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¿Qué pasa con la moción de censura?

J. M. Nieto Vigil | Colaborador de la revista Desde la Puerta del Sol

J. M. Nieto Vigil | 18 de septiembre de 2020

18/09.- Anunciada y propuesta la moción de censura por parte de Vox, ahora toca ponerla fecha y defenderla en sede parlamentaria. El resultado es importante, como no, pero más relevante y digno es mantener el compromiso adquirido...

Publicado en el Nº 350 de 'Desde la Puerta del Sol', de 18 de septiembre de 2020.
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Santiago Abascal Conde, presidente nacional de Vox, a bombo y platillo anunciaba el pasado mes de julio que su formación presentaría, en septiembre, una moción de censura contra el gobierno de Pedro Sánchez. ¿Qué pasa con la iniciativa propuesta? Muchos estamos esperando que se haga realidad, pues más allá del resultado de la misma, es una excepcional manera de exigir en la tribuna parlamentaria cuentas a todos, absolutamente a todas las formaciones políticas, un posicionamiento ante la gravedad de la situación general imperante en España.

La cuestión, por tanto, no es una pirueta política sin ninguna red de protección condenada a una tragedia irremisible. Es un asunto muy serio que no se debe desaprovechar para saber quién es quién y dejárselo claro al ciudadano. Desde que se formara este infame e innoble gobierno, aquel 13 de enero de 2020, mucho ha ocurrido y el desastre de gestión de la crisis es de proporciones bíblicas. El segundo equipo de ministros social-comunista que entró en la arena del poder ejecutivo se ha mostrado insolvente, incapaz, incompetente y notablemente sectario.

La XIV legislatura, actualmente en vigor, será recordada en los anales de la historia como una de las más negras desde 1975. Somos líderes europeos en todo el ranking y estadísticas negativas que se quieran citar: destrucción de empleo; déficit público; endeuda-miento; registros reales sobre la pandemia; y un larguísimo etcétera. Las expectativas y análisis objetivos no invitan al optimismo a corto plazo, más al contario, las previsiones no hacen sino alargar los plazos de la presunta recuperación. Hace meses yo señalé, sin ninguna pretensión catastrofista, que sería a partir de 2024, en el mejor de los escenarios, cuando la normalidad empezaría ser real.

Así pues, en este teatrillo del despropósito, la ineptitud y el desgobierno, la moción de censura debe servir para desenmascarar la «nueva normalidad» proclamada. Es una miserable forma eufemística de huir de la verdad desfigurando la realidad. Hay que exigir cuentas a quién debe darlas, no sólo a los acólitos partidarios de Sánchez, auténtica amalgama de siglas y formaciones anti españolas, también a la oposición que, en el caso del Partido Popular, ya conoce el significado de lo que es una moción de tal naturaleza.

No se pueden hacer aspavientos, ruedas de prensa y protagonizar titulares en lo servicios informativos con declaraciones de animadversión antigubernamental y poco más. Los mítines y los discursitos no me sirven. Hay que pasar a la acción.

Sabemos lo que se puede esperar de la horda que apoya a este ejecutivo. Conocemos la actuación de los socios instalados en la Moncloa junto a los socialistas que, como ellos, comparten un sectarismo ideológico sin parangón. Los borradores de leyes anunciadas son un canto a la ética de pensamiento único, excluyente y profundamente radical. Me refiero a propuestas o iniciativas tan sangrantes como: LOMLOE (Ley Orgánica de Modificación de la LOE), en materia de educación; la nueva Ley Democrática de la Memoria Histórica, revanchista y frentista; la Ley de la eutanasia, que convierte al suicidio asistido en norma legal; diversas propuestas de diálogo con los secesionistas catalanes y vascos en los que se vende, sin decoro ninguno, la integridad de la Patria, la unidad de España.

Todo esto y mucho más nos esperan en el segundo tramo de la legislatura. Esto lo sabemos, basta con mirar los programas de esas formaciones para entender por dónde van los tiros. No son iniciativas ocurrentes en lo ideológico, lo son en lo económico y social.

Aquellos que no nos identificamos con tanto dislate y abuso queremos saber que comportamiento adoptarán los partidos que proclaman, con profusión de enseñas nacionales en sus actos y reuniones, su amor a España. Los electores queremos saber, sin adornos, ni demagogia, qué protagonismo quieren tener en la historia de la política nacional. No me gustan los turbios, los indecisos, los oportunistas y, menos aún, los desleales a sus votantes.

Si queremos que Sánchez y su tropa se vayan para casa, y así se desprende de las declaraciones de los líderes de los partidos contrarios, hay que dar la cara y arrimarse al toro. La táctica de la izquierda de apelar al diálogo, a la responsabilidad de estado y a las alturas de miras son juegos de palabras. En cuestiones de tergiversación de las expresiones y manipulación de la opinión pública son artistas de la mentira y el engaño. Los eufemismos son los nuevos artefactos intelectuales con los que dominan la escena. Todo está estudiado al detalle, aunque en ocasiones el resultado sea burdo y absurdo.

Anunciada y propuesta la moción de censura por parte de Vox, ahora toca ponerla fecha y defenderla en sede parlamentaria. El resultado es importante, como no, pero más relevante y digno es mantener el compromiso adquirido. El candidato designado para oponerse al presidente es otra cuestión. Mucho se ha venido hablando de nombres al respecto durante los últimos días. José Antonio Ortega Lara; Jaime Mayor Oreja; Rosa Díez González; Albert Rivera Díaz; o el propio Santiago Abascal Conde son los que más han sonado.

No dudo que no se hayan hecho gestiones, de hecho sería absurdo no realizarlas, pero es el líder de Vox el candidato que debe proponerse como alternativa. Vox es quién ha echado el órdago, hay que asumirlo.


 

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