OPINIÓN

Radiografía de las derechas.

Ateniéndonos a las evidencias políticas, los españoles hemos vuelto a ser empujados a esa clasificación (derechas e izquierdas), que se ha ampliado, además en su significación.

Publicado en la revista Lucero, núm. 143, 2º trimestre de 2021. Editado por la Hermandad Doncel - Barcelona | Frente de Juventudes. Ver portada de Lucero en La Razón de la Proa.

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Radiografía de las derechas.

Radiografía de las derechas.


De antemano, poco o nulo valor concedo a la clasificación entre derechas e izquierdas. En primer lugar, por ser términos artificiales, que se mantienen por pura inercia o porque el Sistema se empeña en mantener dos bandos, con espadas en alto, para distracción del personal. En segundo lugar, porque, desde el punto de vista generacional y sociológico, es adecuada la frase la izquierda de hoy es la derecha de mañana, porque, conforme avanza la edad en las personas, estas se inclinan de forma natural a un repliegue de carácter reaccionario e inmovilista.

Pero especialmente porque, como dijo un pensador, derechas e izquierdas son formas de hemiplejía moral y, como afirmó otro, más poéticamente, las cosas bellas no pueden mirarse con un solo ojo, sino de frente y con ambos bien abiertos.

Sin embargo, ateniéndonos a las evidencias políticas, los españoles hemos vuelto a ser empujados a esa clasificación, que se ha ampliado, además en su significación. Siguiendo a los dos pensadores citados, quede claro que uno no siente identificado con ninguno de los términos de la división odiosa; mis valores están por encima de estos condicionantes.

¿Cómo me defino? Como falangista a secas (sin partido, por libre…) o, si se prefiere, como joseantoniano del siglo XXI. Y, dado que la habitual bellaquería (Ortega dixit) tiende a la encasillar en ese bando confuso de la derecha, creo que es oportuna una opinión sobre ella, mejor dicho, sobre ellas, porque son varias y distintas. Su común denominador puede observarse en la crítica de José Antonio en su época: la derecha es insolidaria con el presente, del mismo modo que la izquierda lo es con respecto al pasado, como se puede ver con las memorias históricas y democráticas al uso; quiere esto decir que la derecha no cuenta entre sus prioridades la satisfacción de las necesidades de una sociedad ni aspira a instaurar una justicia social profunda.

Considero que hay tres derechas en la España de hoy: la tradicional, la liberal y la radical; pido disculpas por la también artificiosidad de esta división, pero no lo es menos que la que nos impone el Sistema.

La derecha tradicional resalta en su frontispicio la defensa de los grandes valores tradicionales: religión, patria, familia, derecho a la vida, orden, propiedad… Junto a ello, no presenta igual defensa del remedio de las grandes desigualdades sociales; su conformismo con lo establecido en lo social y en lo económico la imposibilitan de ser creída en aquella declaración solemne de valores tradicionales. Esta primera derecha rebusca en el pasado histórico las bases para la convivencia, pero apenas tiene propuestas adecuadas para el presente y el futuro; cualquier innovación le parecerá, por lo menos, peligrosa

La derecha liberal se acomoda perfectamente al orden socio-económico vigente; en cuanto a sus valores, estos quedan velados por su relativismo, porque están en función de las mayorías o minorías votantes; para ella, no existen las categorías permanentes de razón; su palabra mágica es la tolerancia y su consigna, la moderación. La derecha liberal no hace ascos a la historia nacional, siempre que coincida con sus presupuestos; en caso contrario, también es partidaria de una revisión u ocultación de momentos y hechos en que no resplandecía el supuesto liberalismo. No hay ni que decir que la derecha liberal no se plantea transformación alguna del orden injusto, en nombre del realismo.

La que hemos llamado derecha radical viene hoy representada por los populismos y los identitarismos; el primero de estos términos es confuso, y puede ser aplicado a cualquier postura, a diestra o siniestra: se trata de hacer coincidir sus grandes propuestas con evidentes problemas de una sociedad. Más peligroso es el segundo, pues la identidad nos lleva directamente al nacionalismo o individualismo de los pueblos (José Antonio), cuando la razón de ser de España y lo que la caracteriza como patria es lo contrario: su universalidad. Por otra parte, si bien la derecha radical ofrece ciertas reformas en lo social y lo económico, en modo alguno cuestiona las bases del Sistema y su injusticia; su reformismo no pasa por alterarlas.

Por lo tanto, que no me asignen más a mi natural condición y a mis preferencias ideológicas el sambenito de la derecha, de ninguna de ellas. Como tampoco el de la izquierda, cuya radiografía intentaré trazar en otro artículo.

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