Memoria de la Historia

España y la Generacion del 98

Antonio Machado, el poeta favorito de José Antonio según Agustín de Foxá, quien tenía un gran amor a su patria y repetía que había «que defender la España que surge del mar muerto, de la España inerte y abrumadora que amenaza con anegarlo todo»​.


Artículo recuperado de abril de 2020

España y la Generación del 98


Fue Azorín quien acuñó el término Generación del 98, en un artículo que publicó en 1913 en el diario ABC, que pasaría a un grupo de autores que quisieron más tarde que su obra se sumase no solo a los padecimientos por los que estaba pasando corregir la España de aquellos momentos, sino también de encontrar soluciones para frenar el desastre que a nuestra patria se le venía encima porque iba representar, como así fue, un descalabro nacional en casi todos los órdenes.

La cesión de soberanía de las últimas posesiones de Ultramar supuso la práctica desaparición del imperio colonial español. El día 31 de diciembre de 1898 las tropas de Estados Unidos hicieron entrada en la capital de Cuba y al día siguiente en cumplimiento de lo que dispuso el Tratado de París se efectuaron las cesiones de poderes de España a Estados Unidos. Todo había naufragado.

Ramiro de Maeztu no tardaría en escribir: «¿Será posible, madre del Redentor, que España ruede de la decadencia al oprobio y de la ignorancia a la revolución?» Y también añadía en otro momento que «mientras subsista la nación española es preciso que España sea sagrada e inviolable para todos».

Les dolía España como podía dolerles el corazón o la cabeza había escrito Miguel de Unamuno que cada día se sentía «más irreductiblemente español» y más antieuropeo. España significaba para él la cultura que aguza y fomenta la inteligencia, «la lengua castellana es nuestra arma de combate espiritual...». Para Unamuno su España había sufrido mucho de la ligereza y la petulancia ajenas, había tenido que soportar la falsificación sistemática que de su historia y de su pensamiento se había hecho.

O la España de Valle-Inclán, la de sus tradiciones gloriosas que partían del alma de Castilla «... águila de blasón, hierro de lanza y lis de plata...», la que él creía que había sido grande mientras fundó...

Ellos hicieron de todos los males que envolvían a España sus propios males porque creían haber nacido para renovar la patria, para hacer de ella el solar de todos los españoles.

Los españoles éramos para Azorín todo lo pobres y modestos que se quisiera, pero dentro de nuestra modestia teníamos nuestra propia escritura, nuestros investigadores, nuestros artistas y nuestra vida mental. La causa de nuestra decadencia habían sido las guerras, la falta de curiosidad intelectual, la aversión al trabajo y el abandono a la tierra. «¿Dónde está España?». Era la pregunta de Larra, que, según Azorín,... 

«No ha sido contestada todavía. Podemos formular –añadía– esa interrogación a la vista del espectáculo que nuestro país ofrece. Salid de Madrid y encaminaros a un pueblecillo de Castilla, de Levante, de Extremadura... los países no son fuertes ni por sus ejércitos ni por sus acorazados... La fortaleza es una resultante del bienestar y de la justicia social...»

Azorín a quien algunos críticos lo habían definido de anarquista literario, consideraba que la Patria es una creación de la cultura. Y que España era la Península y los veinte pueblos americanos.

«No teníamos –escribía– en ningún momento que aprender nada de Europa... Europa éramos nosotros y no los demás pueblos...». Sólo quería a la España que el alicantino llevaba metida en el corazón, según él mismo manifestaba.

Pío Baroja que había nacido en San Sebastián y que se consideraba muy vasco, arremetía contra los nacionalistas que le parecían productos exóticos y antirraciales porque decían estar oprimidos por Castilla «¡Qué necedad! ¿Dónde está la opresión?», preguntaba el mismo Baroja quien añadía:

«Hasta se puede preguntar: ¿Dónde está Castilla? Porque Castilla tiene menos realidad que cualquier otra región española. El castellano se ha convertido en español y hasta en hispanoamericano; es una lengua tan nuestra como la de los demás españoles, tan del catalán como del gallego o del vascongado... El castellano hoy debe ser el español y hay que romperlo y descuartizarlo, y convertirlo en un idioma lo más perfecto posible, que sirva para la literatura, para la filosofía, para la industria y para toda clase de actividad humana...».

Baroja no esperaba ni deseaba la redención de España ni la quería ver como un país próspero sin unión con el pasado; la prefería ver próspera, pero siendo sustancialmente la España de siempre.

La llevada y traída calumniada Generación del 98 ha amado a España como nadie. «Nos duele España» dijo, y dijo bien, Miguel de Unamuno, como a nadie ha podido dolerle jamás patria alguna... Por otra parte, Antonio Machado, el poeta favorito de José Antonio según Agustín de Foxá, quien tenía un gran amor a su patria y repetía que había...

«que defender la España que surge del mar muerto, de la España inerte y abrumadora que amenaza con anegarlo todo».

«España no es el Ateneo, –decía–, ni los pequeños círculos donde hay alguna juventud y alguna inquietud espiritual... El problema nacional me parece irresoluble por falta de virilidad espiritual; pero creo que se debe luchar por el porvenir y crear una fe que no tenemos. Es un deber... el acudir en defensa de la España futura...».

Pero no parece que todos estén de acuerdo en armonizar este acontecimiento histórico. El catedrático de Literatura, Eduardo Subirats, en un artículo que publicó en el diario El Mundo, hace tiempo, culpaba a los falangistas, de los años 40, de elevar a paradigma el espíritu nacional a través de los autores que ya hemos citado. Sin embargo, otro, catedrático, Ciriaco Morón, dijo que...

«gracias a que Falange fue responsable del programa cultural en España hoy todos reconocen que un primer soplo de libertad existió desde 1940 con la revista Escorial fundada por falangistas...».

Así, pues, como ha escrito Andrés Trapiello: «Vamos a celebrar lo que queda de aquella época: los autores; los escritores...». Y dejemos a Subirats con sus historias.