Fundido en negro

26/04.- Los mensajes de varios lectores interesándose por mi salud y extrañados por mi silencio en este blog me habían movido a escribir nuevamente.


Publicado en el número 298 de 'Desde la Puerta del Sol', 26 de abril de 2020.
Ver portada Desde la Puerta del Sol en La Razón de la Proa.

Ya tenía listo el artículo, que giraba en torno a lo sucedido ayer en el transcurso del encuentro con la prensa en La Moncloa. Los lectores antedichos, y tal vez otros, quizás hayan observado que he venido distanciando mis escritos, progresivamente, desde los mandatos de José Luis Rodríguez Zapatero, de infausta memoria.

Y es que yo no soy David, pero «ellos» sí son Goliat. Yo sólo soy un modesto periodista que se esfuerza desde los doce años por describir la realidad tal como la ve, valiéndose de la palabra. Fue entonces cuando mi padre –mi maestro en todo después de Cristo– me compró la Olivetti Studio 45 que conservo como oro en paño. Me imagino que el escritor de la RDA que protagoniza el filme «La vida de los otros» haría lo mismo con la máquina que escondía bajo el parqué para que no la descubriese la Stasi.

Me he ganado la vida, durante treinta y tres años (sí, nuevamente la coincidencia con el Redentor), intentando, con diversa fortuna, hacerme con la verdad y transmitirla. No digo que fuera fácil. Pero sí que nunca fue tan difícil como ahora. Y desde el tsunami de 2008, vivo de mis ahorros, siempre en peligro por la voracidad absorbente de quienes ya sabemos. De ese fruto de mi trabajo y del de mi esposa dependen mis tres hijos, cuyo futuro está hoy más comprometido que nunca.

Mi oficio, como ustedes saben –aunque en general esto parece formar parte de la ignorancia cuidadosamente fomentada por oleadas de políticos demagogos– actúa sobre un alambre que sujetan dos postes: el derecho a la información y la libertad de expresión. Nuestra Constitución habla de ello.

Desde que González perdió las elecciones, allá por 1996, y sobre todo desde que Aznar revalidó su mayoría haciéndola absoluta en 2000, la maquinaria demoledora de la izquierda no ha hecho sino rondar esos postes. Aprovechó el 11-M, y venció. Ahora está aprovechando la pandemia y…

Ante la posibilidad de que los postes no resistan, al menos el de la libertad de expresión, he decidido no seguir peleando contra Goliat. Quienes me siguen saben que me encanta el (buen) cine. Recurro, pues, al socorrido elipsis con fundido en negro.

En mi tierra, hace muy poco que la «acción sindical» también lo aplicaba para llevar a los hogares andaluces su protesta en la televisión autonómica por lo mal que lo estaba haciendo la derecha, frente a los casi cuarenta años de paraíso socialista.

Anuncio, pues, a mis amigos, que, al menos mientras dure este estado oficial «de alarma», con sus monitorizaciones, sus fiscalizaciones y sus sanciones, estarán libres de mis cantinelas. Y después, ya veremos.

En todo caso, mi corazón les queda agradecido y mi mente rendida ante su admirable fidelidad.

Ah, y por si hubiera dudas: ¡Viva España!