No es ignorancia, es odio a España y a su legado: la Hispanidad

Sobre las recientes declaraciones del recién estrenado ministro de Cultura, Ernest Urtasun.


Artículo firmado por Ignacio F. Bracht, publicado en el sitio web de la Fundación Denaes (15/01/2024). Leerlo en su sitio web original. Recogido parcialmente por La Razón de la Proa (LRP). Solicita recibir el boletín semanal de LRP.

Las recientes declaraciones del recién estrenado ministro de Cultura, el catalán independentista Ernest Urtasun, del gobierno social comunista aliado a separatistas y filoetarras de Pedro Sánchez, no nos sorprende, pero sí nos indigna, ya que es un atropello a la verdad histórica y a la inteligencia.

Es que el economista, diplomático y hasta hace poco tiempo eurodiputado Urtasun, militante activo del partido verde de izquierda catalana, hoy integrante de la coalición de comunistas y progresistas variopintos que conforman SUMAR, lanzó al aire la falaz y brutal mentira de emparentar al colonialismo belga de finales del siglo XIX con aquello que fue la gesta única en la historia de la humanidad que realizó España con el descubrimiento de América en 1492, su conquista, evangelización y la constitución de un peculiar Imperio, donde el mestizaje cultural y de sangre fue uno de sus más nobles signos, que le dio ese carácter irrepetible en un proceso de conquista.

A América llegaron conquistadores, adelantados, comerciantes, hombres y mujeres y las órdenes religiosas que, entre otras particularidades, aprendieron las lenguas indígenas para editar sus catecismos y hacer más fluida su misión de expandir la fe cristiana. Ese proceso llevó a crear los Reinos de Indias, poblado por súbditos de la Corona, ya fueran peninsulares, indígenas, mestizos o criollos, sin distinción ni discriminación alguna, pudiendo acceder a las universidades, colegios mayores de artes y oficios, hospitales que se fundaron a lo largo y ancho del territorio americano. Asimismo, se trasladaron desde España las instituciones como los cabildos, reales audiencias, consulados, creándose virreinatos, entre otras, que con el andar del tiempo fueron tomando un perfil particular, netamente americano, acompañado con un inmenso plexo jurídico que se denominó derecho indiano, nacido por voluntad de la propia Corona, pero también de la Escuela de Salamanca, y de teólogos que dieron luz al llamado derecho de gentes, antepasado de lo que hoy se denominan derechos humanos, que dignificaron a los súbditos, sea cual fuere su condición.

En similar sintonía se establecieron las llamadas misiones, en particular la de los franciscanos y jesuitas que cubrieron desde lo que hoy es Estados Unidos hasta el sur americano.

Frente a estas verdades objetivas, el ministro de Cultura del Gobierno de Sánchez, de incultura deberíamos llamarlo, pretende hacer un paralelo a lo sucedido en la colonia belga del Congo a finales de 1886, donde primero se constituyó como posesión de la Asociación Internacional del Congo, cuyo presidente y dueño no fue otro que el rey Leopoldo II, propietario de dicha extensión africana denominada cínicamente como Estado Libre del Congo hasta 1908, cuando es «cedido» por el monarca a Bélgica, habiendo sido la única colonia privada en el mundo de aquellos años del colonialismo europeo en el continente africano.

La extracción de las riquezas del Congo (marfil y caucho especialmente) fue realizado por capataces y con un ejército tribal que aplicó la más brutal y salvaje opresión, con rasgos de sadismo como amputación de manos, sobre las poblaciones indígenas, tanto cuando fue propiedad del rey como cuando ya colonia belga, hasta su independencia en 1960, constituyendo, al día de hoy, un estado fallido que vivió guerras civiles y tiranías de oligarquías corruptas.

Si existe una contracara a este criminal modelo colonialista, fue el Imperio Español en América que vivió en casi perfecta armonía con sus súbditos americanos, tan súbditos como un castellano, navarro, aragonés, napolitano o filipino.

Que el ministro de marras levante de manera soez la leyenda negra para denostar la acción de España en América, es un atentado a la verdad histórica, a la herencia nacional tanto en España como en Hispanoamérica, queriendo borrar esa magnífica síntesis que se logró, que nos hermana y que nos hace sentir parte de un todo: la Hispanidad, que nos brinda una cosmovisión común, un ethos, un legado cultural, una lengua que nos une y una fe mayoritaria.

Estos embates contra España como entidad histórica que expresa el culturoso ministro, no es nueva, ya que se inició con la ley de Memoria Histórica en la gestión de José Luis Rodríguez Zapatero, hoy ampliada con la ley de Memoria Democrática de Pedro Sánchez, a la que adhieren todos los enemigos de la unidad española, ya sean los independentistas catalanes, vascos, gallegos o filoetarras.

En estas playas, sucede algo similar donde las usinas ideológicas de esta izquierda globalista inventa neoindigenismos pringados de marxismo cultural, ideología de género para fragmentar la sociedad, y así se derriban, mancillan o desmontan monumentos de nuestro pasado hispánico (desde los Estados Unidos hasta la Argentina), se borra al 12 de octubre como fasto patrio, todo ello con el apoyo de los llamados socialismos del siglo XXI, alentados por el Grupo de Puebla o el más apolillado Foro de San Pablo, pero siempre activos en intentar borrar nuestras raíces y la identidad propia de miembros fundantes de la Hispanidad.

Sean estas líneas, mi más profundo repudio como argentino e hispanoamericano a lo manifestado por el ministro Urtasun, que no peca de ignorancia, algo que podría despertar benevolencia, sino que deja explícito su odio a lo que representa España como continuidad histórica desde tiempos inmemoriales y su más rico legado que es la Hispanidad. Es que en resumen odian la Hispania romana, la herencia grecolatina, la reconquista, la impronta de los Reyes Católicos hacedores de un Estado moderno en el contexto europeo de entonces, la evangelización de América, el imperio universal, la monarquía hispana y católica, la unidad de España, la derrota sufrida en la cruenta y fratricida guerra civil de 1936, donde una mitad de España se negó a ser aniquilada; suceso traumático que la sociedad española había superado y que hoy estos «progresistas» quieren revivir viejos odios con discursos guerracivilistas.

Es de esperar que la querida España pueda sortear para el bien común las acechanzas de esta nueva encrucijada histórica, para pesar de los Urtasun de turno. Al ministro sólo le recomendamos bibliografía como Viaje al corazón de la Tinieblas de Joseph Conrad y Viaje al Fin de la Noche de Louis Ferdinand Celine, y que podrá ver que el Imperio Español fue único en su germinar, solo equiparable, salvando tiempo y espacio, con el Imperio de Roma.


El autor, Ignacio F. Bracht, es licenciado en Historia por la Universidad del Salvador, miembro de número de la Academia Argentina de la Historia, autor del libro Hispanidad. Escritos en defensa propia (2022).