Editorial

Prever y controlar. No improvisar

¿Habrá algún gobierno que sea capaz de prever y de controlar situaciones, y de situar a España en el papel que le corresponde en este momento y en los que se presentan en el futuro?

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Prever y controlar. No improvisar


Sabemos que la política es una partida con el tiempo en la que no es lícito demorar ninguna jugada, y que, por lo tanto, lo que fue posible ayer no es factible hoy, que las circunstancias son cambiantes en sumo grado y que conviene adelantarse a los acontecimientos ━verlas venir━ para que no te sobrepasen. Y, en política internacional, juegan, además, factores tan decisivos como las interdependencias entre naciones, las vecindades peligrosas o los acontecimientos aparentemente lejanos; pero, por encima de todo ello, deben privar lo recto y la seguridad nacional. Y, sobre todo, son muy sospechosos los cambios bruscos de dirección…

Saben prever situaciones y controlar las que van ocurriendo los llamados estadistas o, por lo menos, los políticos inteligentes y avezados en su oficio. No así Pedro Sánchez, a quien los sucesos le van estallando uno tras otro ante las narices, sin que haya existido en él y su gobierno signo alguno de previsión y de control de la situación.

Aquella chapuza de la estancia sanitaria en España del líder del Frente Polisario, tan incógnita que todo el mundo lo sabía, fue una de esas ocasiones en que se probó con creces la ausencia de políticos sagaces; la consecuencia fueron las invasiones de Ceuta y Melilla, que se han venido repitiendo sin interrupción con intensidad variable; y que quede claro que no eran inmigrantes (migrantes se dice ahora) ni refugiados, sino simple y llanamente invasores…

Ahora, en plena crisis energética, un bandazo insospechado demuestra la justicia e inteligencia de nuestros mentores en política internacional: haciendo mangas y capirotes de las resoluciones de la ONU sobre el problema del Sahara, Sánchez se pone al lado de la tesis marroquí y, claro, de espaldas a los saharauis y a su mentora Argelia. Queda claro que el vaivén incesante de embajadores norteafricanos llamados a consulta en sus respectivas naciones no tiene fin…

Durante la agonía de Franco, los españoles tuvimos que sufrir la vergüenza de aquel abandono del territorio, del que solo se pudo salvar la dignidad de nuestro Ejército, pero no sí de los políticos que se preparaban para la Transición. El Frente Polisario que ━tampoco lo olvidemos━ había ametrallado a pesqueros y soldados españoles, por fin vio cuál era su verdadero enemigo.

La izquierda ha venido vociferando (siempre en teoría) por las exigencias del pueblo saharaui; ahora, esa misma izquierda le da la espalda; Podemos musita algo con la boca pequeña, pero sigue agregada a la teta del presidente, sin que los clamores de sus antiguos protegidos le golpeen en la conciencia.

Algunos de nosotros denunciamos entonces la injusticia de aquel abandono y criticamos con dureza a los políticos de entonces; ahora, cuando se vuelve a repetir la vergüenza por parte de otros políticos, no debemos callarnos.

¿Es incapaz el Estado español ━España es otra cosa━ de conocer su importante posición geoestratégica en el mundo? ¿Estamos abocados a una serie de bandazos y giros apresurados? Por otra parte, ¿estamos condenados a sufrir invasiones, a modo de chantaje, sin que ofrezcamos otra respuesta que la impotencia de nuestra fuerzas de seguridad?

¿Habrá algún gobierno que sea capaz de prever y de controlar situaciones, y de situar a España en el papel que le corresponde en este momento y en los que se presenten en el futuro? ¿Alguno sabrá aunar la firmeza y la sagacidad en política internacional? Como Diógenes, seguimos buscándolo con un candil… Por cierto: Marruecos sigue haciendo peligrar la españolidad de Ceuta y Melilla; ¿también Pedro Sánchez virará en redondo sobre este tema el día menos pensado?