Opinión

Al barranco de cabeza.

España ha llegado con Sánchez a la ratio-deuda PIB más elevada desde el año 1902, con una deuda pública de cerca del 122% y una bolsa de parados al alza de cuatro millones de españoles, sin contar los ERTE.

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Al barranco de cabeza


Que en una boda la protagonista sea la madre de la novia no es lo normal, como tampoco lo es que un asesor del presidente de Gobierno con sus declaraciones capte la atención de los medios de comunicación dejando en segundo término al jefe del Ejecutivo. Un asesor político, al igual que la madre de la novia en una boda, siempre deben quedar en un lugar discreto para que luzcan los verdaderos protagonistas.

Esta reflexión es debida a las declaraciones realizadas recientemente por el director de gabinete de la Presidencia del Gobierno en su comparecencia ante la Comisión Mixta (Congreso-Senado) de Seguridad Nacional, en la que dijo literalmente: «Lo primero que tiene que hacer un asesor es tirarse por el barranco por su presidente, y yo lo hago aquí ahora y mañana, y lo siento, se lo voy a dejar clarito, ahí voy a estar con él hasta el final, con el presidente Pedro Sánchez…». Épico es, hay que reconocerlo.

De todas formas, Iván Redondo, como asesor, debería ser consciente de que, si un líder cae al barranco, es porque está mal asesorado, es decir, que sus asesores lo han llevado por el camino de la quebrada, pero si los citados asesores también caen al barranco con él, entonces está clara la ineptitud manifiesta de todos. El riesgo, en el caso que nos ocupa, es que, con sus “brillantes ideas”, acaben arrastrando, también, a los españoles al precipicio.

No obstante, menudo ridículo el argumento de tirarse al barranco por su presidente, ya que se trata de una frase literal del guion cinematográfico escrito por Aaron Benjamin Sorkin para la serie de televisión estadounidense El ala oeste de la Casa Blanca, producida por Warner Bros. Un asesor que se precie tiene que ser original, creativo y tener ideas propias, en lugar de buscar las mismas en los seriales televisivos, para luego quedar en evidencia como lo ha hecho Redondo.

Iván Redondo, también aseveró en la misma comparecencia, respecto a los indultos de los presos secesionistas: «...en la vida, como en la política, a veces no hay una solución fácil, pero siempre hay un camino en la vida, se lo digo yo». Esta afirmación merece un estudio psicoanalítico, especialmente sus últimas palabras: se lo digo yo. Pero, ¿Iván Redondo realmente quién es? ¿Qué perfil académico, intelectual y qué legado del conocimiento puede aportar, para poder dar este golpe de ego?

Lo evidente es que el spin doctor de Moncloa va de fracaso en fracaso; el último, el 4M,donde se lució con su estrategia one-shot, basada, según sus propios argumentos tácticos, en utilizar con el electorado el miedo, el rechazo y la esperanza. Emociones, todas ellas, que se pueden provocar fácilmente con la mentira, la famosa arma revolucionaria de Lenin.

En ABC blog, Paloma Cervilla hace un brillante análisis de lo expuesto anteriormente, escribiendo: «A mi me cuesta mucho trabajo pensar que este oportunista, mercenario de la política, se vaya a tirar por el barranco detrás del presidente del Gobierno. Más bien empujará a Sánchez, cuando esté a punto de la derrota final, y saldrá corriendo con el maletín a buscar otro cliente». Como bien dice Cervilla, es muy probable que, cuando Sánchez esté en el fondo del barranco, a Iván Redondo no le sea difícil encontrar a otros actores políticos que suplan sus carencias de carácter y de ideas propias con su asesoramiento.

No está muy claro si Redondo, en Moncloa, ejerce de asesor o de propagandista. Listo es, inteligente no se sabe, pero parece que tiene a Pedro Sánchez amaestrado, y todo señala que Sánchez hace a pie juntillas lo que Iván Redondo le dice, y así le va a Sánchez, pero como dice el refranero: En tierra de ciegos el tuerto es rey.

Últimamente, las ideas de Redondo, que compara a Sánchez con Suarez, y se queda tan ancho, no dejan de ser portada de periódico, como por ejemplo el orwelliano proyecto España 2050, el apoyo del ejecutivo a Rocío Carrasco, el uso del BOE como panfleto político, el valorar las sentencias judiciales como actos de venganza y revancha, el traslado “oculto” a España de Brahim Gali al estilo “superagente 86”, o querer crear la NASA española cuando no hay dinero ni para pagar los ERTES.

Hay muchos más, pero todos son humo y más humo, sin consistencia alguna, aunque lo cierto es que España ha llegado con Sánchez a la ratio-deuda PIB más elevada desde el año 1902, con una deuda pública de cerca del 122% y una bolsa de parados al alza de cuatro millones de españoles, sin contar los ERTE; y no sirve como excusa única el COVID, el quid de la cuestión es cómo se ha gestionado y se está gestionando, no sólo la temática sanitaria, sino el resto de problemas que no tienen nada que ver con la pandemia.

Lo cierto es que al barranco sí que vamos, pero de cabeza.