EDITORIAL | ACTUALIDAD

Hablemos del aire libre

Aire libre, que, entre nosotros, simboliza, junto a las (esperemos) buenas previsiones para el fin de la pandemia, no solo salir a la calle y hacer deporte, sino el rechazo rotundo a los ambientes contaminados para el espíritu.

Hablemos del aire libre

Hablemos del aire libre

Por fin estamos pudiendo los españolesy también otros ciudadanos europeos– salir a respirar al aire libre, aun con todo tipo de precauciones.

Por cierto, ¡qué horrible neologismo han elegido los gestores de la crisis sanitaria para denominar este atenuado respiro: desescalada. Se nota que ninguno de ellos ha practicado el montañismo…

Pero hablemos del aire libre, que, entre nosotros, simboliza, junto a las (esperemos) buenas previsiones para el fin de la pandemia, no solo salir a la calle y hacer deporte, sino el rechazo rotundo a los ambientes contaminados para el espíritu.

Aire libre debe ser equivalente al respeto más profundo a la dignidad de la persona, que no puede quedar reducida a un número en una fría estadística.

Aire libre debe ser equivalente a un inseparable binomio de libertad y responsabilidad, porque todos tenemos que responder ante una sociedad –civismo– y ante nosotros mismos –honor–.

Aire libre debe ser equivalente a disponer de una Patria íntegra, unida, solidaria con el esfuerzo de pasadas generaciones, solidaria con nuestro presente angustiado y, especialmente, con el futuro de quienes nos van a suceder en su servicio.

Aire libre debe ser equivalente a una política entendida como servicio al bien común y al papel de España en el mundo, no como ocasión de profesión lucrativa, de medro personal o de manipulación de las conciencias y de los sentimientos.

Aire libre debe ser equivalente a que todo ocupe su lugar en la armonía social: el trabajo como principal protagonista y beneficiario del rendimiento, el capital como fuerza inyectada al servicio de la producción y no como medio de enriquecimiento y de dominio.

Aire libre debe ser equivalente al acceso al empleo, a la vivienda digna, a la educación y a la cultura, entendido todo ello como derecho y deber de todo ser humano.

Aire libre debe ser entendido como liberación de todas las ideologías y antropologías basadas en la falsedad y en la distorsión de la naturaleza del hombre.

Ojalá, España (y toda Europa con ella) inicie pronto su desescalada de estos períodos turbios que estamos viviendo, en los que impera la falsedad, la especulación, la injusticia y la sustitución de una verdadera democracia por la partidocracia y su consecuencia inevitable, la oclocracia.

Entretanto, siguen los demás con sus festines, utilizando la desgracia común de la pandemia para conseguir réditos políticos. Nosotros, que estamos fuera, ponemos nuestro humilde grano de arena para el verdadero aire libre sea respirado por todos los españoles.


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