MEMORIA

¿Esclavos cara al sol?

«Mezclado con mis compañeros me acerqué a los que picaban y excavaban piedras. No me preguntes por el tiempo que llevo aquí, que ya ni me acuerdo, respondía el cantero tostado de sol, quemado de viento y rojo de carné. Cuando salga tendré oficio, pesetas y empleo».


Artículo firmado por Joaquín M. Pavón, publicado en Cuadernos de Encuentro, núm. 73, de Verano de 2003. Ver portada de Cuadernos en LRP. Recibir actualizaciones de La Razón de la Proa (un envío semanal).

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Un grupo de trabajadores del Valle de los Caídos, con sus familias, en un día festivo, fotografiados 'cara al sol'. La imagen se ha sobrepuesto sobre otras dos imágenes del Valle.
¿Esclavos cara al sol?

«Esclavos cara al sol»


Con este mismo título se publicó, lejanamente, en las páginas de historia de El País (26/05/2002), a cinco columnas, un artículo que suscribe Isaías Lafuente, autor del libro Esclavos por la patria. El 29 de mayo aparece Rafael Torres en Oviedo para presentar su libro Víctimas de la victoria (continuación de su otro libro Esclavos de Franco, que ya había presentado en Radio Nacional de España un mes antes). Ambos autores van en la misma línea; es decir, siguiendo la tónica de siempre. Según parece, aquella explotación humana permitió poner en marcha empresas que hubiesen sido inviables con una mano de obra libre. Gracias a aquellos trabajadores presos se rehabilitaron poblaciones devastadas por la Guerra Civil, se levantaron cuarteles, iglesias y viviendas de protección oficial y así engordaron las cuentas de resultados empresas privadas vinculadas a sectores estratégicos de la economía nacional.

De las empresas que se citan solamente disponemos de información referente a Duro Felguera y a las obras del Valle de los Caídos, de las que nos vamos a ocupar más adelante.

El señor Lafuente en su narrativa de El País, dice cosas como estas.

«El régimen franquista levantó un sistema que permitió explotar laboralmente, durante años, a decenas de miles de presos».

«Si el jornal de la época estaba en torno a las 14 pesetas diarias, el preso sólo recibía en mano 50 céntimos, su mujer dos pesetas y cada hijo menor de 15 años una pesetas más. El otro 75% se ingresaba en las arcas públicas a beneficio del Estado».

«El Valle de los Caídos es el símbolo de la explotación de esta mano de obra reclusa, pero hubo cientos de valles de los caídos a lo largo y ancho del país».

«En Almadén, gracias a su trabajo, se consigue una producción nunca superada en su historia».

«Un informe de la empresa Duro Felguera llega a certificar que los presos a su cargo realizan el mismo número de horas ordinarias y extraordinarias».

Según Lafuente la razón por la que estos hombres, exhaustos, llegaban a duplicar su jornada es evidente; así como el jornal ordinario se lo quedaba prácticamente el Estado, las horas extraordinarias las cobraban íntegramente.

«Viendo que empresas privadas, especialmente las mineras, comienzan a tener grandes beneficios gracias a la explotación de esta mano de obra encarcelada, el régimen franquista decide establecer un gravamen de tres pesetas por preso y día».

«En 1939 el Patronato para la Redención de Penas prevé obtener un beneficio, según cálculos prudentes, de más de 1.500 millones de pesetas en los próximos diez años, lo que equivale ahora a más de 1.322 millones de euros. Un informe de la Revista de Estudios Penitenciarios constata que el régimen de Franco había pagado a los presos, hasta agosto de 1949, un total de 50 millones de pesetas, apenas un tercio de los 158 millones que habían generado con su trabajo desde el 1 de enero de 1939 hasta el 30 de junio de 1943. El resto fue confiscado por el régimen».

«La existencia de algunas empresas como Banús, Dragados y Construcciones, Duro Felguera o Portland Iberia –sólo por citar las más conocidas- que disponen durante 20 años de presos como si formasen parte de sus nóminas, es la prueba de una fidelidad mutua que demuestra que con la explotación de los presos todos ganaron».

Con relación a las afirmaciones del señor Lafuente vamos a reseñar algunos datos basados en bibliografía, testimonios y documentos irrefutables que obran en nuestro poder.

En 1943 había en Asturias 35.300 mineros y en 1950 más de 50.000.

La Duro Felguera, S.A. adoptó esta denominación en 1904, al verificarse la fusión de varias empresas de la zona de Langreo. Las actividades básicas de la misma fueron siderúrgicas y hulleras, que posteriormente se ampliaron con construcciones navales.

Hablar de la hulla en la Cuenca del Nalón implica hablar de la Sociedad Metalúrgica Duro Felguera, cuya producción de hulla alcanzaba dos tercios del total de la Cuenca y aproximadamente una cuarta parte del total asturiano. En la década de los cuarenta tenía una plantilla, solamente en minas, que superaba los 12.000 hombres. Esta empresa tuvo contratados presos que redimían la pena por el trabajo, pero nunca superaron el número de 200, que era la capacidad de alojamiento en los barracones destinados al efecto en el pozo Fondón de Sama de Langreo, donde también había un barracón destinado a cuartelillo de la Guardia Civil. Los presos estaban en las mismas condiciones laborales que el resto de productores. Trabajaban en el interior y en el exterior de la mina. Tenían relación con la gente del pueblo. En algunas casas particulares les lavaban y atendían la ropa y algunos se casaron en la cuenca. Varios de ellos promocionaron a categorías superiores como picador o entibador. Estuvieron en distintos contingente durante cinco años. De su salario se les hacía un descuento del 30% para el Patronato de la Merced, que atendía a sus familias. Al propio preso, cuando se marchaba, se les entregaba una estimable cantidad procedente de este fondo. Con relación a la plantilla total, los presos representaban un 1,66%.

Respecto al Valle de los Caídos, transcribimos parte de la página correspondiente al capítulo XV del libro titulado Los trabajos, escrito por el arquitecto Diego Méndez, autor de parte del proyecto y director de la segunda parte de las obras del conjunto del monumento. Copiamos textualmente:

«A lo largo de quince años, dos mil hombres aportaron su esfuerzo diario hasta dar cima a la obra. De ellos solamente cuarenta y seis eran personas que redimían por el trabajo anteriores sanciones; para ellas, cuando me hice cargo de la dirección definitiva de las obras, solicité de S. E. el Jefe del Estado el indulto y la libertad, a los que por su buen comportamiento se hicieron acreedores. La maledicencia ha cargado las tintas a la hora de valorar el papel que en la realización de las obras desempeñó dicho personal. Lo rigurosamente cierto es que este pequeño grupo de obreros fue atendido, aunque con las naturales limitaciones derivadas de su situación, en pie de igualdad con el resto de trabajadores libres. Su especial psicología impulsó a algunos de ellos a asumir voluntariamente las misiones más peligrosas, aquellas en las que, para vencer a la naturaleza, habían de esgrimirse las armas del coraje y la dinamita. Sobre algunos de estos hombres, mas no sólo sobre ellos, recayó la ciclópea tarea de horadar el Risco de la Nava. Ya como personal libre, la casi totalidad continuó su tarea en el Valle hasta el final de las obras contratados por las diferentes empresas. Hubo incluso algunos que después pasaron a trabajar en la Fundación.

Por lo que se refiere a Rafael Torres decir que afirma con rotundidad, al referirse al Valle de los Caídos, en su intervención en Radio Nacional (que hemos citado anteriormente)

«...que aportaron mano de obra barata al régimen de Franco para construir el monumento [...] que fueron explotados, que se hizo con los presos mal alimentados etc.».

Hubo varias intervenciones de personas que estaban escuchando, en su mayoría de la cuerda del señor Torres. Casi al final de la entrevista intervino una señora de Valencia que dijo ser catedrática de Historia y que no estaba conforme con algunas de las cosas que se estaban diciendo. Por ejemplo dijo:

«...que entre los presos que redimían la pena por el trabajo, estaba un compañero de facultad, que aún vive y dio el nombre. Esta señora también manifestó que su compañero de facultad se hallaba redimiendo la pena por el trabajo, pero dada su preparación intelectual estaba en la oficina y todos los domingos le iban a ver a El Escorial, ya que les dejaban salir e incluso cobraban salario, entre 10 ó 12 pesetas diarias».

En el libro de Adrián Oviedo Sánchez titulado España y mi menda, aparecen en las páginas 163 a 165, referencias al Valle de los Caídos y este elocuente testimonio:

«Mezclado con mis compañeros me acerqué a los que picaban y excavaban piedras. No me preguntes por el tiempo que llevo aquí, que ya ni me acuerdo, respondía el cantero tostado de sol, quemado de viento y rojo de carné. Cuando salga tendré oficio, pesetas y empleo».

Y ahora vamos a replicar algunas de las falsedades que Isaías Lafuente nos comenta.

¿En virtud de qué principio se estableció el sistema que permitió explotar laboralmente durante años a decenas de miles de presos? Y además debería precisar:

  • En qué consistía tal sistema de explotación laboral.
  • Qué número de años duró esta explotación laboral.
  • Cómo estaban distribuidos y en qué empresas esos «miles de presos».

A nuestro juicio, esta primera tesis es, sencillamente, falsa. Es un disparate.

━Todos los presos que redimían la pena por el trabajo en las empresas de las que nosotros tenemos datos, estaban en pie de igualdad con el resto de personal libre, como hemos citado anteriormente. Que el 75% del salario ingresaba en las arcas del Estado es una solemne mentira.

Las condiciones económicas del personal preso que trabajaba en el Valle de los Caídos ya las hemos reseñado. Por lo que se refiere al resto de «cientos de valles de los caídos», debería especificar claramente donde están ubicados, pues no se conoce más que «un Valle».

De las minas de Almadén no tenemos datos, pero a juzgar por lo que conocemos y vista su similitud con todo lo que dice, podemos deducir que esta es otra de las grandes falsedades que explota demagógicamente.

El informe de Duro Felguera que cita Lafuente también puede valer para el resto de obreros libres. Esta es otra de los grandes «errores» aprovechado para la más pura demagogia. El señor Lafuente debe de saber (seguro que lo sabe) que todos los mineros asturianos trabajaron jornada doble durante muchos años y antes habían aumentado su jornada en una hora más e incluso llegaron a desarrollar su labor en días festivos. Es el propio Franco quien lo reconoce y agradece, según un párrafo del discurso ante los mineros en 1946, que copiamos textualmente:

«Y al hablar de producción quiero en estos momentos, en nombre de la nación, hacer presente mi gratitud a los mineros asturianos, que estuvieron trabajando una hora más y los días festivos en la etapa pasada para salvar nuestra crisis de carbón».

El señor Lafuente también debe de saber que los mineros, estos hombres recios, contribuyeron con su aportación personal al progreso y riqueza material y social de Asturias y de España, y que los mineros se jubilan más tempranamente que el resto de trabajadores ya que se les aplica una edad «resultante» en lugar de la edad física. Este beneficio está relacionado con la doble jornada que hicieron, pero sería materia de larga explicación que ahora no procede.

A esta última mentira replicamos con estos números:

  • Duro Felguera: 12.000 hombres; presos 200, que representaban el 1,66 % del total.
  • Valle de los Caídos: 2.000 hombres; presos 46, que representan el 2,30% del total de la plantilla.

Dicho en roman paladino, según Lafuente y Torres, 200 presos levantaron una empresa de 12.000 hombres. Y 46 hombres hicieron la monumental obra del Valle de los Caídos.

Asombroso.


Para saber más...


El historiador Alberto Bárcena es contundente con las historias falseadas sobre la mano de obra presa en el Valle de los Caídos: Nunca hubo trabajos forzados NUNCA, de hecho, para trabajar en su construcción, había que solicitarlo expresamente. 
Así era la vida de un preso, artículo de Alberto Bárcena para La Razón (30/05/2015)


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