EDITORIAL | ACTUALIDAD Y MEMORIA

No es esto, no es esto.

El 14 de abril fue la primera de las fechas que significó una frustración de las esperanzas de nacionalizar España, de reconducirla por caminos de unidad, de justicia y de cumplimiento de una misión histórica común. Le siguieron otras fechas, que significaron otros tantos desengaños en esta tarea ilusionante.

 

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No es esto, no es esto.

No es esto, no es esto.

Es suficientemente conocida esta dolorida expresión de Ortega y Gasset ante el rumbo que estaba tomando la II República española. Él, que tanto había contribuido, con rigor y seriedad, a su advenimiento, se sintió defraudado por los políticos y sus partidos.

Su Agrupación de Intelectuales al servicio de la República, en la que figuraban, entre otros, Pérez de Ayala, García Valdecasas (posterior fundador del Frente Español y participante en el acto del 29 de octubre) y el doctor Marañón, había puesto –según José Antonio– la música inicial de una melodía para regenerar España; el manifiesto que terminaba con el grito de Delenda est Monarchia! parecía augurar una etapa histórica en que se asegurasen mejores condiciones de vida a los españoles y España recobrara su pulso histórico.

No fue así, y aquella alegría del 14 de abril, en frase del Fundador de la Falange, se convirtió en la deriva de un régimen sectario que enfrentó a los españoles entre sí y terminó en una guerra civil; Ortega se retiró de la política y mereció, por ello, aquel Homenaje y Reproche que le dedicó José Antonio, muestra de admiración hacia quien era su maestro y también de amonestación por haber dejado a muchos jóvenes ilusionados a la intemperie.

Quienes éramos jóvenes falangistas llenos de idealismo en los años 60 y 70 del siglo XX también lanzamos nuestro No es esto, no es esto, cuando tuvimos conciencia de que el Régimen que surgió tras la guerra civil había defraudado las esperanzas de llevar a cabo la revolución nacionalsindicalista, y lo convertimos en el Falange sí, Movimiento no, que imprimíamos en nuestras hojas volanderas y gritábamos en las calles.

Del mismo modo, muchos españoles confiaron en que la llamada Transición iba a representar aires nuevos y modernos, sin odios ni rencores del pasado, y creyeron que la restaurada Monarquía y sus gobiernos iban a institucionalizar aquella vida democrática y apacible, que iba a ser real y no meramente formal, según temprana aspiración del joven José Antonio. Tampoco fue así.

Y no digamos en este momento, transcurridos más de cuarenta años de lo que se llamó un cambio modélico entre regímenes políticos; los profetas de la II Transición han reabierto la caja de los truenos del enfrentamiento entre los españoles, reniegan del propio sentido nacional, colaboran con quienes quieren fraccionar España e incluso de muestran incapaces de hacer frente a la grave crisis de la pandemia actual.

El 14 de abril fue la primera de las fechas que significó una frustración de las esperanzas de nacionalizar España, de reconducirla por caminos de unidad, de justicia y de cumplimiento de una misión histórica común. Le siguieron otras fechas, que significaron otros tantos desengaños en esta tarea ilusionante.

Ahora, en este 14 de abril de 2020, nosotros también exclamamos un No es esto, no es esto ante el panorama que observamos en el presente y que amenaza nuestro futuro. Confiamos, eso sí, que nuestros esfuerzos, nuestras prédicas de esperanza, también con rigor y seriedad, sean recogidas por otros jóvenes que algún día puedan decir ESTO SÍ QUE ES.


 

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