Memoria | José Antonio

Sobre tumbas y héroes

Quizás nunca debió de glorificarse y santificarse tanto la figura humana de José Antonio.  No obstante, y visto desde ahora, el mensaje joseantoniano de concordia nacional y justicia social permanece y seguirá inalterable.


​​Publicado en la revista Gaceta de la Fundación José Antonio, núm. 369 (JUN/2023). Ver portada de Gaceta FJA en La Razón de la Proa (LRP). Recibir el boletín de LRP.​

La primera vez que tuve los restos de José Antonio delante de mi, fue en la Navidad de 1957 en el centro de la Basílica de El Escorial (en el libro de Luys Santa Marina Hacia José Antonio, AHR,1958, pág 193, hay una foto ilustrativa de su tercera tumba).

Con once años estaba esos días con mi centuria, “Juan Sebastián Elcano”, en el albergue de barracones del Frente de Juventudes de Santa María del Buen Aire y fuimos con nuestros mandos a rendirle a José Antonio un sencillo homenaje.

Como parece que la presencia del fundador de Falange, por estar situada su tumba encima de la cripta del panteón real del monasterio, molestaba a los monárquicos (Franco Salgado-Araujo en Mis conversaciones privadas con Franco, refleja una queja de don Juan, pag. 60), en abril de 1959 sus restos se trasladaron espontáneamente a hombros de sus camaradas de a pie, para situarse dentro de la Basílica del Valle de los Caídos, que se inauguraba entonces al cumplirse los 30 años del fin de la contienda civil.

En los años sesenta acudí todos los 20 de noviembre con mis camaradas del Tinglado (FES, JF. y FNT) al nuevo emplazamiento de su sepulcro delante del altar mayor del Valle de los Caídos (la cabecera ⎼cabeza de Cristo⎼ donde tradicionalmente se situaban los sepulcros de personas notables o benefactores de la Iglesia). Nosotros íbamos allí a revalidar nuestro compromiso de juramento anual de fidelidad joseantoniana. Único grupo que luchaba entonces por la resurrección de la Falange.

Aunque más adelante no acudí todos los 20 de noviembre al Valle, este lugar tiene para mí ⎼y para otros miles de españoles⎼ un indiscutible interés no sólo histórico-artístico y paisajístico sino que también está lleno de indudables resonancias doctrinales y emocionales.

Hace unos pocos años volví allí con mi excamarada JFK, nos hicimos varias fotos delante de la más monumental de las cruces levantada en el mundo y me testimonió con rotundidad que el Valle de los Caídos era la historia de un gran fracaso. Visto lo acaecido, parece cierto. Los hechos lo demuestran. Pero la verdadera historia no sólo se hace en las grandes batallas sino que la realizan los hombres con ideas claras, con valentía y tesón.

No se trata ya de romper frentes y trincheras, pero si quizás de armarnos de argumentos, de razón y decisión para recuperar aquellos valores de compromiso social y ética política proclamados hace casi noventa años.

¿Pero dónde encontrar ya un altavoz que haga sonar nuestra excelente música y letra? Situadas nuestras ideas en un nicho sin futuro ni espacio político, especialmente desde el boicoteado ⎼¿por quienes?⎼ último intento de unidad falangista en octubre de1976 (donde Sigfredo Hillers, nuestro líder entonces, en el Palacio de Congresos de Madrid, no pudo continuar su discurso organizándose una batalla campal que fue portada en toda la prensa nacional).

En las jornadas de la reciente y última exhumación de los restos de José Antonio, aparte de las acostumbradas desinformaciones de prácticamente todas las televisiones, sólo pudo escucharse algún editorial imparcial en El Toro TV, opiniones sinceras de periodistas de la COPE, artículos en el católico El Debate, de la Gaceta de la Iberosfera, incluso del siempre monárquico Ussía, con reparos. Lo mejor, tuvo especial acogida en el anterior número de esta Gaceta de la Fundación José Antonio, y poco más. Tres días antes del traslado de los restos de José Antonio a Madrid se había cerrado a cal y canto el Valle de los Caídos. A los monjes se les prohibió decir misa durante casi 15 días y en esa triste jornada se cerraron los accesos a la Sacramental de San Isidro. Lo que provocó la ira y la frustración de los joseantonianos que esperaban tranquilamente honrar a su Fundador.

¿Era realmente necesario un quinto enterramiento, casi clandestino, de José Antonio? ¿Dónde están ahora nuestros sobrevivientes y antiguos camaradas? ¿Y los beneficiarios del régimen de Franco? ¿Y los sempiternos actualizadores de la doctrina?…

Quizás nunca debió de glorificarse y santificarse tanto la figura humana de José Antonio. Aunque Ridruejo, Ros, Sáenz de Heredia y los demás camaradas organizadores de aquello lo realizaron con toda la grandeza de su gran corazón. No obstante, y visto desde ahora, el mensaje joseantoniano de concordia nacional y justicia social permanece y seguirá inalterable. Pese a quien pese.

Entre todos lo mataron y el sólo se murió. Al menos, ésta nueva morada parece que será ya definitiva.