NUESTRA MEMORIA

La primera bandera de Falange en Barcelona.

Sabina González de Carranceja, camarada de los tiempos difíciles, que enajenó su anillo para obtener la primera bandera de la Falange barcelonesa.

Sabina en una fotografía dedicada. El dibujo escenifica el relato del anillo. Detrás, Pilar Primo de Rivera recibida en Barcelona, en 1941, por Luys Santamarina y Sabina.
Sabina en una fotografía dedicada. El dibujo escenifica el relato del anillo. Detrás, Pilar Primo de Rivera recibida en Barcelona, en 1941, por Luys Santamarina y Sabina.
La primera bandera de Falange en Barcelona.

La primera bandera de Falange en Barcelona


Rebuscando, por archivos y bibliotecas, hace algún tiempo cayó en mis manos este texto que seguidamente ofrezco al lector, considerando que el mismo puede resultar ilustrativo de aquellos momentos iniciales, casi heroicos, de la primitiva Falange de Barcelona. Lo cierto es que ahora no alcanzo a recordar de qué publicación fue obtenido; no obstante, quizás, ese dato sea lo menos importante. A mí lo que más me interesó fue la pequeña historia que narra, sencilla, anecdótica…, pero, al mismo tiempo, expresiva de unas circunstancias históricas difíciles para España y, por supuesto, ejemplo de lo que siempre hemos entendido como estilo.

Después de la lectura reiterada de ese escrito, siempre me quedó la duda de que pudiera tratarse, simplemente, de la narración de un hecho ficticio, de una historia inventada con el ánimo de exaltar el espíritu de servicio y sacrificio de aquellos falangistas de las primeras horas. En consecuencia, ese texto fue debidamente archivado entre los muchos que siguen esperando la mano del erudito o estudioso.

Pasó mucho tiempo –casi una década– y, como humilde investigador de historia, continuaba con mi tarea buscando documentos e imágenes que tuvieran alguna relación con el nacionalsindicalismo, hasta que, un buen día, tuve la suerte de obtener copia de un informe político de una falangista excepcional, Sabina González de Carranceja. Como es natural, leí atentamente el contenido del citado documento y, cuál fue mi sorpresa al observar que, en uno de sus párrafos, hacía mención, precisamente, de ese pequeño acontecimiento; ahí, en ese texto, se despejaba la incógnita y quedaba claro que aquella camarada, de los tiempos difíciles, fue la que enajenó su anillo para obtener la primera bandera de la Falange barcelonesa.

Seguidamente se trascribe el texto completo del citado artículo.


Cómo pudo lograr la Falange de Cataluña su primera bandera nacionalsindicalista.

Fue en los tiempos duros, difíciles, de persecución y lucha constante.

Una tarde, como en otras muchas, los primeros camaradas habían acudido al local de reunión. La casa de la Falange, oculta, disimulada, sin vida, luz ni enseña que proclamara su existencia y la vida joven y pujante que en su interior nacía abría sus puertas resueltamente a los esforzados camisas azules, nuestros camaradas de la Vieja Guardia.

El cansancio físico rendía muchas veces al vigor y a la resolución. ¡Eran tan pocos y tantas las dificultades! Pero temores y fatigas desaparecían al cruzar el umbral de la casa, al hallar cordial acogida y frases y manos y voces, que derramaban calor de camaradería y aliento. Aquella tarde la charla nacía tímidamente… ¡Una bandera!...

Cómo anhelaban poseerla para extenderla majestuosa y noble y dominante, sobre el muro encalado de la pared. Para que, cuando el desaliento nacido en la lucha en las calles ante la fría indiferencia y el odio y la hostilidad, dejase en los corazones ceniza y tibieza, su presencia fuese fuente de vivas aguas donde renovar esperanza y valor y entusiasmos.

Pero no podía ser. No podían desprenderse de la cantidad necesaria para adquirirla, cuando el camarada encarcelado, el caído, el perseguido, requería toda la ayuda y todo el apoyo de la milagrosa Falange de Barcelona.

En torno a la mesa se agrupaban unos camaradas. Ella, también estaba. El timbre femenino de su voz ponía entre las palabras una suave nota de armonía y suavidad. Sus ojos, ojos francos, serenos, de mujer abnegada y valiente, se fijaban con dureza en la vieja y desmantelada pared. Ella, como nadie, comprendía cuan necesaria era su bandera. Y sus miradas se empañaron al sentirse impotente.

La luz de la lámpara central, pareció quebrarse en mil reflejos dorados… Las manos que iniciaban un gesto de impaciencia, quedaron inmóviles. Y, silenciosamente, sin explicar ni decir, se levantó y se fue.¡Camaradas! ¡Ahí tenéis! ¡Podremos comprar nuestra bandera!

Con gesto de reto, levantaba su mano mostrando los billetes que hacían posible su deseo, y sonreía dichosa de dar… ¡de poder dar! En silencio la miraron. Con desencanto, con altivez, con dureza.¡Bah! Una bandera regalada… Comprada con dinero fácil, sobrante…

¡No! ¡No la querían! Su bandera había de ser suya, tan suya, que en ella sintieran aletear el sacrificio silencioso… Tenía que haber nacido fecundada por el esfuerzo, el servicio, la camaradería… y arrancarse de tierra dura y difícil, de roca de voluntad. ¡No! No querían comprar su primera bandera con dinero ofrecido fácilmente por una mujer.

Herida por la negativa, dejó resbalar los billetes entre sus dedos. La luz hizo más pálidas, más blancas, las manos femeninas.

¿Y tú anillo? ¡No lo llevas!
¡Mi anillo!... ¡Era vuestra bandera!

¡Ahora sí que la querían! Su primera bandera, emblema y símbolo de sacrificios y desprendimiento, nacía al calor de un corazón falangista, y había sido acunada por la sonrisa de una renuncia gozosa…

¡Fue en los tiempos duros, difíciles, de persecución y lucha constante, cuando los esforzados camisas azules, nuestros camaradas de la Vieja Guardia!

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