NUESTRA MEMORIA

«Algo hay que hacer con Franco»

Franco estará en los manuales de Historia del año 2050 con una línea de este tenor: General que, tras una tremenda guerra civil de tres años y una compleja y eficaz gobernación de 36 años, restauró la Monarquía, en la dinastía borbónica y en la persona de don Juan Carlos de Borbón y Borbón.

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«Algo hay que hacer con Franco»

«Algo hay que hacer con Franco»

Revolviendo papeles, me he encontrado con unos apuntes que en su día tomé de una conferencia que el veterano periodista, Enrique de Aguinaga, había dado en el Ateneo  de Gijón, y a quien tuve el honor de presentar al numeroso público que llenaba la sala.

La conferencia del, catedrático emérito de la Universidad Complutense, llevaba por título el mismo que encabeza este artículo. Pero antes de dar comienzo su disertación, explicó, muy emocionado, que en el cementerio de aquella ciudad yacían unidos para siempre, en una misma sepultura, cuerpo a cuerpo, sus dos hermanos, enfrentados en la guerra civil: Álvaro, alférez del Ejército alzado, y Vicente, capitán de milicias populares.

A continuación, se refirió a un artículo que, con el mismo título de su conferencia, había publicado en el diario La Razón. Le constaba entonces que lo había leído el rey Juan Carlos y que éste exclamo después de su lectura: ¡Que cojones le ha echado Aguinaga! 

Seguidamente se declaró no franquista, pero no por exculparse de nada ni por miedo, ni por cálculo, sino porque a estas alturas tanto el franquismo como el antifranquismo carecen de todo sentido, por lo que hay que dar por superada esa dialéctica, más bien propia de la guerra civil que dividió a España en dos mitades. Para respaldar este pensamiento, el emérito catedrático repitió las palabras que el falangista Antonio Castro Villacañas escribió hace tiempo:

Ser hoy franquista es un anacronismo, pero ser antifranquista hoy es una tontería. Mientras perdure la dialéctica franquismo-antifranquismo, España seguirá viviendo una etapa de transitoriedad insegura.

Franco está ahí –dijo Aguinaga–, no sólo como chivo expiatorio, entre otras razones, porque el socialista Ignacio Sotelo, profesor de Ciencia Política, ha tenido el valor científico de explicar que vivimos en la España de Franco, que Franco dejo todo, efectivamente, atado y bien atado y que la España actual hunde sus raíces en los 40 años de franquismo. Franco está ahí, en los periódicos y, como referencia casi diaria, en las columnas obsesivas de algunos articulistas.

Para el conferenciante, la muerte de Franco y la coronación de Juan Carlos, es un solo acto, el acto de la sucesión. Lo que pasa es que el imperio mediático de la verdad oficial disocia aquella unidad de acto y, postergando o maltratando el recuerdo de Franco, pone todo el acento en la celebración de los años que llevábamos de Monarquía. Diríase, pues, que la Monarquía se hubiera aparecido a los españoles, como la Virgen de Fátima se apareció a los pastorcillos. Pero, evidentemente, no se trataba de un hecho milagroso, sino de un hecho de larga y difícil elaboración.

Tuvo un recuerdo para para el fundador de Falange, José Antonio Primo de Rivera, y de su alegría el 14 de abril de 1931, cuyo 89  aniversario acabamos de cumplir, cuando la República se instala con plena legalidad democrática.

Un poco más adelante reproduce lo que Franco dijo en su última entrevista que fue publicada en la revista Blanco y Negro, y que al parecer los Paul Preston y Javier Tussel no se han enterado aún: «Nunca se encontró un pueblo en mejores condiciones para entrar en el futuro. Tienen ustedes los medios. Lo demás está por hacer. De ustedes es ya toda la responsabilidad».

Se refirió también a que en 1986 cuando el Gobierno socialista, al conmemorar el 50 aniversario del comienzo de la guerra civil, declaró solemnemente el recobro de las libertades, que quedaron bruscamente interrumpidas en 1936. Pero, evidentemente, en contra de esta lógica no se volvió a la República. Y es cierto, porque si como dijeron todos hasta la saciedad, España durante la II República tenía un régimen legítimo que se habían dado los españoles, es ilógico que a la muerte de Franco no se hubiera restablecido el régimen legítimo anterior: La República, y con ella la Constitución española de 1931. Sin embargo, en lugar de restablecerse el anterior régimen (República), se restaura la Monarquía, y no en la persona del hijo y heredero legítimo del último monarca español Alfonso XIII, sino saltándose el orden de sucesión, en la persona de su nieto. Todo esto es necesario explicarlo a los españoles, decía Aguinaga.

Habló de la restauración de la Monarquía en España y aludió a la sentencia por la que la República condenó y degradó a Alfonso XIII y a todos sus derechos, dignidades y títulos sin que pueda reivindicarlos jamás, ni para él ni para sus sucesores; pero fue precisamente Franco, antes de que terminara la guerra, quien derogó tal dictamen.  

Más tarde, el propio Franco tuvo especial cuidado en contemplar aquella abolición restauradora con una serie de disposiciones ministeriales de Gobernación, Justicia y Hacienda por la que se devolvieron a la familia real todos los bienes confiscados por la República, terminó diciendo el emérito catedrático.

Así pues, Aguinaga añadió que había que explicar que es cierto que la Constitución de 1978, no trae la Monarquía en la persona de Juan Carlos, sino al revés: es el rey Juan Carlos –que ha sucedido a Franco en la Jefatura del Estado, a título de Rey, el 22 de noviembre de 1975, y en virtud de la legalidad vigente del régimen de Franco– quien trae o propicia el régimen político actual, incluyendo la Constitución de 1978.

La legitimidad de origen de la Monarquía española, no proviene de la Constitución de 1978, sino –dicho en palabras textuales del Juan Carlos I– de la legitimidad política surgida el 18 de julio.

Y después de un breve repaso por la guerra civil, llegó a su última proposición, en la que se atrevió a hacer una profecía, una profecía muy cómoda, porque es seguro que él ya no estará para responder de su cumplimiento:

Franco estará en los manuales de Historia del año 2050 con una línea de este tenor: General que, tras una tremenda guerra civil de tres años y una compleja y eficaz gobernación de 36 años, restauró la Monarquía, en la dinastía borbónica y en la persona de don Juan Carlos de Borbón y Borbón.

Entretanto, «algo hay que hacer con Franco», terminó diciendo el catedrático emérito. Y, efectivamente, algo hicieron los socialistas y compañía. Cambiar sus restos de sitio.



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