Crítica literaria

Fracasología

Una parte importante de nuestras élites intelectuales y políticas más prestigiosas considera que España no solo tiene una historia desastrosa de la que hay que avergonzarse, sino un núcleo profundo (castizo) que es moralmente inferior al de otros países de su entorno.

La lectura de Fracasología, así como de su precedente Imperiofobia, es fundamental para todo español que quiera adentrarse en su historia, con independencia de lo que postulen las tendencias oficialistas y, por ende, sumisas a las versiones interesadas.

Fracasología


Tras el impacto de su libro anterior, Imperiofobia, que se intentó contestar, sin éxito, desde las trincheras de lo políticamente correcto, la profesora Roca Barea publica ahora lo que puede considerarse su continuación lógica, Fracasología, que, más que referirse al problema de España –común al de otras naciones– contempla el problema de las élites de España, que, desde el siglo XVIII, vienen asumiendo los tópicos de la Leyenda Negra.

Esta actitud puede considerarse como una interiorización, casi patológica, de la propaganda antiespañola vertida desde el extranjero, no quizás como conspiración, pero sí –según la autora– como recurso psicológico de transferencia de culpa por parte de los países o personajes que nos vituperan.

El aspecto quizás más grave es su repercusión en la educación y en la enseñanza, incluida la universitaria, pues muchas generaciones de españolitos han sido abducidos a contemplar nuestra historia desde los prismas de la decadencia (no de la derrota), de nuestra supuesta incapacidad para la ciencia y el progreso, desde un marcado complejo de culpabilidad y de la inferioridad y desde un pesimismo atroz.

El impecable análisis histórico del libro parte del cambio de dinastía a la muerte de Carlos II, con detalle en aquellos Tratados de Partición de nuestro territorio que firmaron las potencias extranjeras, la entronización de Felipe V y la sumisión absoluta a los designios de su abuelo Luis XIV, verdadero rey de España (el de Anjou escribió textualmente: Os mando que obedezcáis las órdenes que su Magestad Cristianísima os diera en mi nombre).

Los voceros de la nueva dinastía se aplicaron a continuar y ampliar la Leyenda Negra contra los Habsburgo, utilizados como guerra psicológica en el siglo XVII por la Alemania protestante, por Inglaterra y por los orangistas y calvinistas. Si casi ningún intelectual había levantado entonces su voz para defender a España, acaso por desprecio a las críticas, ahora existe una verdadera y abyecta subordinación cultural ante todo lo francés, que acepta las barbaridades antiespañolas de Montesquieu, Voltaire, Montaigne… como dogmas de fe.

La situación se va manteniendo a lo largo del tiempo y, a vez, se da en nuestra historia un proceso de feudalización o particularismo, común a la España peninsular y a la España americana que aún no se ha detenido, y al que dedicará la profesora Roca los capítulos finales (decisivo el capítulo 12: Nacionalismo y balcanización).

Aquellos intelectuales del XVIII fueron afrancesados, y es curioso que solo existan en España y no en otras naciones; desde el punto de vista literario, dice la autora con gracejo que tengo para mí que uno de los objetivos de los afrancesados era matar al país de aburrimiento.

El libro dedica numerosos comentarios sobre Hispanoamérica, rescatando del olvido o del silencio episodios y situaciones que desconocen los estudiantes españoles, como el apoyo de los indios a los realistas o el victimismo criollo, paralelo al peninsular.

En la actualidad, se ha caído en la disparatada confusión entre lo que fue el Imperio español y el colonialismo decimonónico de otras potencias, y ningún español ha osado airear las atrocidades de holandeses, belgas, franceses e ingleses en sus respectivas expansiones.

En el XIX, el afrancesamiento fue sustituido por una sumisión ideológica a lo alemán, como en el caso de la influencia de Max Weber y sus falsas y retorcidas teorías sobre el supremacismo de las áreas protestantes sobre las católicas en avances científicos y económicos por razones teológicas.

Llegando a la actualidad, se constata el fenómeno del indigenismo, que pretende hacer tábula rasa de la herencia hispana, secundado por la soberbia anglosajona o por la estupidez criolla de un López Obrador.

Por ejemplo, quienes ocasionaron el genocidio indio en California fueron los yanquis, una vez robado el territorio a México, y tampoco fueron españoles (ni indios) quienes inventaron el negocio de cortar caballeras…

En las conclusiones finales, la autora resalta el potencial de la Hispanidad, así como una lógica propuesta de reforma de la actual Constitución para contener la debacle histórica que supone el sistema autonómico.

Algunas humildes objeciones puede aducir este comentarista a la obra, fabulosa por otra parte; así, la drástica separación que hace la autora entre afrancesados y liberales, que puede ser discutible en muchos casos, o la omisión del pensamiento tradicionalista del XIX, no precisamente sumiso al afrancesamiento,...

...o la no menos observada omisión de un importante sector de pensadores durante el franquismo que, cercanos a la ideología falangista, tampoco participaron del desprecio al Imperio de los Habsburgo ni del papanatismo hacia los tópicos franceses o alemanes.

La lectura de Fracasología, así como de su precedente Imperiofobia, es fundamental para todo español que quiera adentrarse en su historia, con independencia de lo que postulen las tendencias oficialistas y, por ende, sumisas a las versiones interesadas.


* La imagen superior derecha corresponde al cuadro «El sueño de la razón produce monstruos», de Goya, que debido a sus ideas en favor de la Ilustración fue acusado de afrancesado.



Si en Imperiofobia y leyenda negra María Elvira Roca Barea explicaba qué tipo de fenómeno histórico era la leyenda negra y cómo y por qué había surgido, el objetivo principal de Fracasología es exponer las razones por las cuales los tópicos de la hispanofobia se asumieron en nuestro país y se afianzaron con el tiempo.