EDITORIAL | ACTUALIDAD POLÍTICA

Fracturas sociales

Ya se han producido unas tremendas brechas en la sociedad española, que van camino de agravarse. Por una parte, la de la pobreza, por las consecuencias económicas de la pandemia, tan ineptamente gestionadas. Por otra parte, la de la política, como en los peores tiempos de nuestra historia, con izquierdas y derechas irreconciliables, progresivamente radicalizadas.

Fracturas sociales

Fracturas sociales

Se van sucediendo las tormentas políticas entre las oposiciones –porque son tres, por lo menos– y este Gobierno de los veintitantos ministerios, las tropecientas direcciones y secretarías generales y los otros milenta cargos de confianza. Los gobiernos autonómicos, por otra parte, van a la suya, sacando tajada del desbarajuste nacional.

Ya nadie se acuerda del affaire de las maletas venezolanas en procesión piadosa tras el señor Ábalos; queda para la memoria feliz el rifirrafe del vicepresidente señor Iglesias y los titulares de Economía y Trabajo a raíz del ya aprobado ingreso mínimo vital, que gestionarán las comunidades autónomas de Navarra y del País Vasco por generosa concesión; nos apostamos a que lo mismo ocurrirá con respecto a Cataluña…

Pero ahora el foco de atención se ha centrado en la zarpa del señor Marlaska para interferir en las funciones judiciales de la Guardia Civil y los correspondientes ceses y dimisiones en cadena en el Cuerpo. Y, de fondo, el Covid-19, sus desescaladas y rebrotes que es lo que preocupa verdaderamente a todos los españoles.

Ya pueden sucederse los escándalos, prodigarse las broncas parlamentarias y aumentar el despotismo, nada ilustrado, del señor Sánchez. A este Gobierno demencial no se le echa ni con agua caliente, pues siempre tiene en la recámara los apoyos de los nacionalistas para cualquier ocurrencia, a cambio, claro está, de que ellos sigan con la patente de corso para su labor de zapa en contra de la integridad de España.

Lo más grave para nosotros es que, de hecho, ya se han producido unas tremendas brechas en la sociedad española, que van camino de agravarse. Por una parte, la de la pobreza, pues las consecuencias económicas de la pandemia, tan ineptamente gestionadas, van a crear innumerables bolsas de carestía humana y familiar, que no se van a solucionar ni con subvenciones mínimas otorgadas ni con el maná que nos pueda dispensar la U.E.

Por otra parte, la de la política, como en los peores tiempos de nuestra historia, con izquierdas y derechas irreconciliables, progresivamente radicalizadas; el sectarismo está volviendo a hacer imposible cualquier asomo de vida democrática.

Hemos tenido noticia de un manifiesto ampliamente difundido; en él se piden, entre otras cosas que se nos antojan bastante racionales, la formación de lo que llamaríamos un gobierno de notables, con respaldo de todas las fuerzas políticas nacionales.

Nos merecen garantía algunos de los firmantes de dicho manifiesto. La pegunta del millón es quién le pone el cascabel al gato y qué resortes constitucionales se pueden tocar para ello. Mucho nos tememos, a fuer de realistas, que este manifiesto siga la estela de otros muchos que nos han ido llegando y que han quedado, por fin, en un triste apartado de las anécdotas de la historia reciente.

Si buceamos en la historia, tampoco fue aceptada aquella propuesta alicantina de José Antonio Primo de Rivera para la formación de otro gobierno de notables que detuviera el curso de una guerra que estaba ensangrentando los campos y ciudades de España por culpa de las dos fracturas sociales que ahora se repiten.


 

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