Entrar en la UE nos salió caro.

La adhesión de España a la Comunidad Económica Europea fue presentada como un avance histórico. Décadas después, muchos ven en aquel acuerdo el origen del desmantelamiento industrial, pesquero y agrícola del país.

Introducción de LRP

Un cambio presentado como progreso

La entrada de España en la Comunidad Económica Europea, formalizada en 1985, fue celebrada como la incorporación definitiva del país a la modernidad occidental. Instituciones, medios de comunicación y gran parte de la clase política presentaron aquel acuerdo como una puerta abierta al crecimiento, la estabilidad y el futuro. Sin embargo, con el paso de los años, también han surgido voces críticas que sostienen que aquella integración tuvo un elevado coste económico y productivo.

El precio oculto de la integración

Sectores estratégicos como la pesca, la industria pesada, los astilleros o parte de la producción agrícola comenzaron a sufrir profundas reconversiones. Para muchos analistas, aquellas transformaciones no fueron consecuencias inevitables del progreso, sino compromisos asumidos durante las negociaciones de adhesión.

El siguiente texto recoge la transcripción de un vídeo que reflexiona sobre ese proceso y sus consecuencias para España. Vídeo difundido a través de la cuenta de Hispania post en Instagram, que está haciéndose viral en las redes sociales.


Entrar en la UE nos salió caro.
Éramos un país autosuficiente

Hubo un día en que España fabricaba su acero y su pan, pero entrar en Europa tuvo un precio.

Hubo un día en que España tenía la flota pesquera más grande de Europa, fábricas que rugían en cada provincia y campos que producían más de lo que podíamos comer.

Éramos un país que fabricaba sus barcos, su acero, su ropa y su pan. Un país que vivía de su trabajo y miraba al mar y a la tierra con orgullo.

Pero un día firmamos un pacto. Nos dijeron que era un billete al futuro y lo que llegó fue el mayor desmantelamiento económico de nuestra historia. Éste es el precio oculto de entrar en Europa.

España se convertía en el número 12 de la Comunidad Económica Europea tras la firma del Tratado de Adhesión, que tuvo lugar el 12 de junio de 1985. La ceremonia en el Palacio Real fue presentada como un acontecimiento histórico. La prensa habló del gran salto adelante, pero nadie explicó que ese salto se pagaba con un precio oculto.

Cláusulas y reconversiones

Ese precio estaba escrito en cláusulas técnicas y en anexos que apenas unos pocos especialistas leyeron.

Se trataba de compromisos muy concretos: cerrar parte de nuestra industria, reducir la flota pesquera y limitar nuestra producción agrícola y ganadera; todo ello, según Bruselas, para evitar distorsiones en el mercado común.

Éramos la primera potencia pesquera del continente. Producíamos más frutas, hortalizas y aceite que muchos países juntos. Nuestros astilleros competían con los de Francia, Italia o Alemania en contratos internacionales.

En otras palabras, llegábamos fuertes en sectores que otros no querían que crecieran más.

En los meses previos a la adhesión, Bruselas ya había dejado claro el camino: reconversión industrial y modernización, sí, pero entendidas como reducción y como desmantelamiento planificado.

El desmontaje de los pilares productivos

Éste es el punto de partida. La España que entra en Europa es un país con músculo en el mar, en el campo y en la industria; pero, paso a paso, esos pilares se fueron desmontando. No por accidente, no por incompetencia, sino porque así estaba pactado desde el principio.


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