Historia

Centenario del Partido Reformista

Según los discursos que se oyeron allí, el Partido Reformista asumía la posibilidad de que se democratizara la Corona, de que el poder moderador se aproximara al pueblo para apoyarse en su voluntad.


Artículo publicado en Cuadernos de Encuentro, núm. 147, de Invierno de 2021/22. Ver portada de Cuadernos en La Razón de la Proa (LRP). Recibir el boletín semanal de LRP.

Centenario del Partido Reformista


El 7 de abril de 1912, que era Domingo de Pascua, se ofreció un banquete al diputado Melquíades Álvarez en lo que hoy se llama Palacio de Velázquez, en el Parque del Retiro. Asistieron unos quinientos comensales de muchas provincias, mientras se agolpaba en el exterior una gran muchedumbre. Los oradores, tanto Gumersindo de Azcárate como Melquíades Álvarez, insistieron en que pretendían organizar a los diversos grupos de prosélitos y ofrecerles un programa para la transformación política del Régimen. Tal organización se configuró como el Partido Republicano Reformista.

No se trataba de una improvisación. El sistema político de la Restauración y el turno de conservadores y liberales había agotado sus virtualidades y la descomposición de los dos partidos oficiales –plana mayor sin soldados que nutran sus filas, como había dicho Canalejas ya en 1901– hacía imposible la estabilidad, máxime cuando el Rey «parecía solazarse –según el Conde de Romanonescon el frecuente cambio de las personas en quienes depositaba, más o menos completamente, su confianza». Abril de 1912 era un momento oportuno para la fundación del Partido Reformista.

El 14 de enero del año siguiente se celebra la histórica entrevista de Alfonso XIII con Azcárate que al salir de Palacio pronuncia su famosa frase: «Salgo de Palacio tan republicano como entré, pero creo que han desaparecido los obstáculos tradicionales» lo que se tradujo en el sentido de que los republicanos estaban dispuestos a colaborar en toda obra de paz y prontos a creer en los propósitos del Rey de democratizar la Monarquía. De ahí que en el mes de octubre se produjera un verdadero acontecimiento, que es la consagración del Partido Reformista como una de las fuerzas que pretenden configurar decisivamente el futuro de España. Me refiero al banquete al que asisten cerca de dos mil comensales en el Hotel Palace el 23 de octubre de 1913.

Según El Liberal del día siguiente, «estaban allí la mentalidad, la riqueza, el comercio, la industria y la actividad de la Nación. Por veintenas se contaban los profesores de Universidad, Institutos y Escuelas, los abogados, los ingenieros, los médicos, los banqueros, los fabricantes, los publicistas»... «Desde ayer hay en España una esperanza y, para la Democracia que no se paga de las formas sino de las esencias, un programa, una fuerza, un instrumento y un hombre».

No había en las palabras del cronista ninguna clase de exageración. Habían asistido a aquel banquete Pérez Galdós, Manuel Azaña, José Ortega y Gasset, Manuel García Morente, Fernando de los Ríos, Américo Castro, Teófilo Hernando, Augusto Barcia, Gustavo Pittaluga, Federico de Onis, Rafael María de Labra, Pedro Salinas, Adolfo Posada, Víctor Ruiz Albéniz y un interminable etcétera.

Según los discursos que se oyeron allí, el Partido Reformista asumía la posibilidad de que se democratizara la Corona, de que el poder moderador se aproximara al pueblo para apoyarse en su voluntad. La invocación final de Melquíades Álvarez fue literalmente ésta: «Tenga presente (el Rey) que si acepta estas reformas, que si no es obstáculo a estos ideales, nosotros podemos darle la savia que lo vigorice; y si por desgracia esto no es posible, en el ambiente del país surgirá, para daño de todos, de la libertad y del progreso, el espectro revolucionario».

En el transcurso de ese banquete se repartieron también las hojas de propaganda de la «Liga de Educación Política Española” en la que se integraban, con Ortega y García Morente varios de los nombres ya citados más Salvador de Madariaga, Luis Fernández Ardavin y Antonio Machado.

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