en compensación por sus sufrimientos y ayuda moral a su régimen, le daría mucho poder en todos los sentidos: educación, control total de los contenidos culturales, juventud, medios de comunicación, etc.
Dos tragedias, un mismo lugar
Nada tienen que ver ambos trágicos sucesos. El de 1936 es un horrible crimen político-penal como consecuencia de una fratricida guerra civil, y el accidente acontecido noventa años después solo se asemeja por haber ocurrido en un lugar donde la enormemente solidaria población cordobesa de Adamuz trató, como pudo, de aliviar inmediatamente la tragedia del accidente de dos trenes.
Quizá esas fuerzas ocultas y misteriosas que tanto interesan a Iker Jiménez y a sus excelentes colaboradores de Cuarto Milenio podrían sacar partido para conectar ambas tragedias: un mismo lugar, dos trenes, extraño accidente —según las primeras impresiones del ministro socialista a cargo de los transportes—, noventa años después: 1936/2026.
Entre la desidia y la manipulación
¿Puras coincidencias? ¿Zona de confluencias negativas? Las explicaciones, pese a las posibles intoxicaciones político-informativas, suelen ser mucho más pragmáticas: desidia, incompetencia, búsqueda de ventajas de todo tipo (electorales, económicas…).
Todo ello unido ha producido muertes, dolor y miedo al futuro de la alta velocidad. Los ciudadanos pagamos impuestos al Estado para que nos garanticen bienestar y seguridad.
Se dice que ya se acabó el tiempo de los salvadores. Ya no hay obispos, generales ni banqueros… Todos los poderes fácticos cuidan ahora sus negocios: vender, vender, vender.
A los ciudadanos de a pie solo nos queda la posibilidad de pensar y reflexionar. Algunos libros y fuentes fiables donde buscar respuestas. Acertar en la elección de temas, libros y «fuentes de autoridad» supone una gran ventaja para pensar y lograr sobrevivir a todas las intoxicaciones y manipulaciones.
Artículo publicado en Gaceta de la Fund. José Antonio