EDITORIAL | ACTUALIDAD POLÍTICA

Superar al Sistema por elevación

Es el Sistema entero el que precisa de la existencia del separatismo; fue el que le insufló vida, el que cooperó abiertamente en su crecimiento y expansión, el que no permite de ninguna de las maneras que desaparezca de la legalidad que el propio Sistema ha construido.

Superar al Sistema por elevación

Lo comprendemos perfectamente...


Se han quedado solos los chicos de Vox en su propuesta de ilegalización de aquellos partidos que vayan contra la unidad de España. Por una parte, ya sabíamos hace mucho tiempo que el artículo 2º de la Constitución española, ese que afirma de forma rimbombante que esta se fundamenta en aquella unidad, considerada indisoluble, es papel mojado (al igual que muchos otros artículos, en verdad).

Por otra parte, entendemos las profundas razones que han aconsejado al PP y a Cs no secundarla: se les acusaría de seguidismo, de ser de ultraderecha y de otras cosas feas del mismo jaez (bastante tienen con borrarse el oscuro pasado sacado a relucir sagazmente por sus adversarios).

Claro que no han tenido en cuenta –inteligentes ellos– el aumento de votos que conseguiría su apoyo, incluso en detrimento de los promotores de Vox; y lo mismo se podría decir de Cs, antiguo flagelo del separatismo.

Pero existe una razón más importante, decisiva: necesitan la existencia del separatismo, precisan mantener esa constante tensión, que procede del miedo del rebaño, para quedar como eternos salvadores de la patria cuando se produzca otra asonada en Cataluña o cuando al PNV le parezca oportuno agitar el nogal para recoger ellos las nueces.

Del PSOE ya ni hablemos: tienen prietas sus filas en torno a la supervivencia en el poder; de vez en cuando, algún superviviente de La vieja guardia alza un poco la voz para autojustificarse; pero la trayectoria histórica del partido habla por ellos: siempre han considerado buenos aliados (aunque oportunistas) a quienes se niegan a ser españoles, y en esto no se distinguen mucho de la derecha, tan amiga de Pujol en tiempos, tanto si se presenta en estado puro o camuflada como centro, eso que nadie sabe qué es.

Digámoslo en términos más rotundos: es el Sistema entero el que precisa de la existencia del separatismo; fue el que le insufló vida, el que cooperó abiertamente en su crecimiento y expansión, el que no permite de ninguna de las maneras que desaparezca de la legalidad que el propio Sistema ha construido.

En cierta ocasión –y va de anécdota veraz– unos comensales ocasionales de Albert Ribera, cuando este solo era la gran esperanza blanca de la españolidad en Cataluña, le preguntaron si no veía claramente que el separatismo que decía combatir era un producto del Sistema; la respuesta fue rotunda: Yo nunca me he planteado ni me plantearé estar fuera de este Sistema.

Todos juntos, pues, en unión fraterna, los partidos llamados nacionales del Sistema cerrarán siempre filas para que siga existiendo legalmente ese separatismo, al que precisan como colaborador inestimable.

Conclusión: señores, la única alternativa válida es superar al Sistema por elevación. Por asco y por imperativo moral.


 

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