Editorial

España, pasto de las llamas

El abandono de nuestros bosques, la falta de prevención y la acumulación de ramaje seco agravan los incendios. Frente a ello, urge recuperar la limpieza, la repoblación y la regeneración.

Evidentemente, no está ocurriendo solo en España en estos aciagos días, pero aquí los incendios veraniegos adquieren unas dimensiones alarmantes. Los medios dicen que es «el peor verano en años». El presidente del Gobierno, en una pose tan habitual en él, lo achacó al cambio climático, pero el clima no puede convertirse en una explicación que oculte las carencias de prevención, limpieza y gestión de nuestros montes.

Nunca podemos saber con seguridad las causas de esta devastación por las llamas (más o menos, como sobre los orígenes de la pandemia de la covid), pero deducimos que, entre ellas —concretamente en España—, pueden contarse las naturales (sequía, altas temperaturas de las olas de calor, tormentas secas…), las intencionadas, las imprudencias y, especialmente, el abandono de grandes parajes sin medidas de limpieza adecuadas.


Prevención, extinción y regeneración

Cabe examinar el escenario de estos grandes incendios en múltiples comarcas españolas desde tres perspectivas: en primer lugar, la de prevención, muchas veces inexistente; en segundo lugar, las de extinción, y, por último, las de regeneración.

En cuanto a lo primero, basta recorrer algunos de nuestros bosques para advertir su estado de suciedad: grandes cantidades de ramaje seco son verdadera yesca que puede arder con el primer rayo o la acción interesada: en algunos lugares, donde había inmensos pinares, lucen ahora campos de golf para uso y disfrute de privilegiados. Algunos cortafuegos existentes precisan también de estas tareas preventivas de limpieza.

¿Existen medios para esta prevención? Se nos ocurre que se podría llevar a cabo la formación de brigadas de limpieza reclutadas entre la inmensa grey de desocupados que pueblan nuestras ciudades; su justa remuneración no sería gran problema si se intervinieran drásticamente los presupuestos volcados a pagar asesores y consejeros de las diversas administraciones; otra sabia medida sería dejar de financiar con fondos públicos instituciones y asociaciones que debieran sostenerse con las cuotas y aportaciones de sus afiliados: a buen entendedor…


El trabajo de quienes apagan el fuego

Sobre las labores de extinción, solo podemos elogiar el servicio que prestan, con riesgo físico muchas veces, las dotaciones de los cuerpos de bomberos, la UME y los voluntarios de muchos pueblos españoles.

Por último, sobre la regeneración, podemos echar la vista atrás en la historia y recordar que, en una época lejana, lo mejor de la juventud española se volcó en las repoblaciones forestales, instalando campamentos ad hoc (¿caerá bajo la ley de memoria democrática este recuerdo?); y no decimos más, porque somos de casa… Vídeo de una repoblación forestal en 1943


Del voluntariado al servicio

Quizás también ahora muchos jóvenes se prestarían a este voluntariado, a modo de servicio civil de repoblación y regeneración de la faz de España. Es curioso que los partidos y grupos que, hace algunos años, movilizaron a miles de voluntarios para colaborar en la limpieza del chapapote de las costas gallegas no lancen hoy convocatorias en este sentido. Conviene, sin embargo, establecer una diferencia fundamental: la lucha directa contra los incendios exige formación, preparación y profesionalidad, y no puede confiarse a voluntarios sin la capacitación necesaria. Apagar un incendio forestal no es una tarea improvisable y corresponde a los profesionales y cuerpos especializados.

Pero eso no significa que la sociedad, y particularmente los jóvenes, no tengan un papel que desempeñar. Existen numerosas tareas de apoyo, prevención y recuperación en las que el voluntariado puede ser de enorme utilidad: colaboración en campañas de limpieza y mantenimiento, apoyo logístico, vigilancia y sensibilización, recuperación de espacios afectados o participación, cuando las condiciones lo permitan y bajo la dirección de técnicos, en proyectos de repoblación forestal. El voluntariado no sustituye al profesional; lo complementa allí donde puede ser realmente útil.


La juventud como fuerza de regeneración

Y quizá ahí se encuentre una cuestión más profunda. Una juventud comprometida, organizada y dispuesta a servir a su comunidad constituye una de las mayores fuerzas de regeneración de un país. El asociacionismo patriótico, entendido como espacio de formación, servicio, responsabilidad y compromiso con España, puede canalizar esa energía hacia objetivos concretos y útiles para el bien común. No se trata solo de plantar árboles después de un incendio, sino de formar hombres y mujeres capaces de asumir responsabilidades y de poner su tiempo, su esfuerzo y su iniciativa al servicio de España.

Apostemos, por último y cambiando de plano, porque también muchos jóvenes se presten voluntariamente a esa tarea más profunda de regenerar en profundidad a España. Porque una nación no se regenera únicamente limpiando sus bosques, reparando sus daños o previniendo sus incendios: se regenera cuando una nueva generación decide hacerse responsable de su futuro.