Razones y argumentos

Pero, ¿qué es el ‘estilo’? 

Una de las cosas de las que nos vanagloriamos quienes seguimos a José Antonio, es la de que tenemos un estilo propio, una ‘forma de ser’ genuina. Sería bueno que ello no fuera sólo un lema, una divisa en el uniforme, sino una exigencia sincera y honesta de nuestra voluntad.


Artículo recuperado, publicado en La Razón de la Proa (LRP) en enero de 2020. Recibir el boletín semanal de LRP (servicio gratuito).

Pero, ¿qué es el ‘estilo’?


Los joseantonianos y falangistas solemos decir con orgullo que nuestro modo de ser está caracterizado por responder a un ‘estilo’. Pero, ¿qué es el ‘estilo’? José Antonio se refirió  a ese numen en varias ocasiones:

En el inicio del discurso fundacional del Teatro de la Comedia (Madrid, 29 de octubre de 1933), lo identificó con el laconismo militar en el hablar; es decir, en huir de la verborrea, en ir directamente al meollo de lo que se quiere decir, sin florituras. Y más adelante, en el mismo discurso, precisa más:

«...el movimiento que se inicia no significa sólo una manera de pensar, sino que es una manera de ser que se caracteriza por adoptar, ante la vida entera y en cada uno de nuestros actos, una actitud humana profunda y completa, transida de espíritu de servicio y de sacrificio, y de sentido ascético y militar de la vida».

En el discurso de proclamación de Falange Española de las JONS (Valladolid, Teatro Calderón, 4 de marzo de 1934) alude a otra faceta del estilo:

«...tener un sentido total y claro en el alma de lo que se quiere, de la Patria, de la Vida, de la Historia; ese sentido total y claro, cuando se tiene, no precisa de programas, porque nos irá diciendo en cada coyuntura qué es lo que debemos hacer y lo que debemos preferir».

El estilo también se concibe como el servicio a una misión, a una empresa, a un proyecto histórico que, siendo social y comunitario, moldea también el alma personal de quien lo tiene. En el discurso pronunciado en Puebla de Almoradiel, el 22 de abril de 1934, se refiere a él diciendo:

«...es mil veces preferible caer en servicio de tal empresa que llevar una vida lánguida, vacía de ideales, donde no haya más afán ni otra meta que llegar al día siguiente. La vida es para vivirla, y sólo se la vive cuando se realiza o se intenta realizar una obra grande, y nosotros no comprendemos obra mejor que la de rehacer España».

Que España es la empresa a cuyo servicio se moldea el estilo, es un axioma en José Antonio. Lo dice en su habitual manera poética en el discurso pronunciado en Callosa de Segura el 22 de julio de 1934:

«Nosotros sólo hablamos de nuestra fe en España y su destino… porque es triste y angustioso ver cómo los españoles consumen sus energías en luchar unos contra otros pensando sólo en solventar entre sí odios y rencores, con olvido de España».

En abril de 1936, José Antonio publicó en el diario Informaciones un artículo que no llegó a ver la luz porque fue censurado en su total integridad (lo sería unos años más tarde en otro diario, el Baleares, el 6 de enero de 1940). Tal artículo se titulaba, precisamente, El ruido y el estilo, en el que dice:

«…Cuando unos cuantos nos lanzamos a fundar (Falange)… nos impusimos como el más estricto deber el de conservar sobre todo, aun en las manifestaciones más ásperas de la lucha, dos cosas que casi son una: el rigor intelectual y el estilo».

He ahí, pues, otra característica del estilo: el rigor intelectual, que se manifiesta en la tenencia de un sentido crítico, positivo, honesto, leal, de la vida y de la Historia; el dolor de España, siempre teñido de amor y de afán de superación. Este artículo, escrito en la cárcel Modelo, donde había sido ingresado el 16 de marzo, ya para no salir y en camino hacia la muerte inminente, nos muestra como pocos la altura moral, espiritual y humana de este hombre, herencia de la cual disfrutamos ahora quienes le seguimos considerando una de las personalidades históricas más grandes que ha dado España.

En fin, podríamos seguir rastreando citas y más citas sobre esta cuestión del estilo en José Antonio. Pero la cuestión no es descubrirlas como si fuéramos arqueólogos, sino proceder, al descubrirlas, a meditarlas, y a procurar hacerlas carne de nuestra carne y materia energética de nuestro espíritu.

Sería un buen propósito para adoptar en este inicio de un nuevo año, el 2020 de nuestra Era, en que sin duda será puesto a prueba ese espíritu de forma abrumadora, casi asfixiante.




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