LIBROS | SOBRE JOSÉ ANTONIO

«José Antonio ante la justicia roja»

Es el título de un libro que escribió, en 1941, uno de los biógrafos de José Antonio, Francisco Bravo, en el que nos descubre parte de aquel proceso histórico. «Primo de Rivera oye la cantinela como quien oye llover; no parece que aquello, todo aquello tan espeluznante, rece con él».

«José Antonio ante la justicia roja»

«José Antonio ante la justicia roja»

Es el título de un libro que escribió, en 1941, uno de los biógrafos de José Antonio, Francisco Bravo, en el que nos descubre parte de aquel proceso histórico con algunos antecedentes del sumario; del que José María Mancisidor nos diría: «que había de constituir la falsa base en que tendría que apoyarse, no la justicia de un color determinado, sino un Tribunal Popular, que en la ciudad de Alicante habría de reunirse para ser fiel trasunto del rencor, de la mediocridad y del sectarismo contra un hombre excelso». Mancisidor publicaría en 1963 la primera edición de su Frente a frentelibro que recoge con todo rigor aquel simulacro de juicio donde José Antonio, como decía su hermano Miguel: «estaba ya metido en el fondo de un saco del que no saldría jamás». Una gran parte de lo publicado por Mancisidor está recogido en la Obras CompletasComo ejemplo, vamos a transcribir solamente unos cortos párrafos.

Es el fiscal Gil Tirado quien comienza diciendo:

Falange Española es una asociación de tipo dictatorial, que aspira a un régimen político de tipo dictatorial.

A lo que José Antonio, responde:

Mis minutos son pocos, pero sobre esto la benevolencia del Tribunal, administrada con largueza por su presidente, me permitió hablar ya ante vosotros cuando fui interrogado en calidad de reo. Fui interrogado por el señor fiscal e inteligentemente por varios miembros del Tribunal, que saben lo que son los partidos y sus sentidos sociales. Dije perfectamente por qué somos sindicalistas y no encuadrados en los partidos que son solamente sindicalistas; por qué añadimos a lo de "sindicalistas", lo de "nacional"; y por qué en lo del sindicalismo que es una posición nueva y de lo nacional, que es lo que parte en dos a toda la juventud de España.

Y José Antonio también añadió:

Todos los españoles no impedidos tienen el deber de trabajar. El Estado Nacionalsindicalista no tendrá la menor consideración al que no cumpla función alguna y aspire a vivir como convidado a costa del esfuerzo de los demás. Punto dieciséis. Estos son los típicos señoritos, este es el señorito. Pues ya ve claro y bien el señor fiscal cuál es la opinión de la Falange Española sobre el señoritismo.

Y continúa diciendo:

Yo he redactado casi todo el ideario de Falange Española, de la que soy jefe. Que soy el jefe es evidente, sería pueril negarlo. Que Falange Española se mueve dentro de la legalidad republicana lo he demostrado también ayer. Y no he sido yo solo. Lo ha dicho el Tribunal Supremo de la República hace muy pocos meses, mucho después de triunfar el Frente Popular, y lo ha dicho una de las Salas, que por los antecedentes de quienes la componen os debe ofrecer las mayores garantías. Estoy seguro que al hacer el programa me he movido dentro de la misma Constitución.

Ahora, si esto es delito, yo ruego, y de manera especial al Tribunal de Derecho que ha de redactar las preguntas para el veredicto que no involucro este hecho mío innegable: Toda la responsabilidad para mí por haber sido el fundador de esa entidad y por ser el autor de su programa, pero que no la envuelvan hacia otras cosas que han sucedido después y que no tienen nada que ver con mi condición de Fundador de Falange Española.

Terminado el interrogatorio, muy largo, y la intervención de varios testigos, es negado el indulto y el Tribunal dicta sentencia que no sería otra que José Antonio es condenado a muerte. Es entonces cuando el fundador de Falange se dirige al Tribunal que lo ha condenado a la última pena  y le da un abrazo al presidente Eduardo Iglesias Portal que recoge muy bien el periodista y catedrático emérito, Enrique de Aguinaga en su artículo publicado en el diario La Razón el 7 de octubre de 2003.

Según de Aguinaga, este abrazo hubiera pasado casi desapercibido si no fuera por la carta que las hijas del juez, desde Méjico, escribieron a Miguel Primo de Rivera. La intención era que su padre pudiera venir a morir en España. Y así ocurrió (19 de enero de 1969), después de la carta que el propio Miguel les escribió. Carta que se puede leer en el libro de Honorio Feito, Iglesias Portal, el juez que condenó a José Antonio.

Al día siguiente de cometerse el crimen, la mayoría de la prensa republicana daba la noticia. El periódico Milicia Popular, de inspiración comunista, y portavoz del Quinto Regimiento de Milicias Populares comandado por Enrique Lister, decía, entre otras cosas:

«Primo de Rivera ha desaparecido. Con ello la nueva sociedad, la base gloriosa y firme de nuestra República popular sigue la tarea de su propia depuración. Ha perecido bajo la justicia inapelable del pueblo».

Mas dos días antes de su ejecución, el diario El Día, de Alicante, publica un artículo, apenas conocido pues ninguno de los biógrafos de José Antonio se han hecho eco de él, firmado por el periodista Emilio Costa Tomás, miembro del Partido de Lerroux, y que posteriormente se pasó al Radical Demócrata que lideraba Martínez Barrio, para terminar en la Unión Republicana que venía a ser una continuación del anterior. El artículo, que tituló Su informe es rectilíneo y claro, lo transcribo a continuación:

Ajeno al hervidero de tanta gente heterogénea amontonada en la sala, José A. Primo de Rivera lee, durante un paréntesis de descanso del Tribunal, la copia de las conclusiones definitivas del Fiscal. No parpadea. Lee como si se tratara de aquellos pliegos de una cosa banal que no le afectara. Ni el más ligero rictus; ni una mueca; ni el menor gesto altera su rostro sereno. Lee, lee con avidez, con atención concentrada sin que el zumbido incesante del local le distraiga un instante.

Aquellos papeles no son más que la solicitud terrible del fiscal de un castigo severísimo para el que los lee. Para él y para sus hermanos sentados más allá con las manos cogidas, bisbiseando un tierno diálogo inalcanzable para los guardias que los cercan. Luego, apenas reanudada la sesión es ya el fiscal quien lee aquellos pliegos monorrítmicamente, sin altibajos ni matices. Primo de Rivera oye la cantinela como quien oye llover; no parece que aquello, todo aquello tan espeluznante, rece con él. Mientras lee el fiscal, él lee, escribe, ordena papeles… Todo sin la menor afectación, sin nerviosismo.

Margarita Larios está pendiente de la lectura y de los ojos de su esposo Miguel que atiende, perplejo, a la lectura que debe parecerle eterna. Lee, lee el fiscal, ante la emoción del público y la atención del Jurado. José Antonio solo levanta la cabeza de sus papeles cuando, retirada la acusación contra los oficiales de Prisiones, los ve partir libremente entre el clamor aprobatorio del público. Pero solo dura un momento esa actitud con la que no expresa sorpresa, sino, quizás, vaga esperanza. Inmediatamente comienza reposada, tranquilamente sus propias conclusiones definitivas que el público escucha con intensa atención. Informa el fiscal. Es el suyo un informe difícil. Acumula cargos y más cargos deduciéndolos de las pruebas aportadas. Margot se lleva su breve pañolito a los ojos que se llenan de lágrimas.

Miguel escucha, pero no mira al fiscal; sus ojos están pendientes del rostro de su hermano en el que escruta ávidamente un gesto alentador o un rasgo de derrumbamiento. Pero José Antonio sigue siendo una esfinge que solo se anima cuando le toca el turno de hablar en su defensa y en la de los otros dos procesados. Su informe es rectilíneo y claro. Gesto, voz y palabras se funden en una obra maestra de oratoria forense que el público escucha con recogimiento, atención y evidentes muestra de interés.

Los periodistas se acercaron el defensor de sí mismo y de sus hermanos. Eran periodistas de izquierdas y dialogaron brevemente del curso de los debates y de política. Ya habrán visto, dijo, que no nos separan abismos ideológicos. Si los hombres nos conociéramos y nos habláramos, esos abismos que creemos ver, apreciaríamos que no son más que pequeños valles.

Luego ha venido la tortura para todos, público y procesados, de la deliberación del Jurado que ha durado horas y horas de incertidumbre. Al fin la sentencia. Una sentencia ecléctica en la que el Jurado ha clasificado las responsabilidades según la jerarquía de los procesados. Y aquí quebró la serenidad de José Antonio Primo de Rivera ante la vista de su hermano y de su cuñada. Sus nervios se rompieron. La escena surgida la supondrá el leyere.

Su emoción, su patetismo alcanzaron a todos.

Después de ser asesinado, su cuerpo fue llevado al cementerio de Alicante y allí depositado en una fosa común. El lugar donde estaban sus restos. fue encontrado en noviembre de 1939, por Javier Pérez Millán-Astray, según nos cuenta en el diario ABC, de fecha 20 de noviembre de 1953. Este día, pero de 1936, se produjo el traslado por carretera, a hombros de centenares de falangistas desde Alicante hasta El Escorial, donde llegaron el 30 de noviembre siguiente.

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