Somos
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25/12/20

El gran engaño

25/12.- De aquellos polvos vinieron estos lodos, y ya en el siglo XXI, hundido el 'socialismo de estado' en la mayoría del planeta, la izquierda española ha logrado mantener y expandir la idea de una república pacífica y democrática contra la que se rebeló una horda de pistoleros uniformados.


Publicado en el número 28 de 'Somos', de diciembre de 2020. En la sección Colaboración. Firmado por Francisco Núñez Roldán [biografía y libros] [entrevista]. Editado por la asociación cultural Avance Social. Ver portada de la revista 'Somos' en La Razón de la Proa. 

El gran engaño

Es disculpable que el nombre de Burnett Bolloten diga nada o casi nada al lector.

Bolloten, galés nacido en 1909 y muerto en Estados Unidos en 1987, figura sobre todo como “periodista” en el artículo que le dedica la insidiosa y muy políticamente correcta Wikipedia.

Cierto que Bolloten se dedicó de entrada al periodismo, viajando por Túnez, Líbano y Egipto, hasta dar en Alemania en 1932, donde trabajó free-lance, esto es, por su cuenta, hasta la llegada de Hitler al poder. En 1936 fue enviado a España por la United Press. Aquí se interesó por nuestro país, por sus acuciantes problemas políticos, y claro está, por la guerra que estalló a poco de su llegada. Ideológicamente republicano de centro, Bolloten se dedicó a reunir y clasificar todo el material que pudo referido al conflicto, en especial del bando frente-populista. Consiguió muchísimo, y a finales de 1938 decidió trasladarse a Méjico. Allí, ayudado de su esposa Gladys, estudió aún más a fondo nuestra guerra civil, con el añadido de numerosas entrevistas a muchos de los exiliados protagonistas de la misma. La ingente suma de material escrito que Bolloten reunió y la gran cantidad de conversaciones tardaron años en materializarse en el libro que por fin pudo publicar tras no poco esfuerzo por hallar editor y que recibió el título que encabeza este artículo.

Fue en 1961, y ya ese mismo año salió en nuestro idioma. Se tradujo en español por El gran engaño, y en inglés se llamó en su primera edición The Great Camouflage. Como subtítulo añadía la significativa frase: The Communist Conspiracy in the Spanish Civil War. La obra tuvo un éxito conflictivo, porque en su edición española fue prologada por Manuel Fraga Iribarne, a la sazón director del Instituto de Estudios Políticos, y encima coincidió en el tiempo con la publicación del sobrevalorado texto de Hugh Thomas sobre nuestra guerra, texto que durante bastantes años se consideró canónico, sin merecerlo. La traducción del libro de Bolloten al castellano corrió a cargo de Luis de Caralt, editor catalán, falangista, a cuya perspicacia editorial, entre otras cosas, se deben casi todas las primeras versiones al español de las novelas del inmortal Georges Simenon.

El momento de la publicación tildó al libro como producto de la guerra fría, lo cual resultaba además cierto, sin quererlo, quizá, y fue atacado desde su salida al mercado no solo por los comunistas, sino por los antianticomunistas, esa panda de exquisitos compañeros de viaje que abundan en cualquier zaquizamí occidental y que se dedica a atacar a quienes atacan a la izquierda, sin saber –¿o quizá sí?– que son simples mamporreros de los bolcheviques.

Bolloten, por su parte, siguió trabajando en la revisión de su obra durante toda su vida. España y la guerra que él vivió fueron el tema casi único de su escritura. Había vivido mucho y muy a fondo en ello. Añadió cantidad de bibliografía, por si hubiera aportado poca, y mantuvo siempre sus principios básicos, es decir, la revolución dentro de la zona republicana y la preponderancia comunista a través de Negrín. Y en cuanto al exterior, la añagaza de aparentar un estado simplemente republicano en el sentido cívico del término, tratando de ocultar que en su interior una revolución social anarco-colectivista disputaba su geografía con la hegemonía nacionalizadora soviética, no menos activa.

Ya decimos que el libro desató ataques al anticomunismo de Bolloten, incluso rastreras embestidas personales, aduciendo su no academicismo, por parte de los clásicos profesores que no venden una escoba de sus trabajos y se desangran de envidia viendo como un divulgador de la historia, que publica textos mejor escritos, más entretenidos y no menos fiables vende muchísimos más ejemplares-

En España, hoy, se dan conocidos ejemplos de esos académicos odios africanos a tales autores. Los ataques, por ejemplo a Eslava Galán, o Pérez Reverte, entre otros. Algo parecido también a lo que ha ocurrido con un estudioso como Pío Moa, a quien se vilipendia sobre todo en lo personal al no poder rebatir sus datos, como bien indica al respecto el profesor Stanley Payne.

Pasado el tiempo, las tesis básicas de Bolloten no sólo son básicamente válidas en cuando al poder y papel de los comunistas en España, sino que el autor fue el primero, si no en descubrir, sí en divulgar desde una posición que hoy incluso llamaríamos “progresista”, el siniestro papel de Moscú en hacerse con los resortes de la República en guerra y en aherrojar la revolución colectivizadora que sobre todo los anarquistas estaban llevando o intentando llevar a cabo. Aquella revolución dentro de la guerra chocaba no sólo con lo que quedaba de las derechas, sino con el concepto comunista de nacionalización y sobre todo del poder omnímodo del partido en el conflicto español.

Los comunistas pretendían, tal como consiguieron luego en la Europa del Este tras la segunda guerra mundial, retrasar la revolución para acabar controlándola mejor. Bolloten tenía además razón cuando ya aseguraba que Negrín, queriéndolo o no, era el hombre de Moscú. De hecho fue el mejor consenso que Moscú pudo haber hallado en el momento, en otro partido, el PSOE, teóricamente en el poder, pero con la política apropiada a los propósitos de Stalin.

De aquellos polvos vinieron estos lodos, y ya en el siglo XXI, hundido el socialismo de estado en la mayoría del planeta, la izquierda española ha logrado mantener y expandir la idea de una república pacífica y democrática contra la que se rebeló una horda de pistoleros uniformados, y de nada ha servido saber que los frentepopulistas querían hacer en 1936 la revolución a cualquier precio, como ya intentaron en 1934.

También el mito de que durante la guerra seguía siendo la república un régimen abierto y plural. Nada más lejos de la realidad, ningún timo mayor al respecto.

Por ello pensamos, en la política que hoy se está haciendo en España por parte de la izquierda, que ese gran engaño vuelve a ser una dura realidad, y que con el burdo señuelo de “jarabe democrático”, “más democracia”, “Más Madrid”, “más su bendita madre”…, lo que se está propiciando es más dictadura izquierdista, más silencio, más control por parte de un Estado que miente más que respira, y todo ello no ya permitido, sino jaleado, que es lo más triste, por partidos compañeros de viaje y por un pueblo que estúpidamente los vota y mantiene, y que está siendo y será el primer perjudicado por la siniestra actuación de los podemitas, con sus analfabetos encumbrados, sus coimas ministeriales y su demagogia.

Y como ha ocurrido últimamente en Venezuela, si en España llega a reinar esa letal hibridación de tiranía y miseria, entonces ya será tarde para que, tanto quienes ayudaron como quienes no supieron o quisieron luchar contra ello, se den a su vez cuenta de que otra vez habrán sido víctimas del gran engaño.

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