Vosotros, los moderados

21/MAY.- «Hay un límite, más allá del cual, la tolerancia deja de ser una virtud». Y en España, ese límite se ha traspasado en varias cuestiones básicas, a algunas pocas verdades absolutas, a entidades permanentes de razón, por encima de las voluntades de pocos o de muchos.

Publicado en Gaceta Fund. J. A. núm. 356 (MAY/2022). Ver portada de Gaceta FJA en La Razón de la Proa (LRP). Recibir el boletín semanal de LRP.

Los cristianos, los católicos y muchos llevan ⎼llevamos⎼ grabados en nuestros códigos genéticos y comporta-mentales las virtudes cardinales, previas a Jesucristo, prudencia, justicia, fortaleza y templanza. Y, junto a ellas, las fortalezas del alma, memoria, entendimiento y voluntad, especialmente formuladas para la mejor relación con Dios. Pero, si estas fortalezas son especialmente para Dios, aquellas virtudes son para su uso generalizado, para el comportamiento del hombre en relación a los otros hombres; para la convivencia o para la coexistencia cuando aquella no es posible.

La prudencia me parece prácticamente similar a la moderación, a la actitud de limar los ángulos más rotundos cuando éstos se confrontan con otros argumentos, con otras actitudes. Y claro que esa que esa es una gran virtud.

En la convivencia diaria, en nuestra propia familia; en el trabajo; en la comunidad de vecinos, tras un ordenado contraste de pareceres se llega a un consenso que satisface ⎼muchas veces a medias⎼ ;a los componentes de esa unidad, de esa comunidad. Lo mismo ocurre en los ámbitos políticos, municipal, regional o nacional, donde innumerables disposiciones, reglamentos o leyes nos satisfacen o nos incomodan, pero las aceptamos, las toleramos, porque a muchos nos disgustan la abrumadora carga fiscal, con impuestos abusivos; o el menosprecio de zonas urbanas en relación a otras privilegiadas; o el nivel cultural y profesional de muchos políticos, aupados a puestos importantes sólo por lucir el carnet correspondiente. Naturalmente que toleramos, moderadamente, innumerables situaciones que no nos parecen justas, que no nos gustan.

Pero ⎼en frase de Edward M. Burke⎼ «hay un límite, más allá del cual, la tolerancia deja de ser una virtud». Y en España, ese límite se ha traspasado en varias cuestiones básicas, a algunas pocas verdades absolutas, a entidades permanentes de razón, por encima de las voluntades de pocos o de muchos. Así, partidos políticos defensores a ultranza del llamado Estado el bienestar, no dudan en ejecutar ese propósito a sus propios miembros con retribuciones escandalosamente contrapuestas a las gentes originariamente sujetos de esa aspiración. O aquellos cientos de diputados en Cortes que defienden con inusitado ardor y anteponen sus intereses regionales a los generales de la nación; intereses generales para los que han sido elegidos. O leyes aberrantes que ignoran que el sexo viene definido genéticamente, y presente en los treinta millones de millones de células que componen nuestro cuerpo, definidos en cada una de ellas.

Solo en absolutamente excepcionales casos de hermafroditismo es necesario la modificación en uno u otro sentido. Después la cirugía y la hormonoterapia puede modificar los signos externos sexuales… pero los treinta billones de células continúan con sus cromosomas XX o XY. Y sí, hay partidos políticos tolerantes, demasiado prudentes.

Cualquier persona sanitaria o con formación cultural media sabe que en el embarazo de los mamíferos, el embrión o después el feto, no forman parte de la madre, sino que están en la madre, y son un ser humano distinto a ella y al padre, con un código genético único. Y que destruirlo, practicar una IVE (como si se pudiera reanudar) es matar a un ser humano, aunque aún no “hombre” legalmente… Aplicando la genocida ley ¡esta sí, los partidos llamados irónicamente progresistas, han permitido, fomentado y pagado, la muerte de más de un millón de no nacidos en España. No puede haber tolerancia ni moderación para eso. Y cuando alcanzaron el poder el partido que proclamaba la defensa de la vida no suprimieron ⎼ni suprimirán⎼ esa nefasta ley, sustituyendo el erróneo grito feminazi del ¡Tu pares, tu decides! por algo así como aborta, pero menos, ignorando que la única excepción para la defensa del no nacido ,no es la monjita violada, ni la niña engañada, ni el síndrome de Down en el feto, ni defectos físicos, sino la defensa propia de la madre, en excepcionales circunstancias médicas. No, no puede haber tolerancia ni moderación en esto. Abortar es matar.

Matar, matar es otra acción alentada, promovida y pagada por los progresistas para el otro extremo cronológico de la vida. Y me sorprende que hayan médicos, colegas, que se presten a participar en esa acción de muerte, olvidando nuestro juramento hipocrático curar; aliviar, si no es posible curar; y consolar siempre. El suicidio es un derecho individual, pero nadie puede suicidar a otro.

La moderna medicina dispone de todos los medios para aliviar el dolor, pero la eutanasia no es un acto médico. Creen, señores progresistas, una nueva profesión, el tanatologista, con la que podrán colocar a muchos afines, y dejen en paz a los médicos. No, no puede haber tolerancia ni moderación en esto.

¡Ah! Entre otras cuestiones básicas, no sujetas a tolerancia ni a moderación está la vigencia del art.2 de la Constitución española de 1978: «La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles».

Pues no, aquí tampoco puede haber tolerancia ni moderación, amigos moderados.




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