EDITORIAL

Más allá de la política

Qué duda cabe que está ahora en discusión la propia naturaleza del ser humano. (...) Aquellos valores humanos, eternos e intangibles, que son la dignidad, la libertad y la integridad –base y fundamento del pensamiento joseantoniano– están en tela de juicio...

Más allá de la política

Más allá de la política

Andan muy equivocados quienes consideren que los grandes problemas de nuestro mundo se circunscriben a la gestión de la crisis sanitaria de la pandemia y a la no menos graves crisis de la economía, resultante de ella.

Estas dos son, evidentemente, cuestiones perentorias que precisan de soluciones de urgencia (cosa en la que nuestros políticos siguen demostrando su incapacidad), pero subyacen, ya desde hace décadas, temas importantes e interrogantes que entran de lleno en al campo del pensamiento profundo, de la ética y de la antropología.

Se trata de un desafío de primera magnitud, del que dependen, no solo los actuales habitantes del planeta, sino las futuras generaciones; constituye un motivo de serio debate, trascendental para el ser humano. Especialmente, España está en la primera línea de ese conflicto, pues ha sido considerada como laboratorio de pruebas por parte de quienes dirigen la operación.

Y todos somos conscientes de que la derecha liberal y conservadora del Sistema ha sido incapaz de hacer frente al reto, sea por acatamiento, por cobardía, por miedo o por asentimiento. Por nuestra experiencia nacional, sabemos que la derecha, altavoz teórico de los grandes valores, se ha limitado a entrar al trapo en lo económico y, tangencialmente, en lo político, sin profundizar ni escandalizar demasiado.

Qué duda cabe que está ahora en discusión la propia naturaleza del ser humano, esa que nosotros consideramos intangible e inalterable por su dimensión religiosa y espiritual, y solo perfeccionable a través de la educación.

El feminismo fanático, las doctrinas LGTI, el ecologismo radical, el transhumanismo y hasta el aparentemente ridículo animalismo, forman de hecho un frente antihumanista; de él ha hecho bandera y razón de ser la llamada izquierda progresista, tras abandonar a su suerte las justas y necesarias reivindicaciones de los más desfavorecidos por el imperio del neocapitalismo. El mismo neocapitalismo que hace causa común con esa supuesta izquierda para mantener su injusticia.

Aquellos valores humanos, eternos e intangibles, que son la dignidad, la libertad y la integridad –base y fundamento del pensamiento joseantoniano– están en tela de juicio; como también lo están los valores societarios, empezando por la familia y las demás agrupaciones humanas que se van superponiendo e intercalando para categorizar al hombre como persona, al modo clásico y cristiano, frente a los que quieren que sea un mero individuo o, más demagógicamente, la víctima integrante de las minorías oprimidas, que se utilizan como reclamo para los incautos.

De nuevo, frente a una revolución negativa y destructora solo caben las posturas resueltas de otra revolución constructora y, por tanto, poética y de gran calado, que vuelva a colocar en la base de sus planteamientos al ser humano, dotado de esos valores intangibles y formando parte de una sociedad creativa.


 

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