EDITORIAL | ARGUMENTOS

Un paralelismo en la distancia

En referencia a una respuesta que dio José Antonio a un estudiante del SEU, que se quejó de que el periódico FE no era duro y de que si sigue con ese tono literario e intelectual, no valdrá la pena arriesgar la vida por venderlo.

A Dios gracias, hoy no ponemos en juego la vida por publicar 'La Razón de la Proa' en medio de esta España también soez, zafia y triste
A Dios gracias, hoy no ponemos en juego la vida por publicar 'La Razón de la Proa' en medio de esta España también soez, zafia y triste
Un paralelismo en la distancia

Un paralelismo en la distancia

No solemos dedicarnos en La Razón de la Proa a publicar textos escritos en otros contextos históricos, porque creemos que entregarse a esta tarea es, por una parte, síntoma de pereza intelectual; por otra, inducir o caer en el anacronismo, y, por fin, porque significa recaer en una costumbre de algunas publicaciones que han contribuido a una ineficacia probada.

No obstante, en el caso que nos ocupa, se ha reproducido un hecho menor, que ya tuvo lugar en la publicación de FE, y que mereció una respuesta clara del propio José Antonio: un estudiante del SEU se quejó de que el periódico no era duro y de que si sigue con ese tono literario e intelectual, no valdrá la pena arriesgar la vida por venderlo.

Del mismo modo, algún lector de nuestra página ha sugerido que deberían publicarse artículos de mayor dureza, para que, en el marco de la política bronca actual, tuvieran más impacto entre los lectores, a semejanza de otras publicaciones digitales más agresivas.

Con total respeto a la opinión de este lector, creemos que nuestra respuesta no podría mejorar en nada a la que publicó el Fundador el 19 de abril de 1934 en las propias páginas de FE, y de la que transcribimos literalmente algunos párrafos, por ser una lección de estilo insuperable.

(…) ¿Por qué arriesgarías con gusto la vida? ¿Por un libelo en que se llamara a Azaña invertido y ladrones a los exministros socialistas? ¿Por un semanario en que quisiéramos tender las líneas del futuro con el lenguaje pobre, desmayado, inexpresivo y corto de cualquier prospecto anunciador?

Es posible que si escribiéramos así nos entendiera más gente desde el principio. Acaso, también, nos fuera fácil remover provechosos escándalos. Pero entonces hubiéramos vendido, por un plato de éxito fácil, nada menos que la gloria de nuestro empeño.

Si nos duele la España chata de estos días (tan propicia a esas maledicencias y a ese desgarro que echas de menos en nuestras páginas) no se nos curará el dolor mientras no curemos a España. Si nos plegásemos al gusto zafio y triste de lo que nos rodea, seríamos iguales a los demás. Lo que queremos es justamente lo contrario: hacer, por las buenas o por las malas, una España distinta de la de ahora, una España sin la roña y la confusión y la pereza de un pasado próximo; rítmica y clara, tersa y tendida hacia el afán de lo peligroso y lo difícil.

(…) Camarada estudiante: revuélvete contra nosotros, por el contrario, si ves que un día descuidamos el vigor de nuestro estilo. Vela por que no se oscurezca en nuestras páginas la claridad de los contornos mentales. Pero no cedas al genio de la pereza y de la ordinariez cuando te tiente a sugerirnos que le rindamos culto (…).

A Dios gracias, hoy no ponemos en juego la vida por publicar La Razón de la Proa en medio de esta España también soez, zafia y triste; eso sí: algunos entregamos nuestro tiempo para que lo publicado responda a la claridad, a la elegancia y a la firmeza en nuestro empeño de demostrar que un José Antonio esencial tiene mucho que decir en este siglo XXI y que la necesaria transformación de nuestra sociedad arranca de esas premisas y del buen hacer de los españoles que despierten de la pesadilla actual.

 

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