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Descubriendo a José Antonio con Arnaud Imatz.

Lo que describe Imatz en su ensayo me hace reflexionar sobre los grandes sacrificios de varias generaciones: unas que lucharon en las trincheras, otras que vivieron las penurias e ilusiones de la postguerra y el tardofranquismo.

Publicado en Gaceta Fund. J. A. núm. 373 (OCT/2023). Ver portada de Gaceta FJA en La Razón de la Proa (LRP). Recibir el boletín de LRP.

Descubriendo a José Antonio con Arnaud Imatz


Los recientes acontecimientos sobre la exhumación e inhumación de José Antonio me han servido para contemplar un panorama más amplio y diverso sobre su pensamiento e ideología. Llevo muchas décadas inmerso, con altibajos, en el personaje y sus consecuencias políticas, organizativas y comunicativas.

Como he comentado en otros foros, ahora digitales y antes periodístico histórico-literarios, siempre con la independencia política de cualquier poder oficial o social; aunque, sin desdeñar una continuada y comprometida militancia política, ahora ya casi sólo campamental, con mis veteranos camaradas del FES (Frente de Estudiantes Sindicalistas) en las ya lejanas décadas de los años 60-70.

Durante estos casi 57 años he asistido con mis mejores camaradas de siempre, algunos ya desaparecidos: Sigfredo, Hermoso, Cabanas, Millán, Poveda, Ojeda, Murillo, José Ramón, Garijo, los hermanos Alvarado, JFK ⎼el innombrable⎼, J. M. Ovejero y muchos otros de una larga y fructífera lista, a centenares de reuniones, asambleas, congresos, mítines, intentos infructuosos de unidad de los falangistas. Siempre a través de muchas conversaciones con distintos tipos de camaradas, desde jefes de filas como Narciso Perales, Manuel Hedilla Larrey, Ceferino Maestú, Manuel Cantarero, Raimundo Fernández Cuesta, David Jato, Miguel Primo de Rivera…, hasta el controvertido padre Llanos, incluso con modestos funcionarios y jerarcas del llamado, ya a mediados de los años 60, Movimiento Nacional.

He podido ir adquiriendo una nutrida bibliográfica sobre fascismos, Falange y, especialmente, sobre el pensamiento joseantoniano. Todo ello me ha permitido profundizar y reflexionar sobre el tema.

Poco después del ya lejano centenario del nacimiento del Fundador (2003), que ni siquiera tuvo un mero reconocimiento filatélico a pesar de las peticiones realizadas por el cronista Aguinaga a los correligionarios del excamarada del FES, y entonces presidente del Gobierno, José María Aznar –recordemos además que José Antonio había nacido en la calle Génova, unos metros más abajo de la sede del PP–. un historiador vasco-francés llamado Arnaud Imatz (Bayona,1948) le rindió, según mi criterio, mediante una tesis doctoral defendida en Burdeaux en 1975, el mejor tributo que hasta la fecha se le ha podido realizar a su vida y trayectoria política: José Antonio entre odio y amor (Su historia como fue) prólogo de Juan Velarde Fuertes. Ediciones Áltera. Madrid. 2006.

Demasiado tarde quizás he llegado a leer éste excelentemente documentado texto. Me ha recordado, por su profundidad e inteligencia, a aquella pequeña y precursora Antología José Antonio (Ediciones FE, 1942), realizada en 310 puntos y sabiamente prologada por Gonzalo Torrente Ballester, escritor y novelista gallego, luego muy famoso por las adaptaciones de sus novelas para TVE, que entonces se declaraba joseantoniano. Un escritor de aquella excelente galería de intelectuales falangistas rescatada y promovida por Dionisio Ridruejo en la Salamanca de la contienda civil, y que mantuvo su cosecha literaria durante algunos años.

Pasemos a analizar muy brevemente algunos aspectos de su contenido:

1.- El prólogo, de la mano docta del catedrático de economía Juan Velarde Fuertes, es ya un gran espaldarazo hispano a la calidad académica y científica del trabajo. La bibliografía, fuentes documentales, entrevistas personales y más de 1.400 extensas citas confirman ese diagnóstico.

2.- La introducción y el preámbulo son también un hito en cuanto a situación exacta y síntesis de la ideología joseantoniana. Al leerla venía a mi memoria Ética y estilo falangistas” (1973), de Sigfredo Hillers, N. Poveda, y Felicísimo V; también el Manifiesto de FEI (1979), y, por supuesto, lo esencial del contenido de las siempre citadas Obras completas de José Antonio. Aquella época de principios de los setenta, etapa de este ensayista vasco-francés como residente colegial en el Colegio Mayor José Miguel Guitarte, de Madrid, pudo influir muy positivamente en su trayectoria investigadora. Imatz se pregunta aquí ¿Es posible un fascismo intelectual? Y le respondo rotundamente, si. Me baso en otras investigaciones paralelas de éstas y otras latitudes:

  • La ya clásica de Edward Tannembaum de 1975, comentada en Sociedad y cultura en Italia:1922-1945, José Lorenzo García. Separata del boletín Investigación del Fondo CECA (1977).
  • La denominada modernidad, Roger Griffin. Modernismo y fascismo (2010).
  • En Vanguardistas de Camisa Azul (2003), de la filóloga alemana Albert Mechthild.
  • En el amplio desarrollo de las técnicas cinematográficas nuevas y sorprendentes, especialmente en el documental, estudiadas en las más representativas escuelas especiales de todo el mundo. Es decir, toda la obra cinematográfica artístico comunicativa de la cineasta alemana Lenny Riefensthal, entre 1925-2003.
  • La de la creatividad renaciente y fecunda de los años 20-30, del llamado racionalismo italiano en arquitectura (Terragni, Libera...) y el movimiento futurista en todas las artes: pintura y escultura (Marinetti, Sant'Elia, Boccioni, Balla…), y también en literatura con las innovaciones estilísticas de Pirandello, Gabrielle D’Annunzio…

Creo sinceramente que, a pesar de lo controvertido del tema, hoy existen muchos testimonios e investigaciones que demuestran las innovaciones en el terreno artístico y cultural, especialmente del fascismo italiano, aunque sin desestimar las individualidades del nazismo.

3.- Respecto al análisis sintético del contexto histórico, donde surgen los antecedentes de FE (JONS de Ledesma, Libertad de Onésimo Redondo) y liberado ya José Antonio de la ganga monárquico derechista, se enfrenta a las antipáticas derechas y va definiendo su personal “versión del fascismo”, vigente entonces en casi toda Europa, en un sentido de renovación moral, cristiana, espiritual y dotada eminentemente de una básica transformación revolucionaria y de justicia social profunda y completa de España.

En este sentido, quizás trató de emular a su mentor inicial, Benito Mussolini, con la sana intención de tratar de cambiar hasta la ética y moral del pueblo italiano (véase su extensa e ilustrativa entrevista en el Quirinal, realizada por el historiador alemán Emil Ludwig. Conversaciones con Mussolini (1932). Editorial Juventud (1979).

Con respecto al controvertido y siempre arrojadizo tema de la violencia falangista, se analiza el tenso ambiente de todos los grupos políticos de esa época y se sientan las bases para un panorama más claro. Sin apriorismos y sin demagogias aparecen todas las posturas, desde los reproches de “franciscanismo” de las derechas hasta los de “pistoleros” desde las filas muy semejantes de la extrema izquierda.

4.- El estudio de las bases filosóficas e ideológicas del nacionalsindicalismo es el capítulo más extenso (filosofía clásica y española, cristianismo, Ortega, Unamuno, D’Ors, sindicalismo revolucionario, la denominada “tercera vía francesa”), y se realiza con toda la información y fuentes existentes entonces. Tema este no estudiado nunca con tanta prodigalidad bibliográfica en nuestro país, exceptuando el ensayo del catedrático de filosofía Adolfo Muñoz Alonso. Nos parecen correctas y muy sugerentes casi todas sus inferencias y especulaciones.

5.– El somero repaso del papel jugado por los falangistas durante el franquismo (capítulos IV y V), aunque ya muy conocido s realizado con una buena capacidad de síntesis y ofreciendo una información desapasionada y bastante objetiva. Se destaca el papel de Franco cómo árbitro indiscutible de sus gobiernos de concentración entre las fuerzas del Alzamiento. Donde se evidencia que los ministros falangistas fueron muy escasos, aunque siempre en las carteras de tipo social (Trabajo, Vivienda, Agricultura...), pero sin control de los resortes económicos fundamentales del Estado. Asimismo el papel inoperante del Consejo Nacional del Movimiento, como se demostró en el fracaso del proyecto de Constitución falangista de Arrese (1956). Lo que daría paso ya inmediatamente al tecnócratismo de los hombres de Carrero Blanco.

6.– El último capítulo (VI) está dedicado a la Falange en la oposición”. Como diría siempre el FES: no con la oposición. Se realiza un repaso a lo ocurrido con los sectores falangistas en el tardofranquismo y postfranquismo. Aunque ya en otras ocasiones he hecho referencia a este tema en el que participé directamente, indicar aquí solamente alguna pequeña errata o falta de información:

  • Los sucesos de protesta ante las conmemoraciones oficiales del teatro de la Comedia de Madrid (1968-69) fueron protagonizados por el FES. Nunca se gritó allí “Franco sí” sino cosas totalmente diferentes.
  • Los supuestos provocadores ultras (?) que interrumpieron y boicotearon el impecable discurso de Sigfredo Hillers (no el de Raimundo Fernández Cuesta, que no llegó a intervenir) representando al Círculo Ruiz de Alda, y que más adelante sería el líder de FEI (1976). En el momento de la referencia a su tesis doctoral España una revolución pendiente, e incluso sin mencionar directamente a Franco, indujeron inmediatamente una serie de violentos incidentes entre ”camaradas” que llevaron a clausurar el acto. Al día siguiente, serían portada en toda la prensa nacional (especialmente del monárquico ABC). Se trataba entonces del primer acto público unitario de los grupos falangistas tras la reciente muerte de Franco, celebrado en el Palacio de Congresos de Madrid (en el XLIII aniversario de la fundación de FE, (29-X-1976).

Esos hechos de afirmación joseantoniana serían protagonizados exclusivamente por miembros del FES. que con sus escasísimos medios, pero con voluntad férrea, fueron consecuentes con sus objetivos de denuncia de las falsificaciones oficiales del pensamiento joseantoniano. No obstante, y con la perspectiva del tiempo transcurrido, quizás sería necesario indagar y reflexionar acerca de las culpas de los dirigentes, errores, estrategias comunicativas y maniobras subterráneas del poder, que han impedido que los falangistas joseantonianos tengan hoy un hueco en el panorama político de España.


Conclusiones.

El politólogo anglosajón Roger Griffin (Modernismo y Fascismo, 2010) refiere una carta (1904) escrita por Franz Kafka –paradigma arquetípico del modernismo literario– a su amigo Óscar Pollack: «creo que sólo deberíamos leer aquellos libros que nos muerden y nos apuñala, un libro debe ser cómo un hacha que rompe el mar helado que llevamos dentro».

Las 616 páginas de que consta este casi olvidado e imparcial estudio de Arnaud Imatz, deberían ser de lectura obligada para todos los interesados por la verdadera memoria de la Historia de España del pasado siglo XX.

Finalmente, lo que describe Imatz en su ensayo me hace reflexionar sobre los grandes sacrificios de varias generaciones: unas que lucharon en las trincheras, otras que vivieron las penurias e ilusiones de la postguerra y el tardofranquismo. Especialmente esas juventudes llenas inicialmente de entusiasmo: obreros estudiantes, universitarios, profesionales, funcionarios, maestros que poco a poco se fueron desencantado de los ideales, pero que a pesar de las circunstancias muchos de ellos –codo con codo– conservaron, incluso –todavía hoy– su entusiasmo por las propuestas joseantonianas. Su lenguaje nuevo, fresco, directo, brillante y su actitud valiente impregnó muchas mentes y corazones. Visto el deprimente panorama político de la España actual, el balance no admite dudas.

Y termino este comentario con una cita de un excelente cineasta de origen austriaco y de prestigio universal, Billy Wilder (1906-2002), contemporáneo de José Antonio, que desde mi punto de vista puede resultar ser motivo central sobre una de las esencias, aunque no fundamental, del falangismo. Y que por supuesto siempre acompaña al hombre en todas sus acciones. El director largamente oscarizado, aconsejaba siempre a su guionista I. A. L. Diamond: No me des lógica, dame emoción.