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La paguita, a derechas, a izquierdas y en laboratorio

El catedrático de Economía José Manuel Cansino analiza las experiencias de la renta básica universal en diferentes países. Hay dos preguntas clave en torno al establecimiento de un programa de renta o ingreso mínimo vital: ¿cuánto cuesta? e ¿inducirá a vivir de la sopa boba o de la paguita a miles de compatriotas?

Publicado en primicia por el diario digital La Razón (Andalucía).


La paguita, a derechas, a izquierdas y en laboratorio

La paguita, a derechas, a izquierdas y en laboratorio

El gobierno ultima para estos días el decreto que regula la renta mínima vital, una medida controvertida y de interés tanto para gobiernos conservadores como de izquierdas. La medida ya formaba parte del acuerdo del acuerdo de gobierno entre el PSOE y Podemos pero muchos la quieren ver (y sus promotores se dejan) como parte central de las medidas para afrontar la crisis económica derivada de la pandemia.

El azar ha querido que la medida del Gobierno español coincida con la publicación de los resultados del mayor experimento realizado hasta ahora sobre los efectos de una prestación de este tipo; el experimento de Finlandia. Pero por razón de la emergencia económica de la pandemia, también ha coincidido con la decisión de la Administración norteamericana de realizar una transferencia directa a las familias para hacer frente a sus necesidades. Demasiadas coincidencias y de signo político muy diferente que merecen un comentario detenido.

El experimento de Renta Básica Universal (RBU) desarrollado en Finlandia entre 2017 y 2019 fue impulsado por el gobierno conservador presidido por Sauli Niinistö. Consistió en elegir al azar a 2.000 ciudadanos de entre 25 y 58 años en situación de desempleo a los que se ingresaba mensualmente unos 560 € (605 dólares) libres de impuestos y sin condicionalidad alguna.

El objetivo principal del experimento conducido por el Instituto finlandés de la Seguridad Social (Kela en acrónimo finés) era comparar el comportamiento de este “grupo de tratamiento” de 2.000 beneficiarios con un “grupo de control” de 173.000 ciudadanos a los que no se les transfería esa renta. El experimento buscaba conocer si los beneficiarios de la RBU se acomodaban a esta situación de “renta segura a cambio de nada” y, por ejemplo, reducían su disposición a trabajar; si se quiere si la renta básica era un mejor sistema para activar a las personas a encontrar un empleo.

Los resultados, hechos públicos a comienzos de mayo, han demostrado que no hay una diferencia significativa entre los días trabajados por los beneficiarios de este ingreso y el resto. Esto es, que la certeza de recibir 560 € al mes a cambio de nada ni te hace más inactivo ni más laboralmente activo. Lo único que el estudio afirma es que la sensación de bienestar social de los perceptores aumenta. Un resultado demasiado intuitivo para un estudio que ha costado al Gobierno finlandés 21,6 millones de dólares. Por cierto, el Gobierno finlandés ya decidió no cambiar su sistema por el de la RBU.

Casi al tiempo que se hacían públicas las conclusiones del estudio anterior, las familias estadounidenses recibían en la misma cuenta corriente en la que cargaron el pago de su impuesto sobre la renta, una transferencia del Gobierno federal ajustada a su renta de 2019.

La transferencia llegó incluso antes que una carta del presidente Donald Trump con membrete de “The White House” fechada el 15 de abril explicando que le enorgullecía hacer llegar esta ayuda gracias al acuerdo bipartito aprobando la Ley de Asistencia, Alivio y Seguridad Económica por el Coronavirus” (CARES por sus siglas en inglés).

A mediados de abril los estadounidenses tenían ya este pago en su banco pero avanzado mayo aún no han recibido pago alguno muchos de los afectados por los ERTEs españoles de marzo. La carta, por cierto, se recibía en el idioma nativo de cada contribuyente norteamericano. La que yo he leído estaba escrita en un español perfecto inaccesible a muchas víctimas de la inmersión lingüística en Cataluña.

Existen importantes diferencias entre la mal llamada RBU finlandesa y el pago comunicado por la carta del presidente Trump. La más importante es que la primera era un ingreso mensual durante dos años y la segunda un pago –de momento– único.

También hay una diferencia notable entre el experimento finlandés y la renta española impulsada por la formación social-comunista de Podemos. La RBU en Finlandia se seguía percibiendo con independencia de si el beneficiario lograba encontrar empleo o no; el ingreso mínimo vital que se pondrá en marcha es España sólo se activa bajo un determinado umbral de renta.

Por ejemplo, las familias que tengan una vivienda en propiedad valorada en más de 100.000 € no podrán acceder al ingreso mínimo vital aunque carezcan por completo de ingresos. La ayuda del Ingreso Mínimo Vital irá de los 462 a los 1.015 euros, la cuantía dependerá de si se tiene a personas mayores o hijos a cargo y de los ingresos declarados en 2019.

Hay dos preguntas clave en torno al establecimiento de un programa de renta o ingreso mínimo vital, una es ¿cuánto cuesta? y otra al hilo de experimento finlandés ¿inducirá a vivir de la sopa boba o de la paguita a miles de compatriotas?

Tomando como precedente a la Italia previa a la pandemia, el Gobierno de la Liga Norte y del Movimiento Cinco Estrellas había previsto gastar en 2019 unos 8.000 millones de euros para desarrollar el denominado "ingreso por ciudadanía"(reddito di cittadinanza en italiano). Era la medida central del Movimiento Cinco Estrellas y fue asumida y defendida por Mateo Salvini.

El Ingreso Mínimo Vital promovido por el Gobierno está dirigido a los hogares en una situación de "pobreza severa", que cifran en un 20%. En España hay 1,1 millones de hogares con todos sus miembros en paro, y casi 600.000 que no tienen ningún tipo de ingreso según la Encuesta de Población Activa.

En cualquier caso, el peso de la financiación recaerá sobre el endeudamiento público y el contribuyente de renta media. Siempre es así porque vienen siendo la base más amplia de donde proceden los ingresos públicos. La mayor parte del beneficio de las grandes corporaciones se transfiere a paraísos fiscales a través de técnicas de elusión fiscal como el “Sandwich holandés”o el “café doble irlandés”; la tributación de las grandes empresas es por cotizaciones a la Seguridad Social e IVA, pero no por beneficios.

La suma del valor de las diez primeras empresas del mundo superaba el PIB del Reino Unido en 2017. Hay fondos de inversión que manejan 4,6 billones de euros; cuatro veces el PIB español. El poder de estas empresas es superior al de la mayoría de los 194 estados nación que existen en el mundo. Los defensores a un tiempo del liberalismo a ultranza y del estado nación se incomodan con datos como este.

La clase media salió tocada de la crisis de 2008. El Índice de Gini que mide la concentración de la riqueza y que toma el valor 0 cuando se alcanza la equidistribución repuntó en España desde el 32,4 en 2008 hasta el 34,7 en 2014. En los últimos años volvió a corregirse hasta el 33,2 en 2018; aún así lejos de valores como el del 31,3 en Alemania o el 28,5 en Francia (ambos valores para 2018).

En “El fin de la clase media y el nacimiento de la sociedad de bajo coste” de 2006 Massimo Gaggi y Edoardo Narduzzi inducían la siguiente pregunta; ¿quién comprará para sostener el sistema económico? Para muchos la clave pasa por el ingreso mínimo vital pero me temo que los números en la postpandemia no salen.

La otra pregunta es sobre los efectos de este ingreso. El experimento finlandés dice que la RBU no provoca un claro desincentivo a buscar empleo. Bueno. En Andalucía y en abril de 2020 el 18,8 % de la población recibía una pensión que en promedio alcanzaba los 903,48 €; adicionalmente el 7,12 % de la población percibía un prestación por desempleo.

A lo anterior hay que unir que en 2018 casi 41.000 personas recibían la renta de inserción con un valor promedio de  419,52 euros al mes. No se pueden sumar los tres grupos (pensionistas, desempleados con prestación y beneficiarios de renta mínima) para plantearse la disposición que tendrían a aceptar un empleo. No se puede porque la mayor parte son pensionistas que reciben una pensión por jubilación. Pero excluyendo a ese grupo que bien se ganó su retiro, urge un estudio similar al de Finlandia entre quienes ya reciben una prestación similar prolongada en el tiempo.

Sólo así podremos alejar del debate partidista esta cuestión tan importante. Aún así quedaría luego la cuestión de cómo se paga por una clase media menguante. Ni la robotización va a ser inocua ni va a haber salida en forma de V. La Economía se asemeja más a un sistema biológico que a una máquina. No es un coche al que se apaga el motor y luego se echa a andar sin mayor incidencia.


 

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