Argumentos

Hispanidad católica frente al racialismo

La carátula reúne dos evocaciones de la Hispanidad: el célebre lienzo "El descubrimiento de América por Cristóbal Colón", de Salvador Dalí, y la imagen institucional utilizada por la Comunidad de Madrid para la celebración de la Hispanidad en 2025, convertida aquí en estampado textil.

Paloma Hernández difundió el 20 de junio de 2026, a través de su canal de vídeo 'Fortunata y Jacinta', una declaración en 62 puntos sobre España, la Hispanidad, la inmigración y la identidad nacional, en abierta polémica con las tesis racialistas.

Nota editorial

La Razón de la Proa publica esta declaración de Paloma Hernández haciendo abstracción del contexto inmediato que motivó su elaboración, esto es, la respuesta de la autora a las polémicas surgidas tras un debate mantenido con un destacado miembro de Núcleo Nacional, organización que sostiene postulados de carácter racialista sobre la identidad española.

El interés de este texto trasciende dicha controversia coyuntural. Su relevancia radica en la formulación sistemática de una concepción de España y de la Hispanidad asentada sobre fundamentos históricos, culturales, políticos y religiosos, en abierta oposición a las interpretaciones biologicistas o étnicas de la nación. Desde esta perspectiva, la declaración ofrece elementos de reflexión de especial interés para los lectores de La Razón de la Proa, particularmente por las afinidades que presenta con determinadas concepciones nacionales, sociales e hispánicas presentes en la tradición joseantoniana.


La nación como tarea histórica

La declaración parte de una defensa explícita de España como patria histórica, entendida no como una abstracción sentimental ni como una simple estructura administrativa, sino como una realidad construida por generaciones sucesivas. La nación aparece así como una herencia recibida que debe ser conservada y transmitida. La autora insiste en la responsabilidad de cada generación para preservar ese legado histórico y garantizar su continuidad, presentando la defensa de España como una obligación política y moral inseparable de la propia idea de comunidad nacional.

Desde esa premisa, se plantea la necesidad de ejercer un control efectivo de las fronteras y de desarrollar una política migratoria sometida a criterios de prudencia política. La declaración rechaza la identificación del Estado con una organización asistencial universal y defiende que cualquier política de acogida debe estar subordinada a la preservación de la cohesión social, cultural e institucional de la nación. La prioridad nacional es presentada como una exigencia de responsabilidad política orientada a la supervivencia histórica de España.


Hispanidad frente al racialismo

Uno de los aspectos más destacados del texto es su rechazo de las concepciones raciales de la nación. La autora sostiene que España no es una realidad biológica ni étnica, sino una construcción histórica, política y cultural desarrollada a lo largo de los siglos. En consecuencia, considera erróneo fundamentar la identidad nacional sobre criterios raciales o sobre supuestas diferencias biológicas convertidas en categorías políticas. La nación española sería el resultado de una trayectoria histórica y no de una comunidad definida por la sangre.

A partir de esa idea, la declaración reivindica el mestizaje como una característica propia de la experiencia histórica hispánica. Frente a las doctrinas de pureza racial, se presenta la Monarquía Hispánica como un modelo de integración basado en la incorporación de pueblos diversos a una misma estructura política, jurídica y religiosa. El mestizaje es descrito como un proceso civilizador articulado por una norma común, incompatible tanto con el multiculturalismo contemporáneo como con las concepciones segregacionistas de la identidad colectiva.


La tradición católica como eje vertebrador

La exposición concede una importancia fundamental al catolicismo como elemento configurador de España y de la Hispanidad. Según la autora, la historia española no puede comprenderse al margen de la tradición católica, que habría proporcionado durante siglos el marco moral, político y cultural sobre el que se construyó la comunidad nacional. Esta referencia religiosa aparece vinculada a la formación histórica de España y a la expansión de su influencia en el mundo hispánico.

Desde esta perspectiva, el principal problema contemporáneo no sería la diversidad humana en sí misma, sino la desaparición de una referencia común capaz de integrar esa diversidad. La autora contrapone la idea de Hispanidad a las doctrinas multiculturalistas, afirmando que la primera implica la incorporación de lo diverso a un proyecto compartido. La cohesión política, cultural y espiritual aparece así como una condición indispensable para la continuidad histórica tanto de España como del conjunto hispánico.


Hispanidad y proyecto geopolítico

La última parte de la declaración amplía el análisis hacia una dimensión geopolítica. La Hispanidad es presentada como el legado vivo de la acción histórica de España y como una comunidad internacional formada por las naciones herederas de aquella tradición común. La lengua, la cultura y determinados elementos institucionales constituyen, según esta interpretación, los principales vínculos que mantienen unida esa realidad histórica más allá de la desaparición del antiguo imperio.

Partiendo de esa visión, la autora defiende la necesidad de fortalecer los lazos entre las naciones hispánicas para afrontar los desafíos del siglo XXI. La declaración identifica diversos factores de fragmentación cultural y política que afectan tanto a España como a Hispanoamérica y sostiene que la recuperación de una referencia común podría contribuir a reforzar la posición internacional del mundo hispánico. En este planteamiento resuenan algunas de las ideas que tradicionalmente han concebido la Hispanidad como una comunidad histórica con vocación universal y capacidad para proyectarse en el escenario internacional contemporáneo.


Recomendación de visualización

La declaración de Paloma Hernández constituye una exposición ordenada y sistemática de sus posiciones sobre la nación española, la inmigración, la identidad cultural y el significado contemporáneo de la Hispanidad. La amplitud de los asuntos abordados y la articulación de los sesenta y dos puntos permiten comprender con mayor profundidad el marco intelectual desde el que la autora desarrolla sus argumentos.

Por ello, recomendamos la visualización íntegra del vídeo, cuya exposición oral aporta matices, énfasis y desarrollos que complementan el contenido de la declaración. Su visionado permite apreciar mejor el alcance de una reflexión que trasciende la polémica coyuntural para situarse en debates de largo recorrido sobre España, la comunidad hispánica y su proyección histórica en el mundo actual.


Participa con comentarios al final del artículo


Sesenta y dos puntos para una concepción hispánica de la nación

Por Paloma Hernández (Fortunata y Jacinta)
Las posiciones que he defendido siempre y que sigo defendiendo son las siguientes, resumidas en sesenta y dos puntos.

Punto 1. Defensa de la patria. Y la patria es España.

Punto 2. ¿Qué es la patria? La patria es el territorio, la tierra de nuestros padres, el legado construido por nuestros antepasados y que nosotros tenemos el deber, la obligación, aun a costa de nuestra vida, de actualizar y de preservar para nuestros hijos.

Punto 3. Control exhaustivo de las fronteras y de la inmigración, venga de donde venga.

Punto 4. Un Estado no es una ONG. Un Estado no puede sostener a toda la humanidad sin disolverse.

Punto 5. La norma ética de ayudar a todo el que llegue al territorio español debe subordinarse a la moral y a la política, ambas orientadas a la conservación de la sociedad que acoge a dichos inmigrantes.

Punto 6. La prudencia política exige valorar con suma cautela la cantidad de nuevos ciudadanos que puede acoger una nación, asegurando que la identidad histórica y la estructura política de la nación no se vean fracturadas por una afluencia desmedida de inmigrantes que impida la asimilación cultural y política o que agote los recursos propios de la nación de acogida.

Punto 7. La prioridad nacional es pura y simple prudencia política. No es un lema de la ultraderecha.

Punto 8. No es prudente ir convirtiendo en españoles a quienes puedan convertirse en quintacolumnistas.

Punto 9. La prudencia política exige una inmigración planificada, económica, estructurada y controlada, que valore la capacidad de absorción del Estado y la cualificación de los inmigrantes.

Punto 10. Políticas restrictivas, sí, pero desde criterios prudenciales, políticos y realistas, no desde criterios raciales.

Punto 11. El ideal del Estado del bienestar, la democracia liberal progresista, el feminismo, los derechos humanos de la ONU o el modelo de Estado laico son incompatibles con la política de fronteras abiertas.

Punto 12. El régimen del 78 en España es disolvente del Estado y de la nación española.

Punto 13. La inmigración ilegal, masiva, descontrolada, sin cualificación, subvencionada y promocionada por los Estados favorece la clientelización de un nuevo nicho de votantes y está siendo utilizada como un arma geopolítica.

Punto 14. El liberalprogresismo internacional, apoyado en España por el PP y por el PSOE, así como por el lobby alauí en Marruecos, entre otros, atenta contra los intereses nacionales de España.

Punto 15. El problema al que se enfrenta España es un problema existencial. Lo que está en juego es su propia conservación histórica y por eso su defensa, la defensa de España, hay que hacerla incluso sacrificando la propia vida.

Punto 16. España no es un mito, ni es un sentimiento, ni es una mera estructura administrativa, ni es una esencia eterna e inmutable. España no ha existido desde siempre y, por tanto, corre el riesgo de dejar de existir en algún momento.

Punto 17. España no es una nación biológica ni étnica, sino una nación histórica y política.

Punto 18. Afirmar que España es una nación biológica o étnica es un reduccionismo intolerable.

Punto 19. Las razas humanas existen efectivamente, pero no son categorías políticas operativas, sino clasificaciones biológicas que no articulan por sí mismas el elemento político.

Punto 20. Lo que estructura políticamente a España no es la raza, sino un complejo de instituciones políticas, morales, religiosas, jurídicas, artísticas, técnicas y científicas que se han ido desarrollando históricamente a lo largo del tiempo.

Punto 21. Afirmar que las razas articulan por sí mismas el elemento político es el fundamento biologicista que empuja al secesionismo catalán, vasco y gallego y es el que retoma el grupo llamado Núcleo Nacional.

Punto 22. España es un producto de la historia y es una realidad que se configura fundamentalmente desde coordenadas católicas, no en el vacío, sino frente al islam y frente al protestantismo. Dos dialécticas que siguen perfectamente activas en nuestros días.

Punto 23. España se configura según la norma de un imperio generador, es decir, civilizador, de vocación universalizante, católico y fundamentado en el mestizaje.

Punto 24. Mestizaje no significa confusión ni relativismo moral, religioso o cultural. No significa multiculturalismo.

Punto 25. El mestizaje no solo fue biológico, sino institucional. Durante la Monarquía Hispánica existió un eje organizador claro, un parámetro perfectamente definido, jerárquico, una norma dominante que estructuraba desde arriba todo el conjunto.

Punto 26. La Monarquía Hispánica integró poblaciones y territorios incorporándolos, no excluyéndolos, sino elevándolos a su propio orden político, jurídico y religioso, elevándolos a su propia norma civilizatoria.

Punto 27. Esa norma dominante que organizaba todo el conjunto es la que ha desaparecido en nuestros días a través de la ideología del multiculturalismo, que predica que todas las culturas valen lo mismo, que por tanto deben conservarse en su máxima pureza y que los inmigrantes tienen un presunto derecho a no integrarse en la sociedad de acogida.

Punto 28. Hispanidad es justo lo contrario del multiculturalismo. Hispanidad es integración y elevación de lo diverso, de lo múltiple y plural, a una norma común, así como control o expulsión de aquello que no se adapta a dicha norma organizadora del todo.

Punto 29. La pertenencia al mundo católico y a las instituciones de la Monarquía Hispánica era decisiva para la integración social.

Punto 30. Por tanto, durante la Monarquía Hispánica, el criterio definitivo era político y religioso: trono y altar. No era racial. Lo determinante no era la raza.

Punto 31. La pertenencia en sentido político podía cambiar mediante la conversión.

Punto 32. El catolicismo no es racista por definición. Todos pueden ser hijos de Dios a través de la fe. El fundamento es teológico. No es natural, biológico, racial o étnico. Es justo lo contrario.

Punto 33. Instituciones como el ius sanguinis, las castas o los estatutos de limpieza no remitían a una teoría biológica pseudocientífica de la raza, sino que hacían referencia a criterios jurídicos basados en la religión, la filiación, el linaje, el origen familiar, la desconfianza social, factores socioeconómicos, reputacionales, de oficio, educación, riqueza, etcétera.

Punto 34. Las castas en la América española no funcionaban como un sistema rígidamente racial en el sentido moderno. Casta o limpieza de sangre no son equivalentes directos del racismo biológico moderno. No había ahí una doctrina científica de la raza.

Punto 35. Esa interpretación es un anacronismo feroz. Proyecta categorías contemporáneas sobre una realidad histórica mucho más compleja.

Punto 36. Por tanto, el sistema de castas era un sistema social más que biológico. Lo importante no era solo el origen familiar; también influían la riqueza, el oficio, el prestigio, la educación, la lengua o la integración religiosa. Una misma persona podía ser clasificada como mestiza en un documento y como española en otro. No era un sistema racial cerrado.

Punto 37. El grupo llamado Núcleo Nacional bebe del racismo moderno y pseudocientífico de los siglos XIX y XX, basado en supuestas razas biológicas fijas e inmutables que determinarían por sí mismas ciertos componentes morales e intelectuales. Esta es la razón por la que Núcleo Nacional niega la posibilidad de integración plena.

Punto 38. Núcleo Nacional afirma que de los componentes biológicos se pueden extraer consecuencias políticas, razón por la que las razas no deben mezclarse entre sí. Pues bien, en este canal negamos rotundamente esta posición.

Punto 39. La Monarquía Hispánica no consideraba que las razas fueran entidades biológicas inmutables. La conversión, la educación y la integración social sí podían modificar la posición de una persona.

Punto 40. La idea de que la raza biológica determina una identidad cultural y, sobre todo, moral, y que dicho elemento racial puede ponerse como fundamento de una estructura política parte de ciertas tesis hiperpositivistas presuntamente asentadas en evidencias científicas. Esto se convirtió en una de las ideas que fundamentaban el catalanismo político, sobre todo a partir de 1898.

Punto 41. El problema surge cuando se sale de la cuestión biológica para entrar en la ideología. Suponer, por ejemplo, que ciertos caracteres biológicos determinan la moral del individuo o incluso la calidad moral de grupos y pueblos enteros, o que de dichos componentes biológicos se pueden extraer consecuencias políticas.

Punto 42. La práctica totalidad de las tesis que manejan los ideólogos catalanistas son extranjeras, precisamente porque las tesis racistas de finales del siglo XIX no formaban parte de la tradición española, al contrario de lo que sí sucedía en otros ambientes, como por ejemplo los de la Europa protestante.

Punto 43. José Vasconcelos habla de la raza cósmica, pero lo hace en un sentido principalmente cultural, histórico y espiritual, no como una raza biológica cerrada al estilo del racismo científico europeo del siglo XIX.

Punto 44. Vasconcelos sostenía que en el mundo hispánico estaba surgiendo una nueva civilización fruto del mestizaje entre europeos, indígenas, africanos y asiáticos; una síntesis mestiza que, según él, daría lugar a una quinta raza superadora de todas las anteriores.

Punto 45. Vasconcelos defiende el mestizaje frente a doctrinas raciales segregacionistas de su época; es decir, su pensamiento se opone al ideal de la pureza racial.

Punto 46. Pero Vasconcelos no era relativista ni defendía un multiculturalismo igualitario en el sentido moderno. En la Monarquía Hispánica todo estaba dirigido y estructurado según un parámetro que lo ordenaba todo. El mestizaje debía orientarse hacia una civilización superior, hispánica, católica e iberoamericana.

Punto 47. Hay una idea jerárquica y teleológica. No todas las culturas pesan igual en la síntesis.

Punto 48. Se puede criticar a Vasconcelos por su deseo de armonicismo y de misticismo.

Punto 49. El DNI, el Documento Nacional de Identidad, por su propia acción burocrática no determina por sí mismo la condición de español.

Punto 50. El DNI y la nacionalidad no son meros trámites técnico-administrativos, sino el reconocimiento de la pertenencia de un individuo a una determinada plataforma política y cultural específica.

Punto 51. Un DNI no es un deus ex machina que hace de un individuo un español por la sola forma de su acción burocrática. Un DNI reconoce de iure que alguien ya es español de facto.

Punto 52. Respecto de la inmigración, cuando haya que abrir los flujos migratorios por razones prudenciales, aquí tomamos partido sin reservas por el contingente hispanoamericano católico.

Punto 53. Pero antes de abrir fronteras como si no hubiera un mañana, cabe activar planes y programas políticos orientados a incentivar la natalidad, porque sin nacidos no hay nación.

Punto 54. La Hispanidad no es un invento de los hispanistas, sino el resultado objetivo de la acción histórica de España en tanto imperio civilizador católico.

Punto 55. España hispaniza. El imperio griego de Alejandro Magno heleniza. Roma romaniza. El imperio soviético sovietiza, etcétera.

Punto 56. Hispanidad en el siglo XXI son los restos de ese imperio hispánico que ya no existe políticamente, pero cuyas huellas persisten, empezando por la lengua.

Punto 57. Defender la Hispanidad en el año 2026 significa defender la plataforma geopolítica que conforman las distintas naciones herederas del legado hispánico. También significa reforzar dicha plataforma frente a la dialéctica de Estados e imperios del presente: frente a la plataforma angloamericana con Estados Unidos a la cabeza, frente a la plataforma eslava con Rusia a la cabeza, frente a la plataforma asiática con China a la cabeza o frente a la plataforma islámica.

Punto 58. La Hispanidad no es una sustancia armónica ni pura, sino que está gravemente intoxicada en nuestros días por todo tipo de elementos disolventes, al igual que lo está la propia España. Algunos de esos elementos son, por ejemplo, el creciente evangelismo estadounidense, el indigenismo antiespañol y secesionista, el pandillerismo, el narcotráfico, los llamados socialismos del siglo XXI o el sistema de ideologías conocido como wokismo.

Punto 59. Lo único que podría restablecer la fortaleza y la potencia geopolítica de la plataforma hispánica en nuestros días sería el restablecimiento de un eje organizador claro de todo el conjunto, al igual que hizo la Monarquía Hispánica. Esta norma general, común y jerárquica sería la política católica, no el marxismo ni el liberalismo, dos patas de un mismo error resultantes de la ruptura del orden de la Cristiandad y del imperio católico.

Punto 60. Que se pueda o no actualizar en nuestros días la política católica es otro tema. Quizás sea un imposible político en el presente, pero dejo aquí publicadas de forma clara y abierta mis posiciones.

Punto 61. Fuera nacionalsocialismo. Fuera marxismo. Fuera liberalismo. Fuera laicismo. Fuera feminismo. Fuera progresismo. Fuera islam. Fuera protestantismo. Y fuera los liberalprogresistas del seno de la Iglesia católica.

Punto 62. ¡Viva España y viva la Hispanidad católica!