EDITORIAL

Risas y lágrimas

Sobre el pacto de PSOE, Podemos y ERC para que el idioma español común, el castellano, deje de ser lengua vehicular en todo el territorio nacional: en Cataluña ya hace décadas que el castellano ha dejado de ser lengua vehicular.
Risas y lágrimas

Risas y lágrimas


Con un legislativo bajo mínimos, un judicial a riesgo de ser intervenido y una opinión pública sospechosa y a punto de ser controlada y censurada, el Gobierno se dispone a ir promoviendo una serie de leyes de calado que van a asegurarle su permanencia en medio de su catastrófica gestión de una crisis sanitaria y otra económica.

La primera de estas leyes se refiere a uno de los más graves problemas que tiene la sociedad española, cual es la educación; y la gravedad mencionada es, sobre todo, porque afectará a las generaciones futuras, no solo a la actual, que ya va suficientemente vapuleada.

Se trata de la LOMLOE (Ley Orgánica de Modificación de la LOE), cuyas siglas parecen sacadas de los hermanos Marx y provocan a risa; quizás por ello se le conoce familiarmente como Ley Celáa, dado el apellido de su simpática inductora.

Dejemos ahora aparte otros temas de calado que mueven a las lágrimas (tratamiento de las escuelas concertadas, contenidos curriculares ideologizados, libertad de las familias…) y fijémonos en lo que estos días está saltando a los medios: el pacto de PSOE, Podemos y ERC para que el idioma español común, el castellano, deje de ser lengua vehicular en todo el territorio nacional.

El aguerrido señor Casado ha amenazado con acudir al TC si esta barbaridad se lleva a cabo; la señora Moneo, portavoz de su partido en el Congreso ha hecho promesa solemne de defender hasta el final (¿Sagunto? ¿Numancia?) los derechos y libertades esenciales que defiende la Constitución (y al llegar a este punto no podemos contener la risa…).

Porque resulta, señor Casado y señora Moneo, que en Cataluña ya hace décadas que el castellano ha dejado de ser lengua vehicular, ni se cumple el mínimo exigido de asignaturas impartidas en este idioma común, ni se respeta la libertad lingüística de familias y alumnos, ni se han acatado las diferentes y constantes sentencias de los tribunales, que la Generalidad se ha pasado (con perdón) por el arco de triunfo.

Y todo ello con la aquiescencia, silencio cobarde o colaboración del PP, incluso en sus momentos de mayoría absoluta; también, bajo los mandatos populares, la Alta Inspección del Estado se convirtió en un convidado de piedra, inane a más no poder.

¿A quiénes pretenden engañar ahora, en este momento en que el señor Casado, tras apuñalar a Vox, ha ordenado a sus huestes ocupar el centro

Desdramaticemos ahora la polémica para enjugarnos las lágrimas; y nada mejor para ello que un humorista como el señor Echenique, que ha dicho esperar al debate (¿) y ha añadido el siguiente chistecito: Nosotros no estamos en contra de la inmersión lingüística porque beneficia a las clases trabajadoras (lo sentimos, pero debemos dejar de escribir porque las carcajadas homéricas nos han producido un desencajamiento mandibular).

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