Los hermanos Águila Arcos, dos vidas truncadas.
José y Ángel Águila Arcos, falangistas de la Vieja Guardia madrileña, fueron detenidos por milicianos de las Juventudes Socialistas Unificadas en agosto de 1936 y nunca volvieron a aparecer.
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Una historia marcada por la persecución
La historia de los hermanos José y Ángel Águila Arcos sigue exactamente el trágico guion de la de tantos otros falangistas de la Vieja Guardia. De 26 y 22 años respectivamente, sevillanos de nacimiento, vivían en Madrid, en la calle Narváez, n.º 12. Ambos eran pintores restauradores y los dos eran falangistas.
Todo comenzó con la detención de Ángel, el hermano de menor edad.
Como es sobradamente conocido, el entierro del alférez de la Guardia Civil Anastasio de los Reyes, asesinado en Madrid el 14 de abril de 1936, transcurrió en un ambiente de auténtica preguerra civil. Los asistentes al entierro, que tuvo lugar el 16 de abril, entre los que se encontraban numerosos falangistas, fueron tiroteados en diferentes puntos de la ruta que recorrió el féretro, portado por compañeros del alférez Reyes, que se vieron obligados a hacerlo con las armas en la mano.
En ese entierro fueron heridos de bala numerosos asistentes y resultaron muertos los falangistas Andrés Sáenz de Heredia (primo de José Antonio) y Miguel Ángel Gimeno. El entierro resultó una importante demostración de fuerza de los opositores al Frente Popular, que reaccionó con una masiva campaña de detenciones indiscriminadas, de las que fueron objetivo prioritario los falangistas. Uno de los muchos falangistas visitados por la Policía fue Ángel del Águila Arcos.
Un arma inservible como motivo de detención
La mañana del 17 de abril, dos agentes del Cuerpo de Investigación y Vigilancia, adscritos a la comisaría del Distrito del Congreso, se presentaron, por órdenes de la superioridad, en el domicilio de los hermanos Águila Arcos para hacer un registro. Durante el mismo y de manera espontánea, como consta en el informe policial, Ángel les hizo entrega de un arma vieja e inservible que utilizaba como modelo para algunos de sus trabajos.
Se trataba de una pistola antigua de dos cañones, marca Lefaucheux, de calibre de 12 mm. En el registro no pudieron encontrar nada y, a pesar de que la pistola era inservible, procedieron a incautarla y a llevarse detenido a Ángel.
Durante el interrogatorio, y para evitar una futura condena, Ángel confesó que había militado con anterioridad en Falange Española, aunque hacía tiempo que ya no militaba. El arma incautada fue analizada por unos peritos armeros, que declararon que el arma, por su antigüedad y estado, era inútil para su uso.
Ante la contundencia del informe de los peritos, el 18 de abril se ordenó la puesta en libertad de Ángel, aunque este había sido fichado y su ficha fue determinante para su posterior asesinato.
El cerco se cierra
Llegado el 18 de julio, Ángel y su hermano José continuaban viviendo con una hermana en Madrid. El cepo se había cerrado: no había escapatoria. Todo siguió las pautas marcadas en el trágico y macabro guion que marcó el destino de cientos de falangistas atrapados en el Madrid rojo.
El 15 de agosto, sobre las doce de la mañana, se presentaron en el domicilio de los hermanos Águila Arcos unos milicianos de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), con el pretexto de hacer un registro. Una vecina de la casa avisó a la Comisaría del distrito y se presentaron dos guardias y un agente de Vigilancia, en cuya presencia se llevó a cabo el registro, que resultó infructuoso.
A pesar de no haber encontrado nada, los milicianos de las JSU se llevaron detenidos a José y a Ángel. Ante la falta de noticias sobre sus hermanos, el día 16, Ángeles, la hermana que vivía con ellos, denunció su secuestro y desaparición en la Comisaría de Vigilancia del Distrito del Congreso.
Una desaparición sin respuesta
Tal y como marcaba el guion, todo fue inútil y, el 12 de septiembre de 1936, el juez de instrucción dictó un auto que declaraba terminado el sumario, ya que «se habían practicado cuantas diligencias se creyeron necesarias para el mejor esclarecimiento y comprobación del hecho y se recibió declaración».
Nunca más se supo de los hermanos Águila Arcos. Tras la guerra se dedujo que habían sido llevados por los milicianos de las JSU a la checa del palacete incautado a Juan March, como paso previo a su asesinato.
En octubre de 1943, le fue concedida la Medalla de la Vieja Guardia de Falange a María Luisa Arcos Canchola, madre de los camaradas caídos José y Ángel del Águila Arcos.
Sección Memoria Azul en La Razón de la Proa.
Artículo publicado en Historia - Memoria Azul.
Breves semblanzas de antiguos falangistas y otros relatos históricos de la primera época de la Falange.