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En manos de los jóvenes está la tarea joseantoniana de 'reajustar el mundo' y armonizar el ser humano y su entorno.

Editorial | 31 de agosto de 2020

En los jóvenes pensamos cuando, ilusionadamente, empezamos a diseñar nuestra página La Razón de la Proa. Y en ellos seguimos pensando cuando sabemos que está en sus manos la tarea joseantoniana de reajustar el mundo y devolverle la armonía entre el ser humano y su entorno. Por eso queremos llegar a ellos.

Llegar a ellos


Se habla mucho de la llamada Generación Z, la integrada, más o menos, por los nacidos a partir de 1995, es decir, cuando estaba a punto de acabar el siglo XX.

Esta generación nació bajo el impacto directo de la Cuarta Revolución Industrial, y dicen los expertos que presenta una serie de características, que se pueden resumir en los siguientes puntos: viven sus miembros en conexión permanente con sus instrumentos electrónicos (no se despegan del móvil, el ordenador o la tableta); atienden, sobre todo, al saber almacenado, es decir, en las informaciones de Internet, con escasa atención a los libros; están fascinados por la pantalla y, en consecuencia, por lo instantáneo; presentan rasgos alarmantes de individualismo; lo virtual, para ellos, es una entrada fiable en lo real, y, por lógica, corren el riesgo de estar hipercontrolados por los poderes mediáticos, ideológicos y financieros.

A quienes pertenecemos a otras generaciones nos cuesta trabajo a veces entrar en diálogo abierto con la Generación Z. Nuestras fuentes de formación y de información han sido distintas, así como nuestro grado de profundización en los temas y valores y su consiguientes reflexión y estima, respectivamente.

Sin embargo, en modo alguno los debemos rechazar, tirar la toalla y conformarnos con el triste papel de ser una especie de últimos de Filipinas; máxime, cuando conocemos a muchos jóvenes, teóricos integrantes de esa generación, que, junto a algunas de las características mencionadas antes, presentan notas mucho más valiosas: idealismo, generosidad y, frente a ese hipercontrol, un profundo sentido crítico.

En muchos de esos jóvenes pensamos cuando, ilusionadamente, empezamos a diseñar nuestra página La Razón de la Proa. Y en ellos seguimos pensando cuando sabemos que está en sus manos la tarea joseantoniana de reajustar el mundo y devolverle la armonía entre el ser humano y su entorno. Por eso queremos llegar a ellos.

La condición es que no sucumban al hipercontrol que los amenaza, sacudan la modorra espiritual y el manido pasotismo…, ese que otros, que no pertenecen a la Generación Z, también ostentan en mayor cantidad. Quizás sea oportuno volver a lanzar el grito unamuniano de ¡Salvarnos, jóvenes!


 

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