El español, con todos los acentos

Debemos asegurar la lengua en el ámbito de las Españas, ya dentro de la península, ya en el mundo hispánico, ya en los ambientes internacionales; y debemos saber entendernos, abrazarnos como hermanos y organizar como familiares nuestras relaciones...


​​Publicado en la revista El mentidero de la Villa de Madrid núm. 735 (31/MAR/2023), continuadora de Desde la Puerta del Sol. Ver portada El Mentidero en La Razón de la Proa (LRP) Recibir el boletín de LRP.​

El español, con todos los acentos

En estos tiempos en los que andamos a la gresca por un quítame allá esas pajas, como dijera el Rey en la inauguración del IX Congreso de la Lengua Española en el Teatro Falla de Cádiz probablemente recordando al caballero de la Triste Figura que no tuvo empacho en comentar, como nos dijera el príncipe de los ingenios:

«Decíale entre otras cosas don Quijote, que se dispusiese a ir con él de buena gana, porque tal vez le podía suceder aventura que ganase en quítame allá esas pajas alguna ínsula, y le dejase a él por gobernador della».

Pues no es momento de andar a la riña por un acento más o menos en una palabra cuando «La lengua nos une ahora y, por tanto, es un proyecto de futuro para el mañana. Tenemos que saber aprovechar el momento y esta es la hora del español, con todas sus voces, sus giros y matices, con todos sus acentos, con toda su riqueza y diversidad», nos asegurara el rey durante su discurso a la vista de los 600 millones de personas que hablan el idioma español, como ha demostrado Alberto Buela haciendo el conteo de los países y pueblos que en el mundo entero se entienden en este idioma.

Si por los rincones nos encontramos –como sucede en la realidad– con mequetrefes que se empeñan en cambiar el idioma español por otras lenguas primitivas ahormadas al entendimiento actual, no han de ser tenidos en consideración en el mundo hispánico, que en el habla el idioma español ha sido el primero en apuntarse a la globalización que tanto nos acongoja en los momentos actuales. Y la RAE, desde su cenáculo de intelectuales, ha de preocuparse de que al menos conozcamos las palabras que tradicionalmente nos presenta en diccionario, más las de nueva creación por la investigación, sin prestar oídos a las absurdas modificaciones y ampliaciones que se empeña esta canalla en querernos endilgar.

Posiblemente el rey nos habla desde el recuerdo del entendimiento entre todos los que hogaño hablan el mismo idioma haciendo resonar con sus palabras los tiempos en los que fuimos todos uno y la cosa funcionó, o después, cuando siendo varios, nos supimos entender. Recordemos cuando existió un Instituto de Cultura Hispánica. Entonces era pan comido la relación entre la llamada madre patria y las hijas independientes, respondonas en algunos casos, pero en cualquier caso ligadas al origen.

Fue una pena que el citado instituto, tras varios devaneos de no saber qué hacer, en 2007 cambiara de nombre –Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo– para convertirlo en algo de carácter mundial. Desde entonces no son conocidas las virtudes de su actuación, ni con quién se relaciona. Desde luego da la impresión de que Hispanoamérica fue abandonada.

El rey tiene razón al decir que –nos repetimos sin ningún desasosiego– «La lengua nos une ahora y, por tanto, es un proyecto de futuro para el mañana. Tenemos que saber aprovechar el momento y esta es la hora del español, con todas sus voces, sus giros y matices, con todos sus acentos, con toda su riqueza y diversidad».

Debemos asegurar la lengua en el ámbito de las Españas, ya dentro de la península, ya en el mundo hispánico, ya en los ambientes internacionales; y debemos saber entendernos, abrazarnos como hermanos y organizar como familiares nuestras relaciones. De esa forma, sin pretender imponernos a nadie, conseguir un identidad definida de convivencia.

Porque para ello conformamos la «raza cósmica» que definiera el filósofo y académico mejicano José de Vasconcelos Calderón en su ensayo publicado en Madrid en 1925. Ningún otro país, ningún otro idioma ha sido capaz de ese maridaje entre gentes de diferentes cobijos del globo terráqueo.




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