EDITORIAL

La Hispanidad, idea revolucionaria

Frente a la hispanofobia no caben actitudes reaccionarias, sino afirmaciones rotundas, cristianas y españolas, rebeldes y revolucionarias, que se encierran en el concepto, idea y conciencia de la Hispanidad. (...) De ahí que lo hispano adquiera genuinamente un carácter de rebeldía frente a lo establecido, un verdadero sentido revolucionario ante el conformismo, la sumisión o la pose de inadaptados.

La Hispanidad, idea revolucionaria

La Hispanidad, idea revolucionaria


Estamos en momentos prestos al equívoco y a la mentira, producto de la ignorancia de unos y de la insidia de otros sobre el concepto e idea de la Hispanidad. Hay quien lo reduce a invocaciones huecas de la historia, en deterioro de su actualidad; hay quien lo identifica estúpidamente con una forma vulgar de imperialismo, y hay quien, simplemente, lo rechaza porque aluce a la tarea histórica de España.

Entre estos últimos se encuentran, cómo no, los separatismos, de aquí y de allá, es decir, los nacionalismos identitarios e irredentos en Europa (con los de España, tristemente, a la cabeza) y los indigenismos de América.

Entre los segundos, actúa de punta de lanza el neomarxismo, enemigo acérrimo de la cultura occidental y de la Evangelización y del Mestizaje, propios de la labor española.

Entre los primeros, por fin, estaría la derecha más conservadora, incapaz de combatir a los mencionados en el presente y de aportar nada interesante para el futuro, como no sea la sumisión al hipercapitalismo.

La cuestión es que, a este y al otro lado del Océano, está en entredicho la Hispanidad, que, más que una palabra, es una Idea y una conciencia común de muchos de los habitantes de los pueblos mestizos que no comulgan con ninguna de las versiones torticeras o inanes mencionadas.

Dice la analista argentina María Lilia Genta que la ruptura del espíritu de la Hispanidad se dio, primero, en la Península y luego, por natural reflejo, en América, y es cierto: fueron nuestros afrancesados, ilustrados a la violeta y componentes de las logias masónicas quienes propagaron en ambos territorios las ideas disolventes.

Esas ideas y sus derivaciones actuales son las que, hoy en día, nos llevan, a través de la Mundialización, al establecimiento del imperio financiero del Nuevo Orden Mundial; este imperio hace tábula rasa de los valores eternos de la persona –su dignidad, su libertad, su integridad, su trascendencia, su sociabilidad…–; quiere  reducirla a la pesadilla del homo económicus (producir y consumir, como únicas metas en la vida) y desarmonizar al ser humano de sus ámbitos de convivencia y de historia.

Es decir, lo opuesto a Hispanidad, que es universalidad civilizada y civilizadora, basada en el concepto trascendente de la vida, en el mensaje cristiano de la igualdad esencial del género humano como criaturas de Dios y en la búsqueda incesante para hallar nuevos caminos de entronización de la justicia.

De ahí que lo hispano adquiera genuinamente un carácter de rebeldía frente a lo establecido, un verdadero sentido revolucionario ante el conformismo, la sumisión o la pose de inadaptados.

A los problemas específicos de cada nación hispana se une, pues, el problema más hondo, que suele ser la causa de todos ellos: la negación de una herencia y la posibilidad de un proyecto común: herencia que es cultura y proyecto que es misión.

Frente a la hispanofobia no caben actitudes reaccionarias, sino afirmaciones rotundas, cristianas y españolas, rebeldes y revolucionarias, que se encierran en el concepto, idea y conciencia de la Hispanidad.

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