Luis Buceta
06:02
03/06/20

Reflexiones de un Cristiano

2/06.- La humildad puede conducir a los límites en los medios y su aplicación. La soberbia y la ambición es una de las vías seguras para la intolerancia y la tiranía. Tengamos la esperanza que la humilde grandeza de la ciencia anule su posible perversa soberbia...

Publicado en el Nº 314 de 'Desde la Puerta del Sol', 2 de junio de 2020.
Ver portada Desde la Puerta del Sol en La Razón de la Proa

Reflexiones de un Cristiano

La humilde grandeza de la ciencia. Los avances científicos han sido grandiosos para el progreso y desarrollo del ser humano y de la sociedad. Los últimos tiempos nos han proporcionado descubrimientos impensables y con posibilidades varias, positivas y constructivas y negativas o destructivas. Pero la ciencia, los científicos, le dan grandeza si son humildes. Su humildad proviene de ser conscientes que lo que hacen es descubrir, descubrir desde y sobre lo creado.

Descubren nuevos y portentosos conocimientos, pero siempre desde lo que hay. Y queda mucho por descubrir, pues como leí, en cierta ocasión, «sabemos lo que conocemos y también sabemos que hay cosas que no conocemos. Pero que también están lo que no sabemos que no conocemos». Descubrir, que no es poco, ésta es la humilde grandeza de la ciencia.

La pandemia del Coronavirus, que trágicamente sufrimos, ha puesto de manifiesto, también, la «perversa soberbia de la ciencia». En el siglo pasado ya sufrimos descubrimientos aterradores que pueden llegar a una destrucción incalculable. Con motivo del proyecto genoma humano y de los estudios y progresos en biotecnología, algunos científicos perdieron la perspectiva de descubrir, para plantearse la de crear.

En 1979, el investigador de la Universidad de Cambridge, Peacocke, argumentó que «el hombre tiene ahora, en el estado actual de su evolución intelectual, cultural y social, la oportunidad de convertirse en cocreador y cooperador con el trabajo de Dios en la Tierra». Por su parte, el profesor emérito de la universidad de Minnesota, V. Elving Anderson, en 1995, manifiesta: «La Tierra no necesita más humanos, sin embargo, quizás necesita humanos mejores, humanos más resistentes a las enfermedades, genéticamente superiores, más inteligentes, comprensivos, mejor adaptados moral y espiritualmente y capaces de enfrentarse a su entorno. Con nuestro conocimiento sobre la microesfera humana que aumenta con rapidez y la tecnología en desarrollo, nos situamos en la posibilidad de mejorar nuestra progene… en el pasado nos hemos dedicado a cambiar el entorno para la mejora humana. Hoy en día, tenemos poderes enormes para iniciar un nuevo diseño del tipo de seres humanos que queremos en la Tierra».

El mito de la perfección y la soberbia de creerse capaz de dominar todo, conduce a la «perversa soberbia de la ciencia», que con arriesgados experimentos ponen en peligro la vida de miles, hasta ahora de personas, pero que pueden ser millones. Dios es el único creador, nosotros podemos y veremos seguir descubriendo pero conscientes de nuestra grandeza y humilde situación como creados y enaltecidos a la condición de hijos y herederos.

A medida que nos perfeccionamos, la realidad que hay que afrontar es más compleja. Nadie ha sido nunca perfecto, ni hoy ni en el futuro habrá seres humanos perfectos. La incertidumbre de la vida humana es una realidad incuestionable. Una vez más, desde el punto de vista de la salud, tanto física como mental, la experiencia nos dice que el dominio de unas enfermedades no implica la desaparición de la enfermedad, y siempre, pueden aparecer y aparecen nuevas enfermedades.

Como cristianos sabemos que nuestro peregrinar es dinámico y no estático, por lo que, cuando hemos encontrado la solución a unas cuestiones, surgen otras nuevas. Todos los que investigan y todos los que aplican los avances científicos para el desarrollo de las personas y el bienestar social, representan los que construyen y su acción es un acto de amor a la humanidad y, como tal, aunque no seamos conscientes, de alabanza y grata ofrenda a Dios creador.

La humildad puede conducir a los límites en los medios y su aplicación. La soberbia y la ambición es una de las vías seguras para la intolerancia y la tiranía. Tengamos la esperanza que la humilde grandeza de la ciencia anule su posible perversa soberbia.

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