Memoria Azul

Las últimas órdenes de José Antonio en julio de 1936

Las dos últimas circulares enviadas por José Antonio desde la cárcel de Alicante reflejan la evolución de su postura ante el alzamiento de julio de 1936 y reabren el debate sobre sus dudas y decisiones finales.


El debate sobre la decisión de José Antonio

Se sigue discutiendo, a fecha de hoy, si José Antonio ordenó, sin ningún tipo de fisuras, que Falange apoyara al Ejército en el levantamiento armado contra el Gobierno del Frente Popular de la República.

Después de estudiar todos los documentos existentes y las manifestaciones de los protagonistas, llegamos a la conclusión de que José Antonio, preso entonces en la cárcel de Alicante, aun con serias dudas, ordenó a Falange sumarse al alzamiento junto al Ejército, en lo que creía que iba a ser una "intervención quirúrgica" o, si se prefiere denominar de otra forma, un golpe de Estado, sin que en ningún momento pudiera suponer que aquella acción derivaría en una guerra civil fratricida.


Las dos últimas circulares conocidas

Veremos, en primer lugar, que las fotografías que publicamos, inéditas ambas, se corresponden con las "últimas" circulares de órdenes enviadas por José Antonio a todas las jefaturas de Falange desde la cárcel de Alicante. Desde hace tiempo se conocía su contenido, pero nunca se habían publicado sus originales.

Obviamente hablamos de últimas circulares porque la supuesta circular del 17 de julio de 1936, conocida como Carta a los militares, nunca ha sido hallada, y su autenticidad ha sido negada por altas jerarquías de la Falange de entonces, conocidos historiadores e incluso por el recopilador de las Obras Completas de José Antonio.


La circular del 24 de junio: rechazo al pacto

Como se observa en la primera circular, fechada el 24 de junio de 1936, José Antonio ordena que, bajo ningún concepto, se llegue a ningún pacto ni con el Ejército ni con fuerzas derechistas para que Falange apoye el alzamiento, porque ello supondría la «total desaparición de la Falange aun en el caso de triunfo», ya que únicamente se conseguiría «el día de mañana desfilar ante los fantasmones encaramados en el poder».

José Antonio seguía considerando que Falange no debía actuar «formando parte como comparsa en un movimiento que no va a conducir a la implantación del Estado nacionalsindicalista..., sino a reinstaurar una mediocridad conservadora y burguesa, orlada, para mayor escarnio, con el acompañamiento coreográfico de nuestras camisas azules».

Por último, ordenaba a cualquier jefe o dirigente de Falange que rechazara cualquier proposición de levantamiento que recibiera y advertía de que quienes concertaran pactos locales con elementos militares o civiles sin orden expresa del Jefe Nacional serían fulminantemente expulsados de Falange.


La circular del 29 de junio: cambio de criterio

En cambio, solo cinco días después, en la última circular, fechada el 29 de junio, el Jefe concreta claramente las formas y requisitos para que las jefaturas territoriales y provinciales se levanten en armas contra el régimen de la Segunda República, apoyando el movimiento militar.

Las órdenes son claras y precisas. Los jefes provinciales o territoriales deberán entenderse exclusivamente con el jefe superior del "movimiento militar". Además, «Falange intervendrá formando sus unidades propias, con sus mandos naturales y sus distintivos de siempre», es decir, camisas azules y banderas de Falange.

Únicamente Falange podrá transferir un máximo de una tercera parte de sus militantes para que queden bajo el mando del Ejército, y estos deberán proveerse de armamento largo.

Por último, se establecía que los jefes militares debían prometer a los jefes de Falange que, en sus respectivos territorios, la autoridad civil solo podría permanecer en manos del Ejército durante tres días, para pasar posteriormente a Falange.

Estas órdenes, de no ser renovadas, quedarían completamente sin efecto el 10 de julio.


Cinco días que cambiaron la situación

Es difícil de entender cómo, en tan solo cinco días, José Antonio cambia de parecer y ordena el apoyo al levantamiento militar contra el Gobierno del Frente Popular.

No olvidemos que José Antonio llevaba en prisión más de cuatro meses. Aunque es cierto que mantenía cierta libertad de contactos, parece que, durante esos cinco días, distintos enlaces —Mayalde, amigo del Jefe y diputado de la CEDA, además de sus dos pasantes, Garcerán y Sarrión— le comunican que el general Mola ha aceptado sus condiciones para que Falange apoye la "intervención quirúrgica", como el propio José Antonio denominaba a la insurrección contra el Frente Popular.


Las dudas persistieron hasta el 18 de julio

Pero también existen otros datos que, como mínimo, nos llevan a la conclusión de que José Antonio, entre finales del mes de junio y el 18 de julio, mantuvo serias dudas sobre que Falange apoyara abiertamente el levantamiento armado contra la República del Frente Popular.

Así, en un conocido ensayo nunca rebatido, el escritor Carlos Rojas afirma:

«Que el día anterior al alzamiento, José Antonio se entrevista en la cárcel de Alicante con un amigo personal suyo, que no era falangista, llamado Juan Vidal Quiles, y le pide que vaya a Barcelona con órdenes de que la Falange no se sume al alzamiento».

Este amigo personal del Jefe se reúne con Luys Santamarina y le transmite las órdenes de José Antonio. Luys no las cree y le tacha de cobarde. Juan Vidal, para demostrar su hombría, se suma a la insurrección de la Falange catalana, a pesar de no ser falangista.

Memoria Azul ha investigado y, efectivamente, Juan Vidal Quiles se alzó en armas en Barcelona junto con las milicias falangistas, aunque no consta en ningún listado oficial de la Vieja Guardia catalana, ni tampoco figura entre los caídos.

También resulta muy llamativo que el jefe territorial de la Falange catalana, Roberto Bassas, y el jefe provincial de Barcelona, Juan Rivas Seva, no se alzaran en armas, a pesar de los requerimientos de Luys Santamarina.

¿Falta de coraje o acatamiento a esa supuesta orden de José Antonio? En todo caso, en Barcelona solo se alzaron menos de cien falangistas.


Madrid y el Cuartel de la Montaña

Es cierto que, en Madrid, el día del alzamiento, el camarada Manuel Mateo, a quien José Antonio había traspasado el mando de Falange junto con su hermano Fernando y Manuel Hedilla, no tenía conocimiento alguno de la orden de que los falangistas debían sublevarse y entrar en el Cuartel de la Montaña. Todo ello a pesar de encontrarse en una imprenta de la calle Ventura Rodríguez, junto al cuartel, confeccionando No Importa, periódico clandestino de Falange.

El propio Manuel Mateo se acercó a las puertas del Cuartel de la Montaña y dijo a los falangistas allí reunidos que «cuando viera a José Antonio, le iba a decir que en Madrid solo se había alzado su despacho», ya que los dirigentes políticos presentes eran Rafael Garcerán y Manuel Sarrión, ambos abogados y colaboradores del despacho de José Antonio.

En el Cuartel de la Montaña solo se alzaron menos de 180 voluntarios de Falange.


Las dudas del Jefe y el desenlace

En Memoria Azul estamos convencidos de las dudas de José Antonio respecto a apoyar la insurrección armada contra el régimen del Frente Popular. No obstante, también es cierto que el 99 % de la militancia falangista, así como casi la totalidad de sus jefes, apoyó el alzamiento militar con sumo agrado.

Pero tampoco puede olvidarse que, antes de redactar las dos circulares que publicamos, José Antonio pidió consejo a los miembros de la Junta Política de Falange, presos en la Cárcel Modelo de Madrid. Una parte de la Junta, encabezada por Julio Ruiz de Alda, le aconsejó no apoyar el alzamiento militar, mientras que otros miembros, siguiendo el criterio de Manuel Valdés Larrañaga, defendieron que Falange sí debía hacerlo, como el propio Valdés relata en sus memorias.

También es cierto que José Antonio mantuvo contacto directo con militares en Alicante para que Falange se sumara al alzamiento e incluso llegó a afirmar que, «si fuera necesario, pegaran un tiro al general García Aldave», quien finalmente desistió, frustrando el triunfo del alzamiento en Alicante.

Lo que sí parece indiscutible es que José Antonio era plenamente consciente de que, si el alzamiento no triunfaba en Alicante, nunca volvería a salir de la cárcel, como finalmente ocurrió.

Desde el 29 de junio hasta el 18 de julio, José Antonio permaneció sumido en un mar de dudas, al intuir que el apoyo de Falange al Ejército y a otras fuerzas derechistas en un alzamiento armado contra la República no le permitiría construir el nuevo Estado en el que triunfaran sus Veintisiete Puntos programáticos, como posteriormente sucedió. Tampoco imaginó que aquella "intervención quirúrgica" acabaría convirtiéndose en una guerra civil fratricida.


En recuerdo a todos aquellos camaradas que perdieron su vida aquel 18 de julio o durante los tres años posteriores de Guerra. ¡Presentes¡


Fotos inéditas de las "últimas" circulares de órdenes de José Antonio


18/07/21. Juan Manuel Cepeda entrevistado por José Antonio Ruiz de la Hermosa, para el programa La aventura de la espada, de Radio Ya. El tema es sobre el 18 de Julio y la implicación en el Alzamiento Nacional de José Antonio Primo de Rivera y de FE-JONS.