EDITORIAL | ACTUALIDAD POLÍTICA

El pavoroso problema del paro.

La atención de los gobernantes y de los partidos políticos va dirigida a otros temas, como la aplicación de las "ideologías oficiales" en la sociedad o la fantasmagórica persecución y derribo de la historia nacional… y del presente.


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El pavoroso problema del paro.

El pavoroso problema del paro


Precisamente con este adjetivo de pavoroso, aunque limitado al paro andaluz, se denunciaba ¡hace noventa años! Este problema en la primera página del número 1 de La Conquista del Estado, en un 13 de marzo.

En la España de hoy, ya se superan los 4.000.000 de parados, y esta cifra no puede dejar a ningún español indiferente.

Indudablemente, la causa principal ha sido la terrible crisis económica provocada por la pandemia, sus efectos y las medidas sanitarias que se han tenido que aplicar en todos los lugares y ámbitos; pero debemos añadir, sin paliativos, la mala gestión y, sobre todo, la falta de previsión de las consecuencias de esas medidas. La atención de los gobernantes y de los partidos políticos va dirigida a otros temas, como la aplicación de las ideologías oficiales en la sociedad o la fantasmagórica persecución y derribo de la historia nacional… y del presente.

Claro, se dirá que hoy existen recursos para paliar la situación: la Seguridad Social ⎼cuyas bases, no lo olvidemos, las puso aquel ministro falangista llamado Girón de Velasco⎼, el recurso a los ERTEs o la aplicación del llamado ingreso mínimo vital. Lástima que las trabas burocráticas y un funcionamiento deficiente de las administraciones públicas demoren o hagan inútiles estas ayudas a las familias en situación de precariedad o de franca miseria.

De todas formas, estos paliativos no bastan: tampoco es solución tener una sociedad subvencionada de forma constante, lo que se convierte en un permanente chantaje a la población para la búsqueda de votos, además de generar una inercia de complacencia y comodidad reñida con el trabajo y la superación de las personas.

¿Las soluciones?

  • En primer lugar, dotar a las empresas en crisis, especialmente a las PyMEs, de los medios necesarios para afrontar la situación y salir de la crisis, y no solo condonando impuestos o demorando plazos, sino apoyándolo directamente en sus necesidades; no estaría de más utilizar para ello esos fondos destinados a subvencionar artificialmente un supuesto tejido social que es, a la postre, artificial y de uso para los partidos.
     
  • En segundo lugar, atender a las necesidades básicas del trabajador en paro, no en forma de limosnas, sino aplicando criterios de justicia; y aquí cobrarían especial importancia unas centrales sindicales entre cuyas funciones destacaran las de subsidiariedad, las de solidaridad y las de lucha contra el precariado, así como la denuncia de los abusos y trampas en la contratación y en la petición de ayudas.
     
  • En tercer lugar, motivar hacia la emprendiduría, tanto de trabajadores como de empresarios, mediante la formación y la diversificación, innovando campos productivos a la luz de las nuevas necesidades de producción y de consumo y de las innovaciones tecnológicas. En esta línea, debería promocionarse el cooperativismo y otras formas de empresas sociales.
     
  • En cuarto lugar, creación de formas de crédito barato, con respaldo oficial, que no obligara a pasar por las horcas caudinas de las entidades financieras.
     
  • En quinto lugar, incentivar las actividades profesionales y empresariales en amplias zonas de la llamada España vacía, tanto en el sector servicios como en el productivo.
Parafraseando a Napoleón (con las bayonetas se puede hacer casi todo, menos sentarse sobre ellas), podríamos decir que con las subvenciones se pueden y deben hacer muchas cosas, menos sustentar permanentemente en ellas las necesidades elementales de toda la población española.
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