Montes gestionados, bosques que resisten al fuego
La gestión forestal como prevención
En la vertiente segoviana de la sierra de Guadarrama existen explotaciones forestales privadas y comunales que llevan más de ciento cincuenta años aplicando un modelo de gestión continuada del monte. La limpieza del sotobosque, la retirada de biomasa, las cortas selectivas y la vigilancia permanente forman parte de un sistema que ha reducido al mínimo la incidencia de grandes incendios.
Un debate sobre el modelo ambiental
La experiencia de estos pinares reabre el debate sobre las políticas forestales en España. Frente a quienes defienden una intervención limitada en los montes, sus partidarios sostienen que una gestión activa constituye la mejor garantía para conservar el patrimonio natural y protegerlo frente a los incendios que cada verano devastan amplias zonas del país.
Una reflexión para el debate
Las líneas que siguen corresponden a una publicación de Manu Min en una red social, difundida el 25 de julio de 2026. El texto aporta un enfoque que consideramos de interés para el debate sobre la gestión de los montes españoles y la prevención de los incendios forestales.
Transcripción del texto original
En la zona de El Espinar, en la cara norte de la sierra madrileña, hay unos bosques, ya en Segovia, privados, que cuentan con cuadrillas de operarios que limpian el bosque de pino de Valsaín y disponen de un servicio de bomberos privado. Esta explotación forestal tiene ya 150 años. Desde niño la conozco.
La explotación de estos pinares se gesta en el siglo XIX con las desamortizaciones. En la zona del Paular hay una explotación privada de origen belga, la de los Pinares del Paular; y en la de El Espinar y San Rafael hay otra, de origen comunal, en la que, a finales del siglo XIX, para evitar que unos señoritos ociosos comprasen los montes por cuatro perras, los lugareños y sus ayuntamientos unieron voluntades y compraron ellos mismos los terrenos, constituyendo una sociedad privada de explotación.
Tanto la del Paular como esta, llamada Sociedad del Monte de la Garganta, funcionaban bajo los mismos principios: cuadrillas de operarios para desbrozar, limpiar y sacar biomasa, así como para clarear la masa arbórea mediante sacas controladas. Además, contaban con un servicio de bomberos privado y costeado por ellas mismas.
No conozco incendios de importancia en estos montes y parece que a los ecologistas no les gusta. Yo entiendo que al ecologismo lo que le interesa es lo que puede obtener de la política y, para ello, establece unas relaciones mafiosas con los políticos, en las que lo importante no es la naturaleza, sino sus bolsillos.
Este ecologismo político camina disfrazado de frentepopulismo; es decir, se viste de rojo y de verde a modo de disfraz porque, muy probablemente, no es ni lo uno ni lo otro. Las explotaciones forestales deben de estar consideradas como fascistas y ultraderechistas, y su éxito debe de ser considerado por esta gente como un ataque bajo su línea de flotación.
Cuando Stalin implantó el colectivismo agrario en la URSS murieron de hambre quince millones de rusos y cinco millones de ucranianos, en lo que se llamó el Holodomor.
Creo que siguen anclados en el fracaso, y cualquier cosa que no esté condenada a fracasar estrepitosamente les molesta y les hiere. Creo que va siendo hora de poner nuestro agro a salvo de semejantes ratas. Habrá que plantearse muy en serio este asunto.