¡Qué razón tienes Isabel!

26/06.- Isabel Díaz Ayuso no ha cometido ningún exceso en su pronunciamiento sobre su majestad el rey Felipe VI.

Publicado en la revista Desde la Puerta del Sol núm. 472, de 25 de junio de 2021. Ver portada Desde la Puerta del Sol en La Razón de la Proa (LRP). Recibir actualizaciones de LRP.​

¡Qué razón tienes Isabel!

Qué revuelo han causado las declaraciones de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. La maquinaria mediática de la izquierda ha puesto en marcha una campaña de difamación y escarnio, tan inmerecida como impropia, aunque cabía esperar que el sanchismo iniciara las hostilidades habida cuenta que, para mayor desvergüenza, todavía no han digerido los recientes resultados a la Asamblea de Madrid.

Las malas artes, los fuegos de artificios y las cortinas de humo levantadas a instancias de Moncloa, pretenden –sin conseguirlo, claro– desacreditar, acosar y criticar cualquier declaración que la victoriosa Isabel pueda llevar a cabo. Ellos, que se presentan como referentes de la limpieza en el quehacer político –menuda cara de cemento armado–, que se permiten la frivolidad de dar lecciones de democracia a tutti pleni –hay que ser caraduras–, que grajean, como las urracas, la indisoluble unidad de nuestra Patria –menudo rostro–, que se presentan como los paladines del avance y el progreso social –qué infamia–, construyen, desde la demagogia, pintureras argumentaciones plagadas de soflamas mitineras y aciagas aseveraciones, la mentira.

Queridos lectores, Isabel Díaz Ayuso no ha cometido ningún exceso en su pronunciamiento sobre su majestad el rey Felipe VI. No señores, al pan pan y al vino vino. Pocos habían reparado en el particular. La felonía de Pedro Sánchez, de la que es perfectamente consciente, compromete al jefe de Estado de España. En nuestra Carta Magna se definen las competencias de nuestro soberano, entre ellas, la de ratificar las leyes aprobadas en sede parlamentaria. Es decir, que su traición a España, apoyada por los enemigos de la unidad nacional, tendría el recorrido constitucional establecido para su entrada en vigor. Dicho de otra manera, se pone contra las cuerdas a nuestro rey que se verá en el desagradable trance –repugnante y miserable– de firmar lo dispuesto por el poder legislativo. Así está establecido, mal que nos pese a muchísimos compatriotas.

Pero hay que profundizar en la ignominia que trasciende de tan desleal actitud del narcisista inquilino del Palacio de la Moncloa. El lindo presidente ha pasado por encima de la soberanía del pueblo español al disponer, en cuestión tan trascendental y notoria, una iniciativa de ruptura, quebranto y ataque a nuestra integridad territorial como estado, dinamitando la división de poderes existente. Se aprovecha de la maldita aritmética parlamentaria para cambiar las reglas del juego.

A estas alturas de la partida, a nadie debe sorprender los atajos que nuestro ínclito presidente toma para vender a España a los independentistas. Es así, ya lo están comprobando todos ustedes con sus incestuosas y adúlteras relaciones con los secesionistas. Está tan enamorado de sí mismo que, sin escrúpulos ni decoro, menos aún sin cualquier tipo de ética, con obscenidad casi pornográfica, se entrega a sus leyendas particulares de pasión con la anti España. Su objetivo en estos desposorios políticos no es otro que el de perpetuarse en el poder a cualquier precio, a toda costa. Pero su poligamia, tan pérfida como inmoral, le llevará a nuevos compromisos matrimoniales con la familia rupturista. Hoy son los catalanes, mañana serán los vascos y más tarde los valencianos, los canarios o los baleares.

Establecidas estas alianzas y pactos, recibirá una cuantiosa dote para desguazar a nuestra maltrecha nación. Lo único importante para él –aparte de su espejito– es ser el señorito de palacio. Ley de eutanasia, ley de educación, manipulación de los órganos del poder judicial, implantación de la ética de pensamiento único, la ley de la memoria histórica –apócrifa y profundamente frentista–, y un larguísimo etcétera de decretos, órdenes ministeriales y perogrulladas de distinto pelaje, asientan un infame e indeseable esperpento que, por sus vicios y defectos, pasará a los anales de la historia como uno de los más negros y oscuros capítulos sufridos. Solo espero que esta plaga de proporciones bíblicas pase pronto y que las urnas le manden a los infiernos.

El menosprecio a la Corona, el desprecio al rey, los desplantes e insultos de su familia independentista a los españoles, son consentidos sin consecuencia penal y se deja barra libre para su borrachera particular. El nada honorable presidente del Gobierno catalán, ebrio de poder y acogido a la protección de Pedro, «el de las Mercedes», escupe y vomita, cada día y a cada hora, lo que le viene en gana. ¿Es tolerable? ¿Es admisible? ¡No! Faltaría más que le riéramos la bufonada y la gracieta, el chiste y la charlotada, pero con la plena aceptación de su valedor, sin recato y prudencia, nos humilla a todos los españoles de bien, incluidos nuestros hermanos de tierras catalanas. Con chulería pampera, de tú a tú, como iguales, se jacta de sentar a la mesa tocinera de las negociaciones a su sometido señor. Me irrita gravemente escuchar, en boca de los palmeros de la Moncloa, oír aquello del diálogo entre dos gobiernos y que se la bufa lo de impedir la vía unilateral. El chantaje es clamoroso, la rendición a sus propósitos por el desgobierno del todavía Reino de España es, sencillamente, execrable, abominable, aborrecible, odioso e infame. Bochornoso es poco.

Así pues, Isabel Díaz Ayuso tiene razón. Pedro Sánchez –omito cualquier piropo– convierte a el rey de España en el felpudo de la abominación independentista y de un gobierno tan sodomita como bujarrón. España está en gravísimo peligro queridos lectores.

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