PERSONAS

Manuel Machado, y el poema que dedicó a José Antonio

Antonio Machado dejó estampado en sus cuadernos que su hermano Manuel era el mejor poeta modernista español. Manuel colaboró en el libro colectivo Corona de sonetos en honor de José Antonio.
Manuel Machado, y el poema que dedicó a José Antonio

Manuel Machado, y el poema que dedicó a José Antonio

En alguna ocasión creo haber leído la opinión de algún crítico literario diciendo que Manuel era mejor poeta que su hermano Antonio, considerado éste como uno de los grandes insignes líricos de su época; pero si hoy Manuel se encuentra injustamente olvidado por quienes manejan las páginas culturares en general, y de la poesía en particular, es porque no fue al exilio como Antonio cuando éste marchó de España, sin que ningún preboste de la República lo metiera en su lujoso coche ya que abandonó su Patria a pie, en compañía de su enferma madre, como uno más de aquellos que como calzado sólo llevaban puestas unas viejas alpargatas.

«No se hace justicia a Manuel –decía el polígrafo gallego, Dionisio Gamallo– cuando se le silencia del todo para aupar (por cierto, merecidamente) a su hermano Antonio. El desbaratador factor político anda en ello».

También, hace algunos años, el académico Manuel Fernández Almagro escribía, bajo el título Manuel Machado, en lapenumbra, lo  que sigue: «El primero en lamentar la penumbra en que se pierde, a los ojos de las más recientes promociones, la figura de Manuel Machado, sería su hermano Antonio, superior, sin duda, en calidades poéticas y en preocupaciones intelectuales, pero no en tanto grado que justifique la distancia creada entre una gloria de extraordinario y justificado fulgor, y un olvido, o poco menos, inmerecido a todas luces».

Así es, Antonio dejó estampado en sus cuadernos que su hermano Manuel era el mejor poeta modernista español. A este respecto, cuenta Dámaso Santos que el poeta falangista Luis Rosales, dijo durante una reunión en quien alguien soltó una frase despectiva para Manuel contraponiéndolo a su hermano: «'Poezía ez ezto', y se puso a recitar, durante un larguísimo rato, versos de Manuel Machado».

Asimismo, Julio Cruz y Hermida, «médico humanista» por su afición a las Humanidades, editó un libro titulado Entrevista a un poeta en el olvido: Manuel Machado en el cual no pretende hacer comparación alguna entre ambos hermanos sino más bien un canto a la calidad de los dos. En unas declaraciones a la prensa, Cruz y Hermida viene a sostener de alguna manera lo que apuntábamos al principio:

«Si Manuel se hubiese ido al exilio habría sido otro Antonio. Pero se quedó en España, aunque aquí, la derecha, lo veía como el hermano de un hombre de izquierda. La derecha no lo ensalzó en vida ni cuidó su memoria después de muerto».

Pero dicen las malas lenguas que en una visita que realizó a España Jorge Luis Borges, cuando alguien le habló de Antonio Machado, aquél fingiendo extrañeza, contestó: «¡Ah!, pero ¿Manuel Machado tenía un hermano?».

No obstante, se puede decir que eran muy distintos: Antonio era introvertido, silencioso, con aspecto triste y su lira monocorde, «era pozo, hondura, agua adensada en sombra»; Manuel era una persona más divertida, «era gracia, impulso, fuente, surtidor. Subía al cielo, salía a la calle rumorosa: subía, / bajaba, / charlaba,…», que decía Dámaso Alonso.

Se sumergía en la costumbre de su pueblo porque era andaluz y más sevillano. La fidelidad a su Sevilla, como así opinaba Gerardo Diego.

Manuel, que fue un día grande y envidiable, pero que hoy su prestigio se encuentra un tanto decaído porque soplan otros aires. Sin embargo, en los primeros años del pasado siglo era conocido tanto dentro como fuera del mundo de habla hispana. Quizá por eso, y adelantándose a todos escribió aquel poema que dice:

¡Ay del pueblo que olvida su pasado
y a ignorar su prosapia se condena!
¡Ay del que rompa la fatal cadena
que el ayer el mañana tiene atado!

¡Ay del que sueña comenzar la Historia
y, amigo de inauditas novedades,
desoye la lección de las edades
y renuncia al poder de la memoria!

Manuel Machado comienza a colaborar diariamente desde 1919 en el diario La Libertad periódico republicano de izquierdas. En 1925 trabaja como director de Investigaciones Históricas del Ayuntamiento de Madrid, y de la Biblioteca Municipal.

Asimismo colabora con su hermano Antonio en piezas teatrales, obras originales o refundiciones, y el 8 de noviembre de 1929 cosechan los hermanos Machado uno de sus mayores éxitos dramáticos estrenando la gran obra La Lola se va a los puertos protagonizada por Lola Membrives para quien fue escrita y con la que la artista obtuvo un clamoroso triunfo.

El día 27 de ese mismo mes se tributa en el hotel Ritz un homenaje a ambos hermanos con asistencia del general Primo de Rivera a quien acompañaba su hijo José Antonio. Tiempo después el propio Manuel Machado recordaba ese día en un artículo que publicó en el ABC de Sevilla el 20 de noviembre de 1938 con las siguientes palabras:

«Fue por estos mismos días de noviembre de 1929, y fue una de las primeras, acaso la primera vez, que, aparte sus alegatos forenses, hablaba en público José Antonio. Se celebraba un suceso artístico y la magnífica sala de fiestas del hotel Ritz, de Madrid, estaba llena a rebosar de todas las aristocracias españolas: desde la de la sangre hasta la del cante hondo. La cálida palabra del joven orador, impregnada ya de un dulce misticismo y como de un aura de profecía, penetraba candente en los espíritus y captaba, irresistible, no ya el difícil entusiasmo, la emoción cordial y sincera de aquel selecto auditorio. Cuando José Antonio descendió del estrado, entre ovaciones delirantes, don Miguel Primo de Rivera se acercó a su hijo. Y, al abrazarse aquellos dos hombres, muy hombres, había también lágrimas en sus ojos…».

Durante la República los hermanos Machado no estrenan ninguna obra, pero sí escriben varias. El motivo de no haber estrenado es debido, según algunos expertos, a que «los asuntos dramáticos adquieren otro ritmo».

Ambos hermanos participan en tertulias con Ricardo Baroja, Mariano García Cortés, Ricardo Calvo, el falangista Agustín de Foxá, Rafael Alberti y, posiblemente, Miguel Hernández.

Cuando estalla la guerra civil, Manuel Machado y su mujer se encontraban en Burgos y ante la imposibilidad de retornar a Madrid se instalan en una pensión «modesta, reducida, construida con tabiques de pandereta», describe el propio Machado.

En la capital castellana colaboraría en la Oficina de Prensa y Propaganda, y se reincorpora más tarde al Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, en la Comisión de Cultura de Burgos. Habla por Radio Nacional de España y Radio Castilla de Burgos.

El poeta colabora asimismo en el libro colectivo Los versos del combatiente y en la Corona de sonetos en honor de José Antonio, escribiendo en este último el siguiente soneto:

José Antonio, ¡Maestro!… ¿En qué lucero,
en qué sol, en qué estrella peregrina
montas la guardia? Cuando a la divina
bóveda miro, tu respuesta espero.

Toda belleza fue tu vida clara:
sublime entendimiento, ánimo fuerte…
Y en pleno ardor triunfal, temprana muerte,
porque la juventud no te faltará.

Manuel nació en Sevilla en 1874 y falleció en Madrid en 1947. El entierro fue solemne y asistieron ministros, escritores y su hermano Francisco. Eulalia, su viuda, legaría todos sus bienes a la Iglesia e ingresó como monja en un convento donde permaneció hasta su muerte. Antes, su marido había dejado escritos estos hermosos versos.

Cuando me dé la mano el Ángel de mi guarda
para ir a esa región que a todos nos aguarda
sobre la eterna música me hallará adormecido
y yo abriré los ojos a un mundo conocido.


 

 

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