Emilio Álvarez Frías
10:09
22/05/20

El poco aguante de Pablo Iglesias

22/05.- Olvida eso de la libertad de manifestación que él gusta dar a conocer a los pardillos, aunque luego, cuando lo considere oportuno, trate de impedir su uso, confesando lo perjudicial que puede resultar ya que conoce cómo es la democracia que avala, la de sus amigos comunistas y marxistas que ha sembrado millones de muertos por todo el orbe...

Publicado en el número 310 de 'Desde la Puerta del Sol', 22 de mayo de 2020.
Ver portada Desde la Puerta del Sol en La Razón de la Proa

El poco aguante de Pablo Iglesias

No lo puedo evitar. Cada vez que traigo a mi mente a Pablo Iglesias, me da jaqueca. Debe haber por ahí alguna neurona que salta inmediatamente y se ceba conmigo. Por eso lo eludo, aunque algunas veces no hay más remedio que acordarse de él y traerlo al recuerdo tal como es en sí, aunque hoy día intente comportarse con mansedumbre, lo que no le va en demasía, pues no es capaz de sostener tal talante más allá de unos segundos.

O si mantiene esa postura, será para echar dardos envenenados por esa boquita que le ha dado Dios, como si fueran el resultado de un simple estornudo.

Pensar ahora en este joven amante y seguidor de Lenin y de toda la harka marxista-comunista es para recordarle que tiene menos memoria que un servidor, que ya la va dejando atrás por culpa de los años. Se ha enfadado porque un grupo de españoles, armado con cacerolas y cucharones –o equivalentes–, haciéndolas sonar, está paseando por las proximidades de su mansión en Galapagar. No le parece bien. No lo encuentra justificado. Quizá teme le despierten a los niños.

Sin parar de echar la pulpa de este movimiento, que ha sido espontáneo y va ocupando ya todas las calles y plazas de España, a los que él considera extrema derecha, o sea a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Díaz Ayuso, y al presidente de VOX, Santiago Abascal, y a Iván Espinosa de los Monteros, que con frecuencia lo trae de cabeza en el Parlamento, amenazando con enviar escracher a sus casas, como si fueran los responsables del clamor popular. Pablo olvida los tiempos del 11-M, cuando manejaba con soltura las masas de revoltosos mediante una simple llamada a través de eso conocido como herramientas sociales, y que en un pis pas llega a un montón de gente. Él es un experto en esos movimientos de masas, por ello puede amenazar con soltura ponerlos en funcionamiento.

A través de una entrevista del programa «Al Rojo Vivo», en La Sexta ha soltado sin empacho y con plena tranquilidad en esta ocasión:

«Hoy es gente de derechas manifestándose en la puerta de mi casa. Mañana puede ser gente de izquierdas manifestándose en frente del apartamento de Ayuso, de la casa de los Espinosa de los Monteros o de Abascal».

Y enseña los dientes, como es su costumbre, pues siendo un carroñero ha de aprovechar toda oportunidad:

«Yo tengo costumbre de recibir muchos ataques, pero hay mucha gente que no tanto, y el problema es que esto se sabe por dónde empieza, pero no se sabe dónde acaba, y si esto se generaliza, y si al final todo el mundo entiende que la manera lógica de protestar es ir a casa de Ayuso, de Abascal, de Casado o de Espinosa de los Monteros, o a casa de periodistas que se convierten en referentes de opinión, entraríamos en una situación muy negativa».

Olvida eso de la libertad de manifestación que él gusta dar a conocer a los pardillos, aunque luego, cuando lo considere oportuno, trate de impedir su uso, confesando lo perjudicial que puede resultar ya que conoce cómo es la democracia que avala, la de sus amigos comunistas y marxistas que ha sembrado millones de muertos por todo el orbe.

Pablo, tienes que asumir que no le caes bien a muchísima gente. Ni siquiera a la Guardia Civil que vigila tu mansión de Galapagar. Por cierto, con motivo de esos vecinos que te dan la serenata de las cacerolas, el ministro Marlaska ha enviado cinco coches más, con los correspondientes números de la Benemérita, para proteger a tu familia. Incluso han cortado la susodicha calle para que no molesten a la pareja y sus churumbeles. Lógicamente, los de las redes sociales están algo enfadados con este comportamiento y hasta un tuitero se ha descolgado con el siguiente comentario:

«Los del jarabe democrático y los que se emocionaban ver agredir a un policía ahora son escracheados y protegidos por ese cuerpo que tanto han despreciado. Yo jamás defenderé los escarches. Pero es evidente que Iglesias y Montero son unos hipócritas. La mayoría de las personas que se han indignado en las redes por el gesto de Pablo Iglesias y Montero no ha perdido el tiempo y han recuperado las palabras de Iglesias en referencia a los escraches. Para el vicepresidente segundo del Gobierno este tipo de protestas tan invasivas eran algo más que legal y profundamente democrático. Tanto, que ahora él ha decidido llamar a la Guardia Civil para que le planten no uno, sino hasta cinco coches patrulla de la Guardia Civil para disuadir a todo aquel que quiera protestar contra la gestión del Gobierno en frente de su casa».

Y un periodista, que sin duda le cae fatal a Pablo Iglesias, y al que le anuncia enviar a los escracher a la puesta de su casa, Eduardo Inda, dice con toda tranquilidad:

«Los bebés suelen echar mano de una socorrida frase cuando tienen miedo de algo, cuando se han hecho daño o, sencillamente, porque son unos quejicas: ¡nene pupa! Ahora, hay un niño malcriado de 40 años, que se dice pronto, que está todo el día ¡nene pupa! por la mañana, ¡nene pupa! por la tarde, ¡nene pupa! por la noche. ¿Quién es el que está todo el día dale que te pego ¡nene pupa!? Pues, obviamente, Pablo Iglesias».

«Ese mismo Pablo Iglesias del ¡nene pupa! es el que escrachó a Rosa Díez en la Facultad de Políticas de la Complutense. Ese mismo Pablo Iglesias del ¡nene pupa! es el que escrachó en una conferencia en Políticas a Josep Piqué».

«Pablo Iglesias se emocionaba al ver cómo pateaban a un policía frente al Congreso de los Diputados en una manifestación. Y ese Pablo Iglesias del ¡nene pupa! es el que decía que la gente de abajo tenía que recetar “jarabe democrático” a los de arriba, a las élites».

«Ese jarabe democrático consistía en los escraches. No hace mucho, Pablo Iglesias decía que le hacía mucha gracia que algunos políticos criticasen los escraches».

«Querido Pablo, estoy en contra de los escraches, pero yo lo que te pediría en estos momentos, majete, es un poquito de coherencia. Si te gustan los escraches, tendrás que soportarlos».

Y estos no son de los que aprovechan la ocasión para destrozar mobiliario público, cajeros de banco, etc.

Por ello nosotros preguntamos: Pablo, ¿crees que son necesarios? Piensas que todos los españoles son como tú y tus huestes? No, hombre, no. Pedir que Pedro y tú os vayáis del Gobierno, junto con los compañeros que ocupan los ministerios, y emigréis a otras tierras si lo consideráis adecuado, no quiere decir que los que producen la música de la cocina vayan a comportarse como los que asaltaron la Bastilla.

Aprovechando la ocasión de que nos llega una fotografía que muestra que, al parecer, tu esposa se va refinando, no viene mal te hagamos igual recomendación. Es difícil, pero quizá con el tiempo lo consigáis. Hay que empezar por el vestido, luego pasar al gesto, después cultivar la voz, y al final está convertirse en una persona de buenos hechos y maneras. Y no creas que por ello se pasa mal. ¡Qué va! Por lo que se ve ella ya lo va intentando y no pierde comba de dejarse ver en la portada de las revistas del corazón.

Para relajarnos, hoy nos acompañamos de un botijo clásico que ha sido decorado con un girasol, planta herbácea que nos ofrece una preciosa flor plagada de las «pipas» que todos hemos comido cuando niños, incluso a veces en la juventud, y que da origen a diferentes productos, entre ellos el aceite. Pero la atracción para nosotros hoy es la espléndida flor que está en maduración en estos momentos, por lo que nos ha incitado a tomarlo con la intención de ir a llevar un trago de agua fresca del Guadarrama a los músicos de las caceroladas de cualquier lugar, aunque lo haremos única y especialmente a la de Galapagar, que es la que nos pilla a mano.


 

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