Emilio Álvarez Frías
01:02
26/05/20

Gobernar desde la tómbola

26/05.- A Pedro Sánchez, con esta tómbola en constante movimiento, ya no lo cree ni la madre que lo trajo al mundo. Y menos los lebreles que andan por la Unión Europea...

Publicado en el Nº 311 de 'Desde la Puerta del Sol', 25 de mayo de 2020.
Ver portada Desde la Puerta del Sol en La Razón de la Proa

Gobernar desde la tómbola

«​Es fácil entender a los hombres. Pero conocer y entender a un hombre puede ser lo más difícil del mundo». Esta frase se la debemos a una tal Ellen Peck, americana ella, feminista, escritora y activista childfree (= hijos no), que debía estar un poco pirada a juzgar por su trayectoria. Pero aunque murió en 1995 y por lo tanto no le dio tiempo a conocer a un joven Pedro Sánchez que todavía no había copiado el texto de su doctorado, al escribir la frase parece estar pensando en él. Lo clavó. Porque no hay quién lo entienda. Seguro que ni la madre que lo parió (con perdón).

Aunque hay otro escritor americano, William Gaulkner, nobel de literatura en 1949, que dedicó su vida a la novela, guiones cinematográficos, ensayos e incluso se atrevió con una obra de teatro, que soltó otra frase que tampoco le viene mal a Pedro Sánchez: «Se puede confiar en las malas personas: no cambian jamás».

Que Pedro Sánchez es mala persona lo viene demostrando desde que sus compañeros lo obligaron a renunciar a la Secretaría General del PSOE, luego lo puso de manifiesto cuando montó el cirio de dejar el escaño para volver a conseguir la Secretaría, y así hasta llegar a presentar la moción de censura a Rajoy y hacerse con La Moncloa con sorpresa general en todos los ambientes.

Y desde entonces no ha parado, pues ha continuado por esa línea de actuación, revolviendo todos los asuntos que ha tocado como si estuviera en una tómbola, hasta nuestros días que, incluso, ha sido capaz de llegar a un acuerdo con Arrimadas para conseguir sus diez votos para sacar adelante un nuevo período del estado de alarma al tiempo que establecía un acuerdo con Bildu a espaldas de todos los miembros de su gabinete...

En esta trayectoria, sin encomendarse a Dios o al diablo, asegura (después de que lo hiciera Pablo Iglesias) que el martes «aprobará» el salario vital sin contar previamente con esos ministros suyos que no sabemos para qué están, cierra las fronteras con la cuarentena a todo bicho viviente del extranjero que quiera asomarse a nuestras playas o ciudades, se pone terco en mantener contra viento y marea el calendario de levantar el confinamiento a que nos tiene sometidos...

Aunque momentos después, en un santiamén, empieza a desgranar lo contrario durante su intervención en televisión, repartiendo prebendas, abriendo puertas al campo para que todo empiece a rodar por las cuatro esquinas del país, asegurando que en un pis pas todo todas las CCAA estarán en perfecto funcionamiento, aunque, eso sí, es otra cuestión, seguirá dictando decretos ley mientras pueda para ir preformando la España que él, y Pablo Iglesias, quieren.

Y claro, con esta tómbola en constante movimiento, ya no lo cree ni la madre que lo trajo al mundo. Y menos los lebreles que andan por la Unión Europea, o incluso en otros países como Francia que le dice si tú cierras tus fronteras yo hago lo mismo, y lo deja con el trasero al aire, aunque él ni se inmuta, sigue moviendo el bombo, a estas altura ya no le vale el de la tómbola verbenera sino que se ha apoderado del de las bolas de la lotería navideña que puede contener muchas más posibilidades.

Total, que sigue haciendo sus juegos de manos, o manejando las tres bolitas del trilero, o dándole al bombo de la tómbola para confundir a todo el mundo, engañar a los más crédulos, ilusionar a los más hambrientos, dar un corte a los que se han arruinado o están en camino de lograrlo, castigar a unas comunidades autónomas y privilegiar a otras, importarle una higa de cómo andan de verdad los españoles, e ir poniendo alfombra roja para celebrar un magno acto por los españoles que han dejado su vida por culpa de una pandemia mal llevada, con asistencia de los reyes para intentar librarse de la cacerolada, con lo que dar carpetazo al asunto para irse de vacaciones a alguno de los lugares del Patrimonio Nacional que todavía no haya pisado, y a la vuelta ya estará todo más o menos calmado para poder seguir sin molestias su trayectoria conducente a destrozar España.

Y, suponemos, en el gran acto por todos los muertos no habrá ningún signo religioso, ni una misa de difuntos cantada por las escolanías del Valle de los Caídos, del Escorial y alguna más, terminando con la canción «La muerte no es el final».

Nuestro botijo de hoy no cabe duda tiene pinta de haber hecho no pocos servicios entre los rastrojos y las eras, y también acompañando a algún arriero manchego. Nos gusta porque tiene todo el sabor de la tierra, no esconde ninguna de sus virtudes o defectos, asegura que sirve plenamente para lo que fue creado y además es bonito, al menos desde mi punto de vista, pues no ha sido adornado con ningún estilo más o menos modernista, ni por ninguna decoración que le resta personalidad.


 

Comentarios