NAVIDAD 2020

Hemos recibido...

Hemos recibido...

Señor, un año más sentimos el gozo y la alegría de tenerte íntimamente junto a nosotros.


Te tenemos continuamente en nuestro interior, ya lo sé, pero no siempre lo exteriorizamos como cuando llega la fecha en la que, hace ya muchos años, te hiciste presente para intentar enderezar la vida de quienes, confesándose seguidores tuyos, interpretaban a su modo, mediante un largo listado de leyes, normas y preceptos, cómo habían de comportarse durante su recorrido por la vida, olvidando la más importante y que nos recomendaste en tus últimos días: amaos como yo os he amado.

Han seguido cayendo los días, los meses, los años, y no parece que sirviera de mucho tu presencia física entre nosotros el tiempo que estuviste con el pueblo elegido, por un lado para recordarles lo básico de tu mandato, donde se encontraban incluidas las normas y los comportamientos que habían de tener contigo y con los demás, y por otro enseñando a los apóstoles lo que habían de extender en las gentes de los demás pueblos existentes en la Tierra.

Estamos como al principio, sin haber comprendido el verdadero sentido del amor, motivo por el que vivimos en un continuo desamor, en una permanente pendencia con nosotros mismos y con los demás, poniendo en valor no las virtudes sino justamente lo contrario a ellas.

Incluso olvidamos y negamos Tu existencia; no reconocemos nada de lo mucho que te debemos, ni siquiera en estas fechas de tu natividad que festejamos con manifestaciones irreligiosas, tapándonos ojos y oídos a la Verdad, hasta el punto de que un conocido presidente de Gobierno denomina estos días como «fiestas del afecto».

Así, no debe extrañarnos que de vez en cuando trates de recordarnos que no somos nada, poniéndonos en un brete frente a ti, frente a nosotros mismos, aproximándonos al borde del padecimiento, llenando nuestros ojos con lágrimas como las que vertiera tu Madre, nuestra Madre, frente a la Cruz en la que te clavamos.

Señor, perdónanos, vacúnanos con alguna pócima capaz de enderezar nuestras malsanas intenciones, danos algún bebedizo que cambie estas inclinaciones que tanto nos cuesta desechar y nos permita ver con claridad lo hermoso que se encierra en la palabra amor.

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