A los partidos políticos no les interesa la verdad

La degradación de la verdad en la vida pública ha convertido la política en un ejercicio de propaganda y poder. El autor reflexiona sobre la mentira institucional tras los recientes accidentes ferroviarios.

La verdad frente al relativismo

Uno de los valores que, desde hace tiempo, ha ido perdiendo permanencia ha sido, y sigue siendo, la verdad. En efecto, desde la reciente época del relativismo, se ha conseguido enraizar en la conciencia colectiva que cada uno tiene su verdad porque cada uno tiene su punto de vista. Y todos los puntos de vista son respetables. Pero no. Eso, tajantemente, no es así.

Y no lo es por dos motivos. Por un lado, porque ni todos los puntos de vista son respetables ni todas las ideas son respetables. Lo que sí es digno de respeto son las personas, pero no todas las ideas. Por otro lado, y con más certeza, si cabe, porque un punto de vista no abarca la complejidad de la realidad, sino que, como decía Ortega, ésta, para ser conocida más holísticamente, debe ser mirada y descrita desde varias perspectivas, no sólo desde una.


Realidad, diálogo y conocimiento

El diálogo entre ellas sí puedey sólo puede—, en su caso, alcanzar el conocimiento de esa realidad. Porque la realidad, como decía Zubiri, está puesta, es imponente, se nos impone. Y, por ende, supera, con mucho, un solo punto de vista. Ahora bien, ese referido diálogo debe estar presidido por el reconocimiento y, aquí también, el respeto a la verdad. Porque, si no, ¿sobre qué versa ese diálogo, entonces?

Pero, ¿qué es la verdad? La categoría que está conectada con la realidad. Por eso, realidad y verdad son inseparables. Y por eso, como decía José Antonio, la verdad es una categoría permanente de razón. Una razón —añado por mi parte, sobre la base de la cita de Ortega acabada de recoger— dialógica y argumentativa sobre la realidad, que es tanto como decir sobre la verdad, a la que, entre todos, hay que buscar, como decía Machado.


Las explicaciones políticas del accidente

Todo esto lo digo por las explicaciones que estamos escuchando por parte del presidente del Gobierno y, sobre todo, por parte del ministro de Transportes, acerca de los recientes accidentes de tren. La información y las explicaciones que han dado y están dando los políticos, salvo alguna excepción muy contada —excepción que no se encuentra, precisamente, en el Gobierno—, son explicaciones fabricadas.

No son, por tanto, explicaciones descriptivas y explicativas de la realidad. Y, al no serlo, no son verdad. Y lo contrario de la verdad es la mentira. Pero no están íntimamente conectadas con la realidad porque la finalidad de las explicaciones de esos políticos no es la búsqueda de la verdad, sino evitar perder el poder. La política, en lugar de descansar sobre la verdad que da lugar al servicio a los ciudadanos, se basa únicamente en el propio interés y en el del partido político en el que se milita.


El poder como único objetivo

Lo que deviene, como decimos, en la búsqueda del mantenimiento del poder a toda costa. Si ese mantenimiento en el poder exige mentir, se miente. Si para eso se fabrica una explicación, se fabrica. Como la política ya no se basa en la verdad, en la realidad, y, por tanto, el servicio a los ciudadanos ha dejado de ser el principio moral que la rige, se sigue, como consecuencia lamentablemente lógica y real, que los ciudadanos —sobre todo las personas que sufren, como es el caso del referido accidente— ya no les importamos ni a los políticos ni a los partidos.

Y, si alguna vez les importamos, es únicamente por propio interés y rédito político. De modo que, repitámoslo, la mentira, el propio interés, la falta de servicio y el único fin de mantenerse en el poder son las máximas de los partidos políticos, sobre todo de quienes detentan ese poder; es decir, en este caso, el Gobierno actual.


La advertencia final de José Antonio

No es necesario aclarar, pero hay que hacerlo para evitar posibles confusiones, que se ha respondido mal por la mediocridad de los miembros que conforman el gobierno. Eso es incuestionable. Lo que manifestamos es que, unido a ello, las informaciones que se han dado y se siguen dando por el ministro de Transportes acerca de las causas del accidente son absolutamente falaces, justificando tal falacia, como venimos diciendo, sobre la base de explicaciones fabricadas.

Necesitan hacerlo así por las causas indicadas en este artículo. Y, por esos dos motivos, este gobierno únicamente es merecedor del reproche más profundo, por decirlo educadamente. Conviene recordar, por pertinente, las palabras de José Antonio en el discurso pronunciado en el Teatro Calderón de Valladolid, el 4 de marzo de 1934:

«Los partidos políticos nacen el día en que se pierde el sentido de que existe sobre los hombres una verdad, bajo cuyo signo los pueblos y los hombres cumplen su misión en la vida. Estos pueblos y estos hombres, antes de nacer los partidos políticos, sabían que sobre su cabeza estaba la eterna verdad, y en antítesis con la eterna verdad la absoluta mentira».


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