Editorial

España aún está por hacer: la tarea pendiente

España sigue necesitando una tarea urgente: recuperar conciencia nacional, cohesión y un proyecto común de futuro. Renacionalizar España significa reconocer que aún queda mucho por hacer.

Una canción que todavía interpela

Una casi olvidada canción de los años 80 decía que España no está hecha y aún queda por hacer; ese verso suelto, en plena Transición, cuando se echaban las campanas al vuelo y se tendía a considerar el momento como un finis historiae, tenía todo un sesgo contestatario e inconformista.

Ahora, en este contexto de una confusa Segunda Transición, con revisión iconoclasta de la primera, debemos volver a dar la razón al inspirado autor de la tonada. Porque España, además de sus carencias casi seculares en punto a la justicia, a la cultura y a la unidad, está en clara almoneda, con peso político creciente de los que no se consideran españoles, aliados de forma incomprensible para cualquier ciudadano europeo con el Gobierno español


La indiferencia ante España

El panorama desolador no solo se mueve entre los entresijos de la política oficial, sino que advertimos que, en lo sociológico, muchos ciudadanos presentan un rasgo lamentable: la indiferencia por lo que sea de España. Han sido muchos años de silencios, de prevenciones, de propaganda —ahora le llamaríamos desinformación— los que han llevado, por lo menos, a la inseguridad o a la duda de algunos con respecto a su propia patria. Y aquí se han puesto de acuerdo, también, la izquierda y la derecha alternantes en el poder.

España precisa con urgencia una renacionalización, esto es, de conformarla como nación moderna, orgullosa de sus siglos de historia común y dispuesta a superar el presente y diseñar un futuro mejor. Re-nacionalización quiere decir reconocer que aún queda por hacer; quiere decir dar cuerpo a España y, sobre todo, espíritu en sus componentes. No somos un Estado fallido: quienes sí lo son han sido los políticos encaramados en las estructuras de ese Estado.


Una tarea que alcanza a toda la sociedad

La renacionalización de España afecta a todos los ámbitos: desde el educativo —con esa absurda y dañina Ley Celáa, de modificación de la Ley Orgánica de Educación, que nos han colado aprovechando nuestro confinamiento mental—, pasando por lo económico y lo social, especialmente atajando el absurdo planteamiento de organización territorial, y llegando a lo político.

No nos engañemos: es una transformación a fondo, no solo de estructuras, sino de mentalidades; se le podría aplicar —sin asustarse— el calificativo de labor revolucionaria. Porque recordemos que las revoluciones no se llevan a cabo cuando todo se ha desmoronado, sino cuando se advierte la inquietud de que otro camino es más adecuado para una colectividad.


Una nación también debe saber defenderse

La urgencia de esa renacionalización se hace todavía más evidente ante el escenario de seguridad que rodea hoy a España. La presión sobre Ceuta y Melilla, la inestabilidad del flanco sur y la creciente tensión geopolítica internacional obligan a recuperar una idea elemental: una nación debe estar en condiciones de defender sus fronteras y proteger a sus ciudadanos. La reciente crisis provocada por la entrada masiva de inmigrantes en Ceuta ha vuelto a poner de manifiesto la vulnerabilidad de nuestras fronteras.

A ello se suma un panorama internacional marcado por la guerra en Ucrania y los conflictos del Próximo y Medio Oriente, en un contexto de creciente incertidumbre geopolítica. España necesita un Gobierno capaz de anticipar los riesgos y ofrecer respuestas firmes y eficaces. Cuando la debilidad política y la dependencia de apoyos ajenos condicionan la capacidad de decisión, la seguridad nacional y los intereses de España quedan inevitablemente expuestos. También por eso resulta urgente recuperar conciencia, cohesión y capacidad de respuesta propia.