Nuestra memoria

Anecdotario del "Cara al sol"

La idea del Fundador de cómo debía ser el himno de la Falange la recoge Francisco Bravo en su libro: José Antonio nos dijo: Siempre he dicho que nuestro himno no será engolado ni excesivamente solemne. La juventud de nuestro Movimiento exige que cantemos una canción alegre, risueña, exenta de odio para los que nos combaten. Una canción de guerra y amor. Haremos una estrofa a la novia, otra a los caídos por nuestra España y una que remate con aire seguro de triunfo.


Artículo recuperado de La Razón de la Proa (LRP), publicado el 1/01/2020. Recibir el boletín semanal de LRP (servicio gratuito).

La iniciativa

En  su libro José Antonio, el hombre, el jefe, el camarada, nos cuenta Francisco Bravo:

El 17 de noviembre de 1935, en el mismo cine de Madrid, donde doce mil camisas azules habíamos ovacionado hasta el delirio a José Antonio –espectáculo inolvidable–, yo le dije al Jefe:

Imagínate lo que sería el final del mitin si, además de este bosque juvenil de brazos en alto, un coro ardiente y unánime hubiese cantado un himno de combate y esperanza.

Te aseguro que vamos a hacerlo enseguida, voy a reunir a una escuadra de nuestros poetas y hasta que no lo tengamos no los suelto. Te doy la seguridad de que, muy pronto, nuestros muchachos han de tener una canción de guerra y de amor. Porque no quiero que el himno sea demasiado pretencioso.

Probablemente antes de ese acto, ya bullía en la cabeza del Jefe la conveniencia de disponer de un himno propio, pero, lógicamente, la concentración de varios miles de camisas azules en ese mitin de Madrid, tenía que crear un ambiente de exaltación que puso en evidencia su necesidad. En aquel momento afloró la voluntad de José Antonio de disponer del himno que él siempre definió como canto de guerra y amor.

Pocos días más tarde, concretamente el 2 de diciembre, después de haber asistido al estreno de la película La bandera en un cine de la capital de España, se reunieron en casa de Mª Jesús Mora, José Antonio, Rafael Sánchez Mazas, José Mª Alfaro y Dionisio Ridruejo. Allí acordaron encontrarse, al día siguiente, en la cueva del Or-Kompon para poner manos a la obra. José Antonio les advirtió con su fina ironía al despedirse: Si falta alguno mandaré que se le administre ricino.

La idea del Fundador de cómo debía ser el himno de la Falange la recoge Francisco Bravo en su mentado libro:

José Antonio nos dijo: Siempre he dicho que nuestro himno no será engolado ni excesivamente solemne. La juventud de nuestro Movimiento exige que cantemos una canción alegre, risueña, exenta de odio para los que nos combaten. Una canción de guerra y amor. Haremos una estrofa a la novia, otra a los caídos por nuestra España y una que remate con aire seguro de triunfo.

La escuadra de poetas creadores del Cara al sol estaba formada por el propio José Antonio, José Mª Alfaro, Agustín de Foxá, Dionisio Ridruejo, Pedro Mourlane MichelenaRafael Sánchez Mazas y el marqués de Bolarque, junto al maestro Tellería, autor de la música. Cuando salían del Or-Kompon, más allá de las dos de la madrugada, había nacido ya el Cara al sol.


El autor de la música.

Juan Tellería Arrizabalaga, como muy bien delatan sus apellidos, era vasco, nacido en el pueblo de Cegama, Guipúzcoa, el 12 de julio de 1895. Fue compositor profesional. Como quiera que a los 7 años se quedó huérfano de padre y madre, se hizo cargo de él y de sus cuatro hermanos, su tío Baldomero Tellería, sacerdote, con el que aprendió solfeo, piano y armonía. El año 1919 se trasladó a estudiar a París, y más tarde a Alemania, regresando a España en 1925.

A lo largo de su carrera profesional obtuvo grandes éxitos con diversas obras líricas, pero su creación más universal fue Amanecer en Cegama, es decir, la música que posteriormente se conocería con el título de Cara al sol, que él había compuesto inicialmente como aire popular dedicado a su pueblo natal. Así, cuando aportó su partitura para el himno de la Falange, ya hacía más de tres meses que la había compuesto.

En efecto, José Antonio ya había oído la música previamente, pues su autor coincidió con él y otros camaradas en una cena en casa de Bolarque, y, al finalizar la misma, Tellería se sentó al piano y ejecutó algunas estrofas de la canción. A José Antonio le entusiasmó la música. Nuestro compositor contaba en un artículo suyo, publicado en Solidaridad Nacional, de Barcelona, el 16 de mayo de 1939, que, poco después de liberarse su pueblo, volvió a él, y, escudriñando su memoria, escribe:

Fue aquí en esta misma iglesia parroquial, en este mismo coro, en este mismo órgano donde yo escribí la música del Cara al sol, que más tarde había de ser el canto de guerra y de paz

Al finalizar la Cruzada, nuestro compositor continuó aportando su arte musical al servicio de España y la Falange. Compuso la música del Canto de la División Azul, y, ocupando el puesto de jefe del Servicio Nacional de Música del Frente de Juventudes, Juventud Española, Marchan las Nuevas Juventudes, En marcha las Centuriasentre otras.

Tan apreciado fue Tellería por sus camaradas que, a finales de marzo del año 1940, un grupo de ellos, superior a un centenar, decidieron regalarle un piano de cola. En el acto de entrega, el maestro interpretó en el piano el Cara al sol, que fue coreado por todos los presentes.

Nuestro compositor murió relativamente joven, el 25 de febrero de 1947, a los 54 años de edad. Fue enterrado en su pueblo natal, Cegama, donde el Ayuntamiento le erigió un busto como recuerdo por sus méritos. Sin embargo, el año 1969 la incipiente banda terrorista ETA atentó contra ese humilde monumento.

Estaba claro que repudiaban a un auténtico vasco que había cometido el “delito” de componer la música de un himno que él siempre se empeñó en llamar de guerra y de paz.


Las vicisitudes legales

Una vez finalizada la tarea creadora se tuvo que inscribir el nuevo himno en el registro correspondiente de la SGAE, lo cual se hizo a nombre de un afiliado del SEU llamado Carlos Juan Ruíz de la Fuente.

Poco tiempo después, llegó la feroz persecución de la Falange y, al carecer de una edición impresa o fonográfica –puesto que ninguna editorial quería arriesgarse a su publicación–, el himno fue sufriendo modificaciones involuntarias que, en algunos casos, lo hacían irreconocible.

Cada provincia y aún cada localidad empleaban un estilo distinto. Incluso la letra sufrió mutilaciones y cambios, algunos voluntarios y otros no. Dionisio Ridruejo escribió a este respecto en la revista Fotos de septiembre de 1937:

A mí me pilló la insurrección en Segovia. Hasta allí llegaron camaradas de Valladolid que entonaban el Cara al sol con un aire que no era el ortodoxo. Y cuando supo de mi desesperación mi hermana Angelita, que guardaba una copia del original regalada por Pilar Primo de Rivera, la sacó del escondite donde había desafiado los registros policiacos y me la entregó. Salí a toda prisa para Valladolid y allí se reeditó, tal como el músico la había compuesto y nosotros adaptado la letra.

Curiosamente, el mes de abril del año 2000, una casa de subastas de Madrid sacó a licitación un ejemplar, que se decía original, de la partitura del Cara al sol.

En este caso el Estado español estimó oportuno adquirir tal documento, por 2.100.000 Ptas., para depositarlo en la Biblioteca Nacional. Pero, pocos días más tarde, respondió la SGAE que la partitura original se encuentra –como es lógico– guardada en sus archivos, en una caja fuerte junto a otras obras de distintos compositores. De lo que resulta que el Estado compró en subasta una copia manuscrita del original, de las que tan necesitada estaba la Falange en 1936.


El Cara al sol comienza su vida

En todos los textos que tratan el tema se hace constar que la primera vez que los falangistas cantaron en público, en un acto político, el Cara al sol, fue en la clausura del gran mitin del cine Madrid, el 2 de febrero de 1936. Pero, aunque no con el mismo carácter multitudinario, hemos descubierto que la primera vez que un grupo de falangistas entonó su himno fue el 29 de diciembre de 1935, en el pueblo de Quintanar del Rey (Cuenca). La cosa fue así:

José Antonio ese día se encontraba en la localidad en un acto de propaganda falangista. Se celebró el mitin y después, paseando por las calles, acudieron José Antonio y los mandos provinciales y locales al mesón denominado del Zurdo. Se dio cuenta de unos gazpachos con pollo y cordero frito y, al finalizar la comida… pero, dejemos que nos lo cuente el camarada Francisco Valencoso López, que estaba allí:

De pronto José Antonio, al que se notaba muy contento, sin duda por el feliz desarrollo del acto, preguntó de repente: ¿no hay ningún músico entre vosotros? Yo, como verdaderamente lo era, aunque aficionado, contesté: yo toco un poco el clarinete. Muchos rieron al oírme, pero rápido José Antonio, atajó las posibles ironías. “Magnífico, dijo: tráelo enseguida”. Mandé a mi primo a mi casa a por el instrumento y al volver y dármelo, José Antonio dijo: “Os voy a enseñar una canción de amor y de guerra que hace unos días hemos hecho en Madrid” “Por cierto, que no se ha cantado aún en ningún acto.”

En efecto, tal como se ha dicho, al margen de la anécdota de Quintanar del Rey, el día 2 de febrero de 1936, se cantó por primera vez el Cara al sol en un acto político público, al que asistieron alrededor de doce mil personas, entre las cuales estaba Jesús Mencia, falangista de la primera hora que nos confiesa:

Aún no sabíamos bien su letra y cantamos muy desafinadamente, pero la calle de Bravo Murillo con sus tenderetes y sus bares, sus balcones abiertos a la curiosidad de nuestro mitin, sus obreros y “chíribis” endomingados, sus personajes arnichescos, sus tranvías tintineantes, sus raterillos, sus pícaros… todos ellos supieron de unos cientos de muchachos que daban al aire crudo del invierno ése himno de eterna primavera.

Como es natural, pronto se difundió entre los falangistas de toda España la existencia del nuevo himno. En fecha tan temprana como el 10 de diciembre de 1935, es decir, siete días después de su creación, el jefe provincial de Baleares remitió una carta al secretario general de F.E. solicitándole, entre otras cosas, la remisión de un disco del Movimiento y la letra y música escritas.

Raimundo Fernández-Cuesta le contestó, el 16 del mismo mes, diciéndole:

Disco del himno del Movimiento no se te puede enviar, porque aún no existe.

El 14 de abril de 1936 los camaradas de Baleares siguen reclamando por escrito al secretario general: Mandad la música del Himno de nuestro Movimiento. Lo cierto es que no sabemos cuándo consiguieron los camaradas isleños aprender el Cara al sol.

Sin embargo, sí hemos sabido que el SEU de Gerona, aprovechando el alta de veintidós nuevos afiliados, realizó un acto donde los nuevos camaradas prestaron juramento, entre las ruinas del histórico castillo de Montjuich de dicha capital, cantándose al finalizar la ceremonia, por primera vez en la provincia, el himno del Movimiento.

No hemos podido conocer cuando y en qué ocasión se cantó por primera vez el Cara al sol en Barcelona; únicamente contamos con el testimonio de Manuel Tarín Iglesias que, en su libro Los años rojos, narra las peripecias de su escuadra juvenil y dice:

Aquel anochecer del 13 de julio [de 1936] con Tamborero, Pérez, Ortigosa, y algún otro, cantamos por vez primera el  Cara al Sol aprendido recientemente.

Si bien podemos suponer que su divulgación fue relativamente lenta –teniendo en cuenta los medios disponibles– no es menos cierto que, poco a poco, fue llegando hasta ámbitos insospechados. El hecho del estallido de la Guerra de Liberación aceleró su difusión.

En el Diario Español de Buenos Aires, del día 17/09/36, se publicó en portada la letra y la música del himno falangista. Poco después, el 1 de octubre, el diario Crisol, de la misma capital, reprodujo la letra. Ello sirvió para que el día 22 de noviembre de 1936, en la ciudad de Buenos Aires, se pudiera cantar, por centenares de voces, el himno falangista públicamente. Ese canto multitudinario tuvo efecto por motivo de celebrarse un homenaje a España. Al respecto, escribe José Luís Jerez Riesco:

Tras el emocionante y patriótico acto del teatro Coliseo, se hizo conocer ante el auditorio, que quedó consternado, por los organizadores e intervinientes, con un nudo en sus gargantas la terrible noticia del asesinato de José Antonio y al terminar de ejecutarse el Himno Nacional Argentino y la Marcha Real española; cuando callaron los aplausos y los vivas, todo el público, en píe, con el brazo en alto, pidió el himno de la Falange Española. Al acto, que finalizó pasadas las 1,30 horas de la madrugada, concurrieron más de seis mil personas y fue el primer “¡Presente!” en el mundo que se dijo al invocar el nombre de José Antonio.

Poco después, para divulgar el himno de F.E., los camaradas de Buenos Aires, en su sede, vendían el disco del Cara al Sol al precio de tres pesos. Pero, para que eso fuera posible, tuvieron que ocurrir otras cosas previamente.


La grabación fonográfica

Seguramente a nadie le sonará el nombre de Rogelio García Castelló; sin embargo este camarada valenciano fue quien impulsó y financió la grabación del primer disco del himno falangista. Hay que remitirse a las Obras Completas de Concha Espina (Pág. 802-804) para conocer los detalles del mecenas y su acción.

En síntesis: se trataba de un comerciante de frutas valenciano que se había establecido en Berlín a la edad de 25 años, y ya contaban diez sus oficinas y mercado en la Alexanderplatz.

Estalló el Alzamiento y entonces abrió sus oficinas a los falangistas, con prudente secreto, porque Alemania aún no había reconocido al nuevo Estado español. Allí daba dinero a los combatientes para volver a España, y a costa del mecenas valenciano se impresionó el disco que habría de resonar en Burgos por primera vez con el Cara al sol.

Un español, antiguo maestro de baile residente en Alemania, Juan Llosas, orquestó e instrumentó aquella música en el estudio gramofónico, dirigiendo una banda alemana de aviación, cuyo himno estuvo impresionado al reverso del canto falangista.


El papel de Miguel Fleta

Si bien es cierto que gracias al disco de Rogelio se consiguió una importante difusión de la canción de la Falange, no lo es menos que quien popularizó la misma fue el tenor Miguel Fleta.

Nacido en Albalate de Cinca (Huesca) el 01-XII-1887 y fallecido en La Coruña el 28-V-1938, con solo 51 años, Miguel era el último de una familia de catorce hijos. Su nombre completo era Miguel Burro Fleta. Sus primeros pasos musicales fueron en la rondalla del pueblo. Decidida su vocación musical, pasó al Conservatorio Isabel II, de Barcelona. Debutó en Milán en 1919 y en 1923 en el Metropólitan de Nueva York. En sus giras artísticas durante los años 20 llegó hasta China y América del Sur. Su voz excepcional de tenor cubría desde el barítono hasta el tenor y estaba dotado de un prodigioso “aire”. Fleta, en aquel momento álgido de su carrera, era el cantante ideal para dotar de prestigio y calidad a la canción de la Falange.

Aunque, al igual que su agitada vida profesional, Miguel había tenido vaivenes políticos, que le llevaron a grabar piezas tan contradictorias como La Marsellesa y el Himno de Riego; e incluso lo menciona el general Mola, en sus memorias, como uno de los conspiradores de París que, junto con el agente cinematográfico Froilán Rey y otros, socavaban la monarquía española. Lo cierto es que su afiliación a Falange Española en julio de 1936 fue efectiva y militante, grabando una versión del Cara al sol que, como hemos dicho, consiguió la popularización del himno falangista.


En las cárceles y trincheras

A veces surgen canciones que llenan el alma, que dan coraje, fortalecen el espíritu, que permiten mirar ilusionadamente el futuro… son como un alimento y una promesa. Eso es lo que sentía nuestro camarada Manuel Tarín Iglesias cuando en plena guerra en Barcelona para no desmoralizarme, a la anochecida salía al balcón de la calle de la Cruz de los Canteros y cantaba muy bajito, para mí, el Cara al Sol y pensaba que no todo había fenecido.

Bien cierto es que el himno de la Falange cumplió con el lema que le asignara José Antonio: canción de guerra y amor, porque, cuando no se tuvo más arma que la voz, los falangistas pasaban a la ofensiva con su canto guerrero. En multitud de ocasiones fueron utilizadas sus estrofas como ariete impetuoso frente al enemigo. Nos cuenta David Jato:

A las ocho y media, constituido el tribunal, su presidente anuncia “audiencia pública”. Entonces desde las ventanas de la galería próxima [cárcel Modelo de Madrid] llegan las voces que cantan un himno –decía ABC– en total desacuerdo con la ocasión. Evidentemente, se trataba del Cara al sol.

A raíz de los famosos “hechos de mayo” de 1937, en Barcelona, se poblaron las cárceles de presos anarquistas. El 2 de septiembre de dicho año, en la cárcel Modelo de la Ciudad Condal, viéndose fuertes por su número, los ácratas se lanzaron a cantar canciones revolucionarias desde sus celdas.

En la galería tercera, poblada por militares y paisanos condenados por la sublevación nacional, al oír las voces anarcosindicalistas, toleradas por oficiales y guardianes, se pusieron a entonar el himno de la Falange. Ello supuso, como era de esperar, la apertura de un nuevo sumario para muchos de ellos, pero los vecinos tomaron buena nota de que allí no mandaban ellos.

Canto de amor. En esto se convertía el Cara al sol cuando se dedicaba a los que iban a morir, a los que eran conducidos al cadalso. Y eso es lo que ocurrió tantísimas veces durante el terror rojo.

El 11 de agosto de 1938, en los fosos de Santa Elena del castillo de Montjuich de Barcelona, fueron fusilados 64 patriotas. Cuando salían de la cárcel Modelo los condenados a muerte, en muchas celdas, firmes los presos, se cantó el Cara al sol y se lloró de rabia, de impotencia, de tristeza.

Cuando la Falange decidió sumarse al Alzamiento, a la sublevación, lo hizo con poca cosa, con lo que tenía: efectivos humanos en los lugares donde se produjo el levantamiento militar y civil, soporte ideológico y su himno, el Cara al sol.

Y este bagaje fue suficiente para escribir verdaderas páginas de heroísmo. Así ocurrió tantísimas veces durante nuestra guerra y en las tierras de Rusia, donde la División Azul resistía y atacaba cantando –más bien gritando– el himno de la Falange.

Nos cuenta Francisco de Cossio la impresión que le causó nuestro himno, en cierta ocasión, muy cerca del frente de guerra:

Es la hora del rancho, y de un corralón próximo brotan en coro las voces frescas, juveniles, que entonan el himno de la Falange. No vemos a los cantores, y el sonido y vibración de su cántico, lo sentimos como si descendiese del cielo. Abrimos la mano y extendemos el brazo, y yo siento que las lágrimas me corren por el semblante.

Pero quizás el más sublime y estremecedor Cara al sol que se entonó nunca fue el que cantó la dotación del crucero Baleares cuando, estando el buque semi hundido, agrupados en la parte de cubierta que todavía se hallaba a flote, brazo en alto, los ojos muy abiertos en la noche de fuego, las gargantas desgarradas de los que sabían su muerte próxima, después de rezar, entonaron el Cara al sol que, en aquel caso, era también oración fúnebre.

Eso ocurría ante los ojos atónitos de los marinos ingleses del destructor Boreas de la armada británica que había acudido a auxiliar al Baleares. En el hundimiento del crucero murieron 788 hombres. Pocos días después, el comandante Eaton del Boreas declaró a un redactor del diario F.E. de Sevilla:

Gran número de tripulantes, agrupados a popa, a donde las llamas comenzaban ya a llegar, entonaban, brazo en alto, un himno patriótico, revelando admirable estoicismo.

Y nosotros nos preguntamos: ¿qué tendría aquel himno para conseguir tan épicas conductas? José Mª Alfaro, uno de los creadores del Cara al sol, nos dice:

No podré nunca olvidar la canción de aquellos días –menos aún– la fuga a la esperanza que nuestro canto representó entre los hierros de las cárceles, las crueldades de las checas y el plomo de los asesinos. Casi con angustia lo he oído cantar en los más difíciles trances, y de tal manera lo he sentido entrañado en los que lo cantaban que llegaba a brincarme en la sangre como viento nuevo.


Canto nacional

Pero el Cara al sol no solo echó raíces entre los falangistas y los combatientes nacionales en general. También, muy pronto, en la retaguardia rebelde se hizo popular, de tal forma que, a falta de letra del Himno Nacional, el canto de la Falange lo sustituyó.

Espontáneamente, en cualquier acto patriótico o popular, el pueblo recurría al Cara al sol para exteriorizar su sentimiento. Y lo mismo podía servir para celebrar una victoria de las armas que para una conmemoración histórica, una fiesta lugareña… o la más sentida despedida a los muertos.

Tal fuerza y expansión tuvo el canto de la Falange que, por Decreto de veintisiete de febrero de mil novecientos treinta y siete, se declaró Canto nacional, junto con el Oriamendi y el Himno de la Legión. Indicando la norma que debían ser escuchados en aquellos actos en que se toquen, permaneciendo de píe como homenaje a la Patria y en recuerdo de los Caídos.

Posteriormente, como consecuencia de los grandes cambios políticos derivados de la II Guerra Mundial, el Gobierno consideró oportuno derogar el citado Decreto.


La letra en diversos idiomas

Decíamos que el canto Falangista había tenido una gran expansión y arraigo popular, pero eso, que sucedió principalmente en España, también alcanzó algunos países extranjeros donde la colonia española nacional era relativamente importante y, sobre todo, activa. La organización de la Falange Exterior impulsó las relaciones con otras entidades políticas extranjeras, más o menos afines y, en muchos casos, se pudieron conseguir colaboraciones fructíferas; como, por ejemplo: la edición del Cara al sol en el idioma del país. Así, tenemos conocimiento de que existen letras traducidas a los siguientes idiomas:

  • Inglés.- La traducción y difusión de esta versión se debe al impulso prestado por el fundador del Partido Fascista Inglés Sir Oswald Mosley, en tiempos de la Guerra de Liberación.
  • Italiano.- Los combatientes del CTV que estuvieron en nuestro país durante la Cruzada lo aprendieron de sus camaradas españoles, y ellos se encargaron de traducir la letra y difundirlo por Italia.
  • Alemán.- Algo parecido ocurrió con la versión alemana, trasladada al idioma de Goethe por los combatientes de la Legión Cóndor. Aunque, también nuestros camaradas de la División Azul ofrecieron una versión en alemán, publicada en su periódico Hoja de Campaña Nº 46, de fecha 29 de octubre de 1942.
  • Árabe.- El himno de la Falange fue traducido al árabe en 1936. No se sabe quien lo tradujo, ni quien lo enseñó a la población autóctona, pero sí se conoce el hecho de que fue cantado en árabe, por las mujeres musulmanas para despedir a sus maridos, al salir el Convoy de la Victoria de Ceuta.
  • Japonés.- En Internet aparece una reseña que informa: La transcripción al japonés de la letra del Cara al sol y su representación cantada por un tenor coreano e interpretada “por una bailarina de bastante renombre”[…] Debió resultar impactante el Cara al sol para los japoneses, pues según el jefe falangista, revistas, organizaciones juveniles y exploradores de aquel país cantaban el himno. Parece ser que la difusión del canto corrió a cargo de la Sociedad Hispano-Japonesa de Tokio durante el año 1939.
  • Catalán: Curiosamente también existe una versión de la letra en catalán que, de momento, se ignora su autor. Aparece en el amplio “mundo” de Internet.

Pensamos que es posible que existan versiones de la letra en otros idiomas, pero, por el momento esto es lo que hemos podido encontrar.


Las versiones musicales

Sabemos de 18 diferentes. La más antigua que se conoce, grabada en disco, es precisamente la que se impresionó en Alemania a finales de 1936 o principios de 1937, y fue instrumentada por Richard Schönian, y ejecutada por una banda militar de Aviación de dicho país.

Esa es, precisamente, la primera grabación que se hizo en el mundo del canto Falangista, titulado en la carátula del disco: “Himno de Falange Española de las JONS”. Como se ha dicho anteriormente, esa grabación fonográfica la financió nuestro camarada residente en Berlín Rogelio García Castelló.

Como curiosidad, tenemos que hacer mención de la versión “pop” que se editó en el año 1974. Acostumbrados a las versiones marciales y solemnes, muchos falangistas no la aceptaron y quisieron prohibir su difusión, aunque no se titulaba Cara al sol.

Por lo visto, el editor ya previó problemas y optó por titularla Amanecer, quizás en recuerdo del primer título que le puso su compositor, Amanecer en Cegama. El cantante se llamaba Juan Erasmo Mochi. Lo cierto es que no llegó a prohibirse, pero se restringió su difusión, pues, tanto la Hermandad de la Cruzada, como de la División Azul acudieron a visitar al ministro Secretario General del Movimiento, José Utrera Molina, para manifestarle su disconformidad porque el Ministerio de Cultura había autorizado su grabación y difusión. A esta protesta se sumó el almirante Pita da Veiga. Pero lo cierto es que las bases jóvenes del Movimiento no ofrecieron resistencia. Es más, lo estimaron moderno pero respetuoso.

Ya que tratamos de versiones musicales, no deja de tener gracia lo que nos cuenta el ingenioso Agustín de Foxá.

Dice que después de la entrevista que sostuvo el Caudillo con Mussolini en Bordiguera, pasó la noche en “Villa Margarita” y, al día siguiente, de buena mañana, se despidió del embajador de España y altos funcionarios, inicianhdo su retorno por la “Riviera” en automóvil y, pasando por Francia, las Fuerzas Francesas habían tocado el himno de la Falange. Exclama Foxá:

¡Cómo cambian los tiempos; los antiguos soldados del Frente Popular tocando el Cara al sol!

Ponemos, como final de este capítulo, una emotiva anécdota que tiene que ver con las versiones del Cara al sol. Se trata precisamente, de la que José Antonio hizo, personal y especialmente, para su amiga Myrtia de Osuna, la gentil recitadora azul. Pero, dejemos que ella nos lo cuente:

Salíamos de una reunión literaria. José Antonio propuso, como otras veces, que nos fuésemos a descubrir calles nuevas a la luz de la luna ¡Aquel Madrid viejo al que nos encaminábamos, siempre tenía secretos por descubrir en las noches claras!... Y en aquel ambiente, José Antonio me cantó por vez primera el Himno de la Falange. Extendió el brazo, y “sotto voce”, con esa voz suya dulce y encalmada nos fue entonando las estrofas de amor y de guerra. Parecía que tomaba vida, en su palabra, la novia que bordaba las flechas pensando en el amado, que la Muerte se acercaba con la suavidad de una caricia, que desfilaban ya con alegre paso de paz, las banderas  enguirnaldadas de rosas… ¡Así no volveré a oír la canción de la Falange


Algunas opiniones

Difícil resulta para un enamorado del Cara al sol hacer una valoración ecuánime del mismo. Pero nos valdremos de algunas opiniones ajenas que nos permitan una aproximación. Para ello, acudimos a la tecnología del mundo de hoy. Según leemos en la página web de la CENS:

Está reconocido por la práctica totalidad de los tratadistas especializados en estos temas, que la canción del “Cara al sol”, por su música y por el mensaje que encierra su letra, se encuentra entre los grandes himnos que han movilizado y movilizan, enardeciéndolas a las grandes multitudes, a tal punto que es parangonable, incluso con ventajas a “La Marsellesa”, “La Internacional” o “A las barricadas”.

Diálogo entre internautas:

Me encontraba haciendo mi propia antología de canciones relativa a la Guerra Civil Española cuando la poseedora del “Cara al sol” me interrogó, “¿bajas esta canción porque es buena o porque es fascista?” Tuve que contestar que lo mismo estaba bajando “A las barricadas”, que el “Himno de la II República”, que el himno fascista. Ella me informó que es la canción que más han bajado de su servidor; superando, por mucho a otros himnos con implicaciones ideológicas como “La Internacional”.

Nota de un joven internauta mejicano (03-05-2010):

Bueno pues hoy venía en el pecerdo (como comúnmente le llamamos al transporte público de México) después de la escuela aburrido como siempre, escuchando a Rebelson y sus canciones que dicen mucho “fuck” y “Texas”, entonces en esos momentos se subió una chava como de mi edad (que lo más seguro es que vaya a la escuela conmigo) y se sentó junto a mí, la volteé a ver y no le di importancia; el recorrido continuó y la música seguía corriendo como siempre (RAC, Alfredo Kraus, Blakmetal…) y entonces comenzó a sonar aquel himno del pasado que nos es tan presente, el gran “Cara al sol”, me di cuenta que era tiempo de bajar, la chica de mi lado también se bajó y decidí cruzar la avenida para tomar un taxi…


Cara al sol como canción de éxito en Internet:



Escenas de la pelicula El Alcazar no se rinde, en las que cantan el Cara al sol como muestra emocionada de saberse que pronto iban a ser liberados.


Cara al sol interpretado por el tenor Antonio Guirao


La versión "pop" del Cara al sol grabada en 1974


Una versión "palaciega" del Cara al sol