Julio Anguita y el valor de la reconciliación

Seis años después de su publicación, este artículo reivindica la figura de Julio Anguita desde una perspectiva poco habitual: la de su formación intelectual, su sentido de España y el valor perdurable de la reconciliación.

Introducción de LRP

Hay artículos cuya vigencia no depende de la actualidad inmediata, sino de la capacidad de suscitar una reflexión serena sobre la historia, la reconciliación y el itinerario intelectual de quienes marcaron una época. Este texto de Fernando Valbuena, publicado en El Periódico de Extremadura el 13 de junio de 2020, pertenece a esa categoría.

La Razón de la Proa recupera este artículo seis años después por el interés de una perspectiva poco frecuente en el debate público. Lejos de utilizar la figura de Julio Anguita (Fuengirola, 21/11/1941 - Córdoba, 16/05/2020) como arma partidista, el autor dirige la atención hacia un aspecto habitualmente silenciado: la influencia que las primeras lecturas de José Antonio Primo de Rivera y su formación juvenil pudieron ejercer sobre la forja de su personalidad, de su estilo político y de su concepción de España. Se trata de una interpretación abierta al debate, pero expuesta con un tono reflexivo que invita a considerar la complejidad de las biografías y la evolución de las ideas.

Más allá de que el lector comparta o no las conclusiones del autor, el artículo reivindica una virtud especialmente necesaria en nuestro tiempo: la reconciliación entre españoles como patrimonio común de la Transición y como horizonte que no debería perderse. Esa mirada conciliadora, unida a la sensibilidad con la que Fernando Valbuena aborda la condición joseantoniana que atribuye al homenajeado, explica el interés de reproducir hoy este texto como una aportación al debate histórico e intelectual desde el respeto a la pluralidad de interpretaciones.



Julio Anguita, ese gran hombre


Volver la mirada a la reconciliación, porque la guerra la perdimos todos, pero la reconciliación la ganamos todos.

Quizá debiéramos volver la mirada (y el pensamiento en calma) a Julio Anguita. A él y a otros muchos como él que supieron anteponer el futuro al pasado. Una generación de españoles que supo conquistar espacios de encuentro y, en ellos, escribir su mañana. Deberíamos volver a él y otros como él. Hoy más que nunca. Hoy que han resucitado todos los cainismos. Hoy por mañana.

Julio Anguita era hijo de su tiempo. Un buen hijo, sin duda. De cuantos políticos han tenido asiento en el hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo, uno de los más altos herederos de la poética joseantoniana. El propio Santiago Carrillo dijo de él, con cierta mala baba, que era falangista. Con o sin mala baba de por medio, Julio Anguita, que fue falangista, no dejó nunca de ser íntimamente joseantoniano. La misma poética, la misma reciedumbre.

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