EDITORIAL | ENERO DE 2024

La vitalidad de España

España es más que unas leyes y unas estructuras: es una realidad histórica y suprageneracional, en la que cada generación de españolitos ha tenido la última palabra.


Publicado en la revista Trocha, de enero de 2024 (núm. 254). Editada por Veteranos OJE - Cataluña. Ver portada de Trocha en La Razón de la Proa. Para Solicita recibir el boletín de Trocha

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Una grupo de jóvenes de la OJE, del presente siglo, lanzan al aire polvos de colores en un juego campamental. Tras ellos, una escuadra de gastadores de la OJE, de los años 70, posan con sus uniformes de gala para los actos de izar y de arriar banderas.
La vitalidad de España

La vitalidad de España


No es raro que los acontecimientos nacionales del año que ha terminado nos hayan dejado el alma llena de zozobras, pues parece que se haya cuestionado la propia existencia de España por parte de un gobierno aliado con quienes no quieren ser españoles; lo que sí es cierto es que se han hecho, y se siguen haciendo mangas y capirotes con una legalidad constitucional, y se prevé que se siga esta marcha en detrimento de muchas instituciones.

Pero España es más que unas leyes y unas estructuras: es una realidad histórica y suprageneracional, en la que cada generación de españolitos ha tenido la última palabra, como podemos ver siguiendo nuestro recorrido a través de los siglos. Quizás sea una tarea de generaciones revertir la presente situación, o quizás no; en todo caso, no podemos dejarnos llevar por lo negativo y asumir, en consecuencia, el papel de plañideras; o de niños ingenuos, que creían que el juguete con el que pasaban sus ratos les iba a durar toda la vida. Los juguetes ⎼las situaciones históricas concretas⎼ tienen un período de vida, se pueden romper, quizás recomponer en alguna medida, pero deberán, a la larga, ser sustituidos por otros. En todo caso, y en el tema que nos ocupa, lo permanente debe ser España.

También como ha ocurrido en otras épocas de crisis, la esperanza debe ponerse en la juventud; no en la parte de la juventud adocenada o sumisa; no en la parte de la juventud viciada, sino en esa inmensa minoría de jóvenes inconformistas, que han sido capaces de sostener una mentalidad crítica y de sostener en su fuero interno esperanzas que se pueden convertir en alternativas. No importa que los medios de comunicación (perdón, quisimos decir de propaganda) ninguneen a ese sector de la juventud, o los menosprecien, o los vituperen con los peores calificativos; la realidad, como la verdad, siempre tiende a prevalecer por encima de la mentira o del engaño.

Vamos a exaltar una rebelión generacional, que no se circunscribe a las edades cronológicas, sino a una constante y eterna lucha de la juventud del alma contra la vejez de las mentes y de los intereses; y esa juventud del alma es la que ha sacado a España de situaciones quizás peores que en la que nos encontramos. Se habían empeñado en hacer tábula rasa de una serie de valores, pero se están encontrando con que esos valores han sido nuevamente reconocidos, renovados en el tiempo y lanzados, no como hojas volanderas de propaganda electoral, sino como válidas consignas de afirmación, y todo ello en un marco social caracterizado por la abulia y el consentimiento tácito o expreso de los viejos de mente y de intereses. No es, pues, el momento de pesimismo, sino de relanzar y difundir esos valores, que tanto coinciden con los que hemos mantenido nosotros.

Podemos poner un ejemplo histórico: el de la crisis del 98, la del llamado Desastre, cuando, en un marco social mediocre y conformista, un grupo de pensadores lanzó su grito de regeneración; uno de ellos, Macías Picavea, terminaba uno de sus libros más contestatarios con una doble invocación que podemos asumir sin rubor alguno; decía este autor: ¡Sursum corda! ¡Arriba España!. Arriba, pues, los corazones, camaradas veteranos.

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