La Razón de la Proa

LEVANTE | EMV. 24/JUN/2012

"Ni capitalismo ni socialismo; la solución es José Antonio"

Más que la Falange, lo que considero vigente es la doctrina de José Antonio, que es distinto. Yo soy joseantoniano, no falangista. No pertenezco a ninguna organización falangista, pero sí que soy un admirador de José Antonio, que fue un referente en mi juventud porque era un innovador de la democracia.


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Paco Cerdá entrevista José María Adán García, abogado y político [libros]

"Ni capitalismo ni socialismo; la solución es José Antonio"

En un texto reciente sostiene que la doctrina de la Falange sigue vigente. ¿Es un nostálgico, un irreductible o un provocador?

━Más que la Falange, lo que considero vigente es la doctrina de José Antonio, que es distinto. Yo soy joseantoniano, no falangista. No pertenezco a ninguna organización falangista, pero sí que soy un admirador de José Antonio, que fue un referente en mi juventud porque era un innovador de la democracia.

¿Cómo?

━Sí. Cuando José Antonio condenaba el sistema democrático, no lo hacía porque fuera democrático, sino porque no era democrático. La Segunda República Española no tenía nada de democrático. Había servilismo, separatismos, lucha de clases€ José Antonio condena esa democracia, y al mismo tiempo, hasta siete veces en sus Obras Completas, critica el fascismo, porque mantiene la estructura social del capitalismo y de la propia burguesía. Su fin último es el establecimiento de una democracia libre y apacible, ajena a dictaduras de derechas ni de izquierdas.

Y eso es lo que usted reivindica.

━Sí, ese pensamiento es el que a mí me ilusionó de joven. Y sigo creyendo que esa doctrina, ahora más que nunca, es la solución. Porque la solución no está en volver a sistemas rotundamente fracasados. El socialismo y el capitalismo han fracasado. Y la doctrina de José Antonio, no del José Antonio falsificado posteriormente, es la búsqueda de una solución que supere ese enfrentamiento histórico entre capitalistas y socialistas. En este sentido, los insumisos [del 15-M] tienen razón. El problema es que se quedan en la mera alegación y no aportan soluciones.

Dice que Franco era «un cirujano al que se le llama para operar a un enfermo muy grave, como era la España de la II República, para que una vez sanado vuelva a la normalidad». Pero ningún cirujano ha dejado tantos muertos por el camino. ¿Qué valoración hace de la dictadura?

━La represión franquista existió y no se puede negar. Pero tampoco se puede hablar de la represión franquista sin hablar, al mismo tiempo, de la represión republicana. Hay que situarse en la época: en aquel momento, la pena de muerte estaba admitida en todos los países democráticos e incluso hoy sigue vigente en algunos.

Pero con juicios.

━Entonces, si la izquierda mató a 200.000 o 300.000 personas, los autores de esas muertes (aplicando la legislación anterior) tenían que ser ajusticiados. Yo no soy partidario de la pena de muerte. Quizás, Franco habría tenido que ser más generoso. Pero si hablamos de represión, hablemos de represión de los dos bandos.

¿Y el balance del franquismo?

━Yo fui antifranquista desde la juventud, porque consideraba que Franco había, si no traicionado, sí renegado de la ideología innovadora de José Antonio. Pero, a los 80 años, viendo la realidad actual, creo que la España de Franco tuvo claros y sombras. Llegó a ser la novena potencia industrial del mundo, la segunda potencia turística, no había paro, se produjo un desarrollo brutal del que todavía vivimos de rentas (pantanos, carreteras), y pasamos de ser un país de alpargata a un país de zapato. Lo único malo de Franco fueron dos cosas: la falta de pluralismo político y la excesiva duración de su mandato.

¿Por qué entró en política y con qué propósito desempeñó el cargo de consejero nacional del Movimiento y de procurador en Cortes por Valencia?

━Para contribuir a la reforma del sistema. La tercera generación de un régimen, por razones biológicas y políticas, suele hacer la reforma. Le pasó a Napoleón, a Stalin, a Nasser. La tercera generación de un régimen, desde dentro o desde fuera, hace la reforma. Por aquel entonces, yo era presidente del Centro de Estudios Políticos y Sociales, una cátedra libre con 800 miembros a la que acudieron a hablar incluso ministros de la República. Desde allí potenciaron mi candidatura al puesto de consejero nacional del Movimiento, por el que competí en las elecciones de 1971 frente a siete candidatos.

Y ganó usted.

━Sí. Y, automáticamente, como dictaba la ley, pasé a ser procurador en Cortes. Allí me encontré con unos 40 miembros de mi generación y, entre todos, creamos la Asociación Cultural Quevedo. Allí estábamos Adolfo Suárez, Martín Villa, Eduardo Navarro, Ortí Bordás, Cantarero del Castillo, Marcelino Oreja, Lo primero que hicimos, en 1973, fue escribirle a Franco la famosa Carta de los 39, que pedía la apertura del régimen y que produjo un impacto acelerador del reconocimiento del pluralismo político, iniciado con el Estatuto de Asociaciones de 1974.

Reivindica el papel de esos «reformistas azules», entre los que usted se incluye, más allá de que algunos los tilden de «fachas».

━Sí, pero fuimos los que trajimos la democracia. Ésa es la verdad. Nosotros hicimos la reforma del Código Penal (sin la cual no podían ser legalizados los partidos políticos), de la ley de reunión, de manifestación, de partidos políticos€ Sin toda esa legislación, el proceso posterior no hubiera podido realizarse. Y por encima de todo: hicimos el referéndum sobre la Ley para la Reforma Política [del 15 de diciembre de 1976]. Hasta entonces nos acusaban de ser continuadores del franquismo. Pero los cambios históricos nunca se hacen en un día€ Y los reformistas azules, desde mis tiempos de juventud, ya veníamos propugnando la reforma, la apertura del régimen, las elecciones libres€

¿Se sienten menos valorados en esa transición a la democracia que socialistas o comunistas?

━Algunos antifranquistas decidieron que había que luchar desde fuera, y otros optamos por transformar el sistema desde dentro. Los comunistas sí participaron en la Transición hacia la democracia, y aceptaron la monarquía, la bandera, la unidad nacional y renunciaron a la lucha callejera y forzaron al PSOE a transigir. Pero los socialistas, que en 1975 tenían poco más de 2.300 afiliados, brillaron por su ausencia y hasta última hora apostaron por la ruptura. Así es que la reforma no la hicieron los de fuera, sino los de dentro. Los reformistas azules tenemos la tutoría de la Transición. Porque el proceso democrático se solidificó y se hizo irreversible con el referéndum sobre la Ley para la Reforma Política y el apoyo del 94 % de votantes. Ahora bien: cuando vinieron las primeras elecciones democráticas, nos eliminaron a los reformistas azules. Sufrimos una auténtica política de exclusión.

Tras la muerte de Franco, el Gobierno de Suárez lo nombró gobernador civil de La Rioja entre 1976 y 1978. Pero pronto acabaría su carrera política.

━Cuando llegaron las primeras elecciones democráticas, ya me avisaron de que me iban a hacer una jugada. Así fue: nos destituyeron a todos los gobernadores civiles para borrar con el «pasado». En las segundas elecciones, las de 1979, cuando yo ya estaba libre, tenía dos opciones: organizar una candidatura independiente, porque yo en Valencia aún tenía mucha fuerza, o aceptar la propuesta de Martín Villa de enrolarme en la UCD por Valencia de la mano de Emilio Attard. Así iba a hacerlo. Cuando me presenté en el despacho de Attard, me recibió de este modo: «Quina sort, quina sort, Déu meu! Este és el millor que podíem tindre!». Porque yo tenía muchos resortes en Valencia, después de siete años como consejero nacional. Yo, como siempre, he sido ingenuo y quijote, me creí su promesa de que iba a colocarme en los puestos de salida y frené la candidatura independiente que me pedían los míos.

Pero aquello naufragó.

━Sí, porque la democracia cristiana —con el acuerdo de los socialistas desde la oposición— decidió que los reformistas azules olíamos a franquismo, a pesar de que habíamos sido más antifranquistas que ellos. Así que pasaron los días y, cuando ya no había tiempo ni material ni legal para presentar ninguna candidatura, me llamó Emilio Attard a su despacho y, con grandes exclamaciones, me dijo: «Quin disgust tinc, Déu meu, quin disgust tinc!». Presiones muy altas, muy altas, muy altas€ tan altas que no te puedo decir, me obligan a poner a otra persona en el sitio de la lista que te tenía reservado a ti».

Y usted se cayó de la lista.

━Sí, me quitaron de la lista. Luego, yo he realizado una investigación sobre Attard. Mira: en Valencia hay un hombre que conservó los documentos históricos del Movimiento y los guarda en una cámara acorazada. En esos documentos pude ver que Attard, que estuvo en el Contubernio de Múnich, fue militante del Movimiento, fue secretario político del primer gobernador de la posguerra en la etapa dura de la represión, y tenía muchas cartas de recomendación pidiendo ser alcalde en el franquismo. Eso, el mismo hombre que luego se presentó como demócrata de toda la vida y nos impidió presentarnos a los demás.

Y eso tuvo sus consecuencias.

━Sí. Primero, que 900 miembros de la Comunitat Valenciana y Murcia se tuvieran que presentar como independientes. Y como efecto directo, eso hizo que Attard perdiera en Valencia en 1979 ante el PSPV. Y por el peso específico de Valencia, él fue el culpable de que UCD entrara en minoría a escala nacional. Como consecuencia de ello, fueron las nuevas familias las que elaboraron la Constitución, que ya no tuvo ningún parecido con lo que los reformistas azules pensábamos que debía ser la Carta Magna.

¿Ve acomplejada a la derecha española?

━España está en una crisis económica y social muy grave. Pero esta crisis, ahondada por el PSOE y personalmente por Zapatero, es mucho más grave desde el punto de vista institucional y territorial. Hay que buscar una solución más social, donde el ahorro y la presión fiscal se destine a la creación de puestos de trabajo y no a reforzar la financiación de los bancos privados. Pero, además, no se puede ignorar la crisis institucional y territorial, porque tiene la misma urgencia. Porque si llegan a producirse hechos consumados, serán más difíciles de remontar que las dificultades económicas. Y en este aspecto, la derecha está acomplejada. Porque el artículo 150 de la Constitución dice: «El Estado podrá dictar leyes que establezcan los principios necesarios para armonizar las disposiciones normativas de las Comunidades Autónomas, aun en el caso de materias atribuidas a la competencia de éstas, cuando así lo exija el interés general». ¡Eso, que está dentro de la Constitución, es lo que tiene que aplicar la derecha!

¿Qué opinión le merece la clase política valenciana, que va de juzgado en juzgado?

━La clase política española, y muy particularmente la valenciana, salvo excepciones, carece de sentido del Estado, de patriotismo y de competencia. Se ha generalizado la ética del confort y el beneficio, y se ha olvidado la ética del servicio y la eficacia.

¿Y qué piensa del expresidente Camps?

━Yo tenía la opinión de que era un buen chico, pero un gobernante tiene la obligación de controlar sus alrededores. Y es el responsable directo de las instituciones a su cargo. Si esas instituciones caen en el nepotismo, en el despilfarro y en la convivencia con la corrupción, por muy bueno que él sea personalmente, no es un buen político.

━La crisis ha impulsado a la extrema derecha en muchos países de Europa. ¿Eso puede ocurrir en España?

━En España se ha producido un proceso profundo de hedonismo y despatriotización. Por eso, es muy difícil que vuelva la extrema derecha.

¿Afortunadamente o desafortunadamente?

━Afortunadamente. Pero también habría que hablar de la extrema izquierda, que está más generalizada.


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HEMEROTECA | José María Adán | 24/06/2012 Más que la Falange, lo que considero vigente es la doctrina de José Antonio,...

Publicada por La Razón de la Proa en Domingo, 20 de septiembre de 2020
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